Así es como tu gato te manipula

Gato con su dueño

Inma Moraleda

Madrid —

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Quien convive con un gato suele tener la sensación de que la relación no es del todo simétrica. Ellos deciden cuándo hay caricias, cuándo comida, cuándo juego… y cuándo no. Durante siglos se ha hablado del carácter independiente del gato, pero la ciencia empieza a describir algo más concreto: los felinos domésticos no solo entienden a los humanos, sino que han aprendido a influir en su comportamiento de forma estratégica.

Lejos de ser simples mascotas guiadas por el instinto, los gatos parecen haber desarrollado habilidades sociales específicas para convivir con personas, adaptando su conducta (y su voz) según quién tengan delante y qué quieran conseguir. Y los estudios lo confirman.

Maullidos, afecto y manipulación selectiva

Uno de los trabajos más citados sobre este tema procede de la Universidad de Cornell, donde el investigador Nicholas Nicastro analizó cómo los gatos emplean distintos tipos de maullidos según el contexto y el interlocutor humano. Sus conclusiones, recogidas por El País, indican que los gatos no maúllan entre ellos como lo hacen con las personas, sino que han aprendido qué sonidos provocan una respuesta concreta en sus dueños: comida, atención o acceso a determinados espacios.

El maullido doméstico sería, por tanto, una herramienta aprendida y refinada durante miles de años de convivencia con humanos. No es casual: los sonidos agudos, intermitentes o con frecuencias similares al llanto de un bebé generan una reacción automática en nuestro cerebro. Pero la manipulación felina no se queda solo en la voz.

Un estudio más reciente de la Universidad de Viena, difundido por medios especializados y resumido en este análisis divulgativo, apunta a diferencias claras en cómo los gatos interactúan con hombres y mujeres. Según los investigadores, los gatos tienden a buscar más contacto emocional y afectivo con mujeres, mientras que con los hombres emplean con mayor frecuencia conductas instrumentales, orientadas a obtener recursos como comida o acceso a espacios.

Los autores explican que esto podría deberse a una combinación de factores: diferencias en el tono de voz, el lenguaje corporal, la constancia en las rutinas y la forma de responder a las demandas del animal. En otras palabras, el gato evalúa rápidamente quién es más eficaz para cada objetivo… y actúa en consecuencia.

¿Manipulación o adaptación evolutiva?

Hablar de “manipulación” no implica malicia. Desde el punto de vista etológico, se trata de una adaptación muy exitosa. El gato doméstico ha aprendido a convivir con una especie mucho más grande, imprevisible y dominante, desarrollando estrategias sutiles para asegurar su bienestar sin recurrir a la fuerza ni a la jerarquía.

Los expertos coinciden en que este comportamiento revela una alta capacidad de aprendizaje social. Los gatos observan, prueban respuestas y repiten aquellas que funcionan. Si un maullido concreto consigue comida con una persona y no con otra, el mensaje se ajusta. Si el roce provoca caricias en alguien concreto, se intensifica con esa persona.

Lejos de ser animales fríos o desinteresados, los gatos parecen minuciosos lectores del comportamiento humano, capaces de modular su conducta para maximizar beneficios emocionales o materiales.

Así que la próxima vez que tu gato te mire fijamente antes de maullar, o cambie su actitud según quién esté en casa, quizá no esté improvisando. Tal vez esté aplicando, con absoluta precisión, una estrategia perfeccionada durante miles de años de convivencia… contigo como parte esencial del experimento.

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