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TECNOLOGÍA

La biblioteca que abrió la puerta a Tor

Una biblioteca en Lebanon, una pequeña ciudad de New Hampshire, fue la primera en participar en la red Tor instalando un nodo

Las bibliotecas de todo el mundo tienen un compromiso con la privacidad y el derecho a la lectura, y desde la Patriot Act muchos han temido que el Gobierno pudiera extralimitarse

En 2005, cuatro bibliotecarios se resistieron a cumplir un requerimiento del FBI que vulneraba la privacidad de sus usuarios: son conocidos como los Cuatro de Connecticut

La biblioteca Kilton, en Lebanon, New Hampshire, se unió a la red Tor en julio de 2015

La biblioteca Kilton, en Lebanon, New Hampshire, se unió a la red Tor en julio de 2015

En julio de 2015, la biblioteca pública de Kilton, en Lebanon, New Hampshire, se convirtió en la primera del país y probablemente del mundo en participar de la red Tor. Poco tiempo después, el departamento de policía del estado recibía un correo emitido por el Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos. Las fuerzas de seguridad mantuvieron una reunión con el director de la biblioteca, Sean Fleming, en la que le advirtieron de cómo Tor podía ser usado con fines criminales. La biblioteca decidió desconectarse de Tor.

La gente de Library Freedom Proyect, que había ayudado a instalar el nodo, respondió con una carta abierta de apoyo a la biblioteca, firmada por una amplia coalición de organizaciones e individuos. Esta convocatoria también fue publicada por la Electronic Frontier Foundation, lo que generó bastante cobertura por parte de medios y un debate nacional en el que se recordó la histórica defensa de las libertades civiles por parte de los bibliotecarios con casos como los de los Cuatro de Connecticut.

Desde el 11S y la Patriot Act, los bibliotecarios han temido que el Gobierno pudiera extralimitarse. La sección 215 de la ley (que más tarde fue usada para justificar el espionaje masivo de metadatos denunciado por Snowden) hacía referencia a las bibliotecas e implicaba que el Gobierno podría usarla para acceder a registros de lectores.

Cuatro bibliotecarios rebeldes

En julio de 2005 dos agentes del FBI se presentaron con un requerimiento de información (que no requería autorización judicial) ante George Christian, el director de un consorcio llamado Library Connection. Querían saber quién había usado un dispositivo a partir de una dirección de IP en febrero. La dirección estaba asignada a un router que servía a muchos dispositivos, por lo que entregar esos datos podría haber violado la privacidad de más personas, consideró Christian, que además de bibliotecario es desarrollador informático.

Christian decidió no quedarse callado y sus compañeros en la biblioteca lo apoyaron para rechazar el requerimiento. El grupo fue conocido como los Cuatro de Connecticut ya que debido al secreto de sumario no podían agregar sus nombres a la demanda. El Gobierno retiró el requerimiento en mayo de 2006 y ellos pasaron a la historia como los bibliotecarios que se la jugaron por proteger la privacidad de los lectores.

Kilton reconectada

La biblioteca Kilton volvió a conectarse a Tor el 15 de septiembre de 2015, y muchas bibliotecas en todo el mundo se interesaron por Tor. Alison Macrina, responsable del Library Freedom Project, preguntada por eldiario.es dice que ya están hablando con gente en Chile, Austria, Alemania, Francia, Sudáfrica y Noruega, entre otros, para capacitarlos en temas de privacidad y ayudarles a ser parte de la red de Tor.

Alison Macrina, responsable del Library Freedom Project, y Nima Fatemi, desarrollador técnico del proyecto, en la biblioteca Kilton

Alison Macrina, responsable del Library Freedom Project, y Nima Fatemi, desarrollador técnico del proyecto, en la biblioteca Kilton

Los requisitos que piden a una biblioteca para ayudarles a conectar un nodo Tor de salida son 10 MB/s y una dirección IP dedicada. Pero si no lo tienen, les ayudan a montar un nodo intermedio o un puente, también necesarios para la red Tor. Macrina dice que cuando la biblioteca Kilton recibió la llamada de atención por la policía sabían que la comunidad defendería sus derechos, pero aún así fue sorprendente para ellos la magnitud de la reacción, que excedió sus expectativas. "Estábamos anonadados por la respuesta apabullantemente positiva y por el efecto continuado que está teniendo en las bibliotecas y comunidades tecnológicas".

Acaban de recibir una beca de la Rose Foundation que les permitirá contratar a Nima Fatemi, el desarrollador que les ayudaba y ahora estará trabajando a tiempo completo en febrero en este proyecto. Macrina se manifiesta animada por el interés que está generando y hasta el momento su trabajo se ha enfocado en la formación en temas de privacidad para los bibliotecarios que lo solicitaban.

Cuando le preguntamos qué le ha dejado el episodio de Kilton me dice que han aprendido que "nuestras comunidades está preparadas para resistirse cuando se enfrentan a una intervención arbitraria por parte del gobierno, y nos dimos cuenta de que lo que pensábamos que sería un proyecto pequeño, debería convertirse en algo más grande".

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