El primer libro incunable de Galicia fue impreso en el interior de este castillo, una fortaleza que es considerada una acrópolis

La fortaleza medieval fue reconocida como Monumento Nacional y Bien de Interés Cultural

Alberto Gómez

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El imponente Castillo de Monterrei está situado sobre una colina en el valle del río Támega, en la provincia de Ourense, cerca de la frontera portuguesa. Esta fortaleza medieval, reconocida como Monumento Nacional y Bien de Interés Cultural, es considerada por los expertos como la mayor acrópolis de Galicia debido a su complejidad arquitectónica. Su estructura no se limita a una simple fortificación defensiva, sino que integra tres recintos amurallados que protegían viviendas, iglesias, huertos y palacios señoriales. Desde su privilegiada ubicación a más de quinientos metros de altitud, el conjunto ofrece magníficas panorámicas de la región de Verín. 

La silueta de sus torres, especialmente la del Homenaje y la de las Damas, representa un símbolo de poder que ha perdurado a través de los siglos en el paisaje gallego. Este recinto fue testigo de intensas luchas fronterizas y de la vida de los más ilustres linajes nobiliarios de la historia de España. La historia de esta acrópolis se remonta a épocas prerromanas con el asentamiento del Castro de Baroncelli, sobre cuyos restos se cimentó el poderío medieval. Fue en el siglo XII cuando Alfonso Henríquez, nieto de Alfonso VI, impulsó la construcción de la fortaleza que ganaría una importancia estratégica crucial en el siglo XIV. A lo largo de las centurias, familias como los Ulloa, los Zúñiga, los Fonseca y los Duques de Alba convirtieron el castillo en una de las residencias señoriales más influyentes del territorio. Su papel fue determinante no solo en la defensa de la frontera con Portugal, sino también en conflictos históricos como la Guerra de Sucesión y la de Independencia. 

Con el paso del tiempo el castillo fue adaptándose, sumando elementos renacentistas al Palacio de los Condes y reforzando sus murallas ante las nuevas necesidades militares. Hoy en día, su excelente estado de conservación permite al visitante retroceder a una época de intrigas palaciegas y gran esplendor militar. Pero, más allá de su innegable valor bélico y estratégico, Monterrei destacó por ser un vibrante centro de actividad cultural que rivalizaba con los grandes núcleos urbanos. En el interior de sus murallas se fomentó el estudio de la gramática, las artes y la teología, impulsado en gran medida por la presencia de órdenes religiosas. Fue en este contexto de ebullición intelectual donde se produjo un hito histórico sin precedentes para la cultura gallega: la impresión del primer libro incunable de la región. 

En la actualidad solo se tiene constancia de la conservación de dos ejemplares originales de este incunable gallego

La pequeña corte nobiliaria atrajo a maestros artesanos que buscaban la protección y la riqueza de un enclave tan próspero como estratégico. Este acontecimiento transformó la fortaleza en una cuna de la modernidad editorial de la época, demostrando que el saber podía florecer incluso tras los muros de piedra más sólidos. La imprenta se instaló en el área que posteriormente albergaría el Colegio de la Compañía de Jesús y el convento franciscano. El protagonista de este hito bibliográfico fue el famoso Missale Auriense, cuya fecha de impresión exacta se sitúa el 3 de febrero del año 1494. Se trata de, según los expertos en la cuestión, el libro más antiguo datado e impreso en territorio gallego, un tesoro litúrgico destinado originalmente a las diócesis de Ourense y de Tui. Los responsables de esta monumental tarea fueron los impresores ambulantes Juan Porras y Gonzalo Rodríguez de la Pasera, quienes se establecieron en la acrópolis atraídos por su prestigio.

El misal fue editado utilizando tipos móviles y una cuidada letra gótica, siguiendo los estándares de calidad más altos de finales del siglo XV. La obra constaba de 279 páginas escritas en latín y se imprimió utilizando tres colores diferentes para destacar los textos sagrados. Este trabajo refleja la sofisticación técnica que alcanzó la imprenta en Monterrei apenas unas décadas después de la invención de Gutenberg. La producción del Missale Auriense fue ambiciosa para su tiempo, con una tirada total estimada de ochocientos ejemplares que se distribuyeron en dos versiones distintas. La edición más lujosa se realizó sobre pergamino, reservada para el uso de la alta jerarquía eclesiástica y con una tirada muy limitada de ejemplares. Por otro lado, la versión impresa en papel fue la más numerosa, pues estaba pensada para ser utilizada por los sacerdotes en las parroquias y para el servicio del pueblo llano. 

Dos ejemplares

Los historiadores sugieren que el impresor pudo haber compatibilizado su labor editorial con funciones administrativas en la villa, donde permaneció varios años documentado como procurador. Esta estabilidad permitió que la actividad de impresión en el concello fuera notable, llegando a mencionarse la presencia de hasta tres imprentas. Lamentablemente, el paso de los siglos y la caída en desuso de estos misales tras el Concilio de Trento provocaron que la gran mayoría de los ejemplares se perdieran. En la actualidad, solo se tiene constancia de la conservación de dos ejemplares originales de este incunable gallego fundamental. Uno de ellos, realizado en pergamino, se custodia celosamente en el Archivo de la catedral de Ourense como parte de su tesoro diocesano. El segundo ejemplar, impreso en papel, se encuentra depositado en la Biblioteca Nacional de España en Madrid para su estudio y preservación nacional. 

Estos escasos supervivientes son el testimonio material de la importancia que tuvo Monterrei en la introducción de la tecnología de la imprenta en el noroeste peninsular. Su valor es incalculable, no solo por su antigüedad, sino por lo que representan para la historia de la lengua y la difusión de la cultura escrita en Galicia. El entorno físico donde se gestó este libro es igualmente impresionante, destacando la Iglesia de Santa María de Gracia, un templo gótico de los siglos XIII y XIV. Esta iglesia, situada junto al palacio renacentista, conserva elementos de gran valor artístico como su portada románica y un retablo pétreo de estilo gótico. En las cercanías se halla también el Hospital de Peregrinos, fundado en el siglo XIV para dar cobijo a quienes transitaban la Vía de la Plata hacia Santiago. Pasear hoy por estos espacios permite imaginar la vida de una pequeña corte que valoraba la cultura tanto como su propia seguridad defensiva.

La revitalización de la acrópolis ha permitido rescatar del olvido gran parte de su legado, incluyendo el hallazgo de tramos de la calzada medieval conocida como Camino Real. Este camino del siglo XV conectaba la fortaleza con los barrios cercanos, facilitando el flujo de personas y mercancías que sustentaban la vida en la villa. Además de su historia editorial, Monterrei está vinculado a leyendas fascinantes como la de la reina Loba, que supuestamente exigía tributos cruentos a los habitantes de la zona. El conjunto monumental ha sabido integrar su pasado con nuevos usos y hoy en día se trata de una acrópolis que continúa siendo un polo de atracción para viajeros interesados en la historia y el patrimonio. El silencio de sus piedras talladas ofrece una atmósfera única que invita a la reflexión sobre el tiempo transcurrido.

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