Del Túnel de Bonaparte al Museo del Prado: el legado de Juan de Villanueva, el arquitecto español aclamado por la corte
Un paso privado para que José Bonaparte cruzara sin ser visto desde Campo del Moro hasta la Casa de Campo. Palacetes como la Casita del Infante, un edificio neoclásico que forma parte de la red de residencias oficiales de la familia real española y que está localizado en el municipio de San Lorenzo de El Escorial. Recintos de empaque como el Museo de Ciencias Naturales, lo que actualmente se conoce como el Museo del Prado.
Son algunos de los encargos que recibió el arquitecto madrileño Juan de Villanueva, considerado como el mejor representante del neoclasicismo en nuestro país, un hombre que siempre estuvo vinculado a la corte y que además fue una figura muy cercana al conde de Floridablanca.
Detrás de esas y muchas más construcciones, estaba el trazado de Villanueva, una personalidad desconocida para el gran público. Algo que se pretende cambiar precisamente con el cambio de nombre del popular túnel, que ha reabierto su primer tramo después de que Patrimonio Nacional finalizase los trabajos de restauración. Formalmente, bautizado como Túnel Villanueva.
Durante esos trabajos se ha intentado recuperar la huella del afamado arquitecto. Entre las actuaciones más significativas, se ha recuperado la proporción original por Villanueva, mediante el rebaje del nivel existente. Este trabajo ha permitido comprobar que la sección del túnel presenta dimensiones idénticas en anchura y altura. Una característica que el público podrá apreciar a partir de ahora.
Villanueva dio forma al encargo que recibió de José Bonaparte, hermano mayor de Napoleón Bonaparte y rey de España desde 1808 hasta 1813, que buscaba una salida privada desde el Campo del Moro hasta la Casa de Campo. Sin embargo, nunca lo llegó a utilizar porque abandonó Madrid antes de que se terminara la construcción en 1813.
Sin embargo, la lista de edificios emblemáticos que diseñó el arquitecto madrileño es extensa y muchos de ellos se pueden contemplar en la actualidad, aunque visitantes y vecinos no sepan que llevan su firma.
Trabajos en la corte
Villanueva nació en Madrid en 1739 en el seno de una familia que se dedicaba casi por completo a la arquitectura. Su padre y su hermano eran arquitectos y este último además era profesor de la Academia de Bellas Artes de San Fernando, una figura clave en su formación. Se formó allí para luego vivir varios años en Italia, donde estudió las bases filosóficas de la arquitectura neoclásica, que desarrollaría años después en nuestro país. Sin embargo, esos primeros encargos tardarían en llegar. Lo primero que tuvo que hacer en España fue dibujar las Antigüedades árabes de Granada y Córdoba.
A partir de entonces, su ascenso fue casi meteórico. Villanueva fue nombrado académico de mérito de la de San Fernando en 1767. Pasó a trabajar para la comunidad religiosa de El Escorial y pronto comenzaría su acercamiento con la corte. Fue Carlos III el monarca que le encargaría dos casitas de recreo para los infantes. Y ahí llegaron la del Príncipe y la llamada de Arriba. Después le siguieron la de Infantes y la del Ministro de Estado.
Su obra culmen llegó poco después, un encargo que le confió el entonces conde de Floridablanca y que formaba parte de una serie de construcciones científicas: el Museo de Ciencias Naturales, edificio que hoy sirve de sede al Museo Nacional del Prado, aunque el proyecto de una pinacoteca no cuajaría hasta el impulso de la reina María Isabel de Braganza, esposa de Fernando VII.
El Oratorio de Caballero de Gracia, la sede de la Academia de la Historia o la ampliación del Palacio del Senado también llevan su firma, al igual que el Túnel de Bonaparte, ese pasadizo secreto que ideado por el arquitecto madrileño y que pronto se podrá atravesar de nuevo por completo.
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