Un tsunami mortal puede aparecer en un día perfecto y la causa está arriba, no en el mar
La superficie del mar ofrece señales que pueden alertar de que algo se acerca, y esas señales se leen en el movimiento del agua cuando las olas cambian de ritmo o altura. Los tsunamis se pueden detectar mirando las olas del agua, porque su llegada altera de forma brusca el nivel del mar y la dinámica habitual de la costa.
Sin embargo, no todos los tsunamis proceden del fondo marino, ya que algunos nacen en la atmósfera y se transmiten después al océano. Esa diferencia obliga a entender qué procesos están detrás de cada caso y qué tipo de perturbación ha puesto en marcha la ola que termina golpeando la orilla.
Los investigadores revisaron datos y métodos para entender estos episodios atmosféricos
Un artículo publicado en Reviews of Geophysics y difundido por EOS Magazine revisa qué son los meteotsunamis, cómo se generan, cómo se estudian y qué riesgos plantean para las costas. El trabajo repasa las herramientas disponibles, los datos utilizados y las preguntas abiertas sobre estos episodios que, aunque menos conocidos que los sísmicos, pueden alcanzar alturas comparables en determinados lugares. También analiza el impacto sobre comunidades costeras y la dificultad de anticipar su llegada con sistemas de alerta eficaces.
La información sobre estos fenómenos procede en gran parte de estudios realizados tras los episodios más intensos, cuando equipos de investigación visitan las zonas afectadas para medir marcas en edificios, recopilar fotografías y hablar con testigos. A esas inspecciones se suman los registros de mareógrafos costeros y boyas oceánicas, además de observaciones meteorológicas con resolución de al menos un minuto.
El problema es que muchas redes oficiales no trabajan con esa frecuencia, ya que la red británica de mareógrafos, en funcionamiento desde hace décadas, emplea intervalos de 15 minutos, mientras que numerosos servicios meteorológicos nacionales recogen datos cada 10 minutos o incluso cada hora.
Esa escala resulta insuficiente para captar perturbaciones rápidas, aunque existen redes que sí operan con la cadencia adecuada e incluso aportan datos útiles estaciones escolares o de aficionados. La simulación numérica se ha convertido en herramienta habitual y combina componentes atmosféricos y oceánicos, pero reproducir con precisión los procesos que disparan estos eventos sigue siendo complejo y exige modelos de alta resolución.
Varios episodios dejaron víctimas y daños en distintas partes del mundo
Las consecuencias para la población pueden ser graves. Estos episodios provocan oscilaciones del nivel del mar de varios metros y corrientes intensas que inundan paseos marítimos y viviendas, además de romper amarras y alterar el tráfico marítimo como ocurrió en 2014 en Freemantle, en Australia. El peligro aumenta cuando aparecen corrientes de resaca capaces de arrastrar a bañistas, como sucedió el 4 de julio de 2003 en las playas del lago Michigan, donde murieron siete personas bajo un cielo despejado.
El caso más destructivo documentado afectó a Chicago el 26 de junio de 1954 con una subida de tres metros que causó ocho fallecidos, y otro episodio relevante tuvo lugar el 4 de julio de 1929 en la misma región. En Vela Luka, Croacia, el 21 de junio de 1978, los daños se estimaron en unos siete millones de dólares de la época y algunas olas alcanzaron hasta 10 metros. También se registraron heridos y víctimas mortales el 13 de enero de 2026 en Argentina.
Durante años se pensó que estos episodios eran propios de lugares concretos, ya que la altura de la ola depende mucho de la forma del litoral y dentro de una bahía puede alcanzar varios metros mientras fuera apenas supera unas decenas de centímetros. Esa dependencia llevó a estudiarlos sobre todo en puntos considerados sensibles, pero la mejora de la vigilancia y de los modelos numéricos mostró que se producen en todo el mundo. La disponibilidad reciente de cientos de series de nivel del mar con resolución de un minuto y varios años de duración permitió trazar patrones globales y cuantificar su distribución.
Varias condiciones deben coincidir para que se forme un meteotsunami potente
Para que se genere un meteotsunami fuerte deben coincidir varias condiciones. Se necesita una perturbación intensa de presión atmosférica o viento que cambie entre 1 y 3 hectopascales en unos cinco minutos y que avance durante decenas o cientos de kilómetros. Esa perturbación debe viajar a una velocidad que iguale la de las ondas largas del océano, un proceso conocido como resonancia de Proudman, y además la costa debe amplificar la energía entrante, algo frecuente en bahías en forma de embudo.
También pueden originarse por erupciones explosivas como la del volcán Hunga Tonga en enero de 2022, que produjo un evento de escala planetaria, mientras que la erupción comparable anterior fue la del Krakatoa en 1883. Dos estudios apuntan a que el cambio climático podría intensificar estos episodios al aumentar las condiciones atmosféricas favorables, aunque no existe todavía una evaluación global porque los modelos climáticos no reproducen bien procesos de escala kilométrica.
La mejora de los modelos atmosféricos y de sus esquemas internos, junto con mayor capacidad de cálculo mediante aceleración con GPU o incluso computación cuántica, se considera necesaria para avanzar en la predicción. Investigaciones recientes han mostrado además que estas ondas pueden transmitir energía a la ionosfera y detectarse con estaciones GNSS en tierra, un campo que abre nuevas vías de seguimiento.
En términos físicos, un meteotsunami es una onda larga similar a la de un tsunami sísmico pero generada por cambios rápidos de presión o viento asociados a tormentas o líneas de turbonada. Puede presentarse varias veces al año en zonas propensas y durar desde minutos hasta horas, con alturas habituales entre 2 y 6 metros en la costa.
Aunque su mortalidad es muy inferior a la del gran tsunami del océano Índico de 2004, que causó alrededor de 230.000 muertes y no fue de origen meteorológico, su capacidad para causar daños obliga a vigilar de cerca estas señales que empiezan en el aire y terminan moviendo el mar.
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