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Por el futuro del planeta, apostemos por emisiones cero

Si queremos evitar los efectos más peligrosos del cambio climático, las emisiones mundiales de dióxido de carbono tienen que desaparecer a mediados de siglo

En Reino Unido, ya hemos conseguido reducir las emisiones un 40 por ciento respecto a los niveles de 1990, el año utilizado como base. Esta cifra ya es la mitad del límite que se fijó en la Ley de Cambio Climático de 2008

Está claro que esta transición tendrá un precio, pero hay que tener en cuenta que los costes de las tecnologías limpias están cayendo rápidamente y no olvidemos que el coste de un cambio climático sin control puede ser enorme

El Reino Unido aspira a reducir a cero los gases contaminantes para 2050

El Reino Unido aspira a reducir a cero los gases contaminantes para 2050. EFE

El lecho del Mediterráneo convertido en un basurero. Un oso polar desesperado, saltando de un pequeño trozo de hielo a otro. El cielo que cubre nuestras capitales teñido de marrón grisáceo. Todos hemos visto estas imágenes o, si no, otras parecidas, que ponen de manifiesto cómo el medio ambiente está cambiando y la urgencia con la que debemos actuar antes de que sea irreversible.

El Reino Unido es muy consciente de la gravedad de la situación y por ello se acaba de comprometer a acabar con su contribución al cambio climático, eliminando sus emisiones de manera total para el año 2050. Cero emisiones de gases de efecto invernadero. Somos el primer país importante que asume este reto tan grande pero que estamos convencidos de que se puede conseguir, e invitamos a sumarse a todos los demás.

Aunque España aún no tiene nuevo gobierno, en febrero anunció el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima 2021-30, que ha recibido numerosas alabanzas por su nivel de ambición y de detalle. Estamos convencidos de que podremos trabajar codo con codo con la nueva administración española para garantizar el futuro de nuestro planeta.

Los jóvenes son los más conscientes de la gravedad de la situación, ya que se dan cuenta de que es a ellos a quien más va a afectar. Mis propias hijas y muchas de sus compañeras de colegio participaron en las recientes manifestaciones en Londres, inspiradas por el movimiento que ha desatado la adolescente sueca Greta Thunberg. Para ellas, no es solo una cuestión política más: es algo existencial que sienten que les toca de un modo muy profundo. Tratamos de hacer nuestros pequeños gestos en casa: reciclamos, plantamos árboles que favorezcan a las abejas en el pequeño jardín de nuestra casa en Londres, intentamos comprar productos locales…

Porque hace unos meses todos recibimos una advertencia muy seria del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático: si queremos evitar los efectos más peligrosos del cambio climático, las emisiones mundiales de dióxido de carbono tienen que desaparecer a mediados de siglo. Los expertos de la ONU alertaban de que no está claro que podamos contener la subida de las temperaturas en todo el mundo a 1,5 grados, el límite a partir del cual consideran que los cambios para el planeta podrían ser catastróficos.

Paso a paso

Mi país ha decidido cumplir con este llamamiento y ha dado un paso más en su compromiso con el medio ambiente que viene de bastante atrás y que se pone de manifiesto en ejemplos muy concretos:

- En junio de 2018 se prohibió la venta de productos que contuvieran microplásticos, las minúsculas partículas de plástico que están presentes en geles de ducha, pastas de dientes y muchos productos de higiene y que dañan gravemente la vida marina
- El mes pasado, la economía británica consiguió pasar 18 días sin utilizar carbón como fuente energética, un récord desde 1882
- Hace unos días, se anunció la prohibición de pajitas de plástico, mezcladores de bebidas y bastoncillos para los oídos con un palo de plástico a partir de abril de 2020

Hasta el momento, ya hemos conseguido reducir las emisiones un 40 por ciento respecto a los niveles de 1990, el año utilizado como base. Esta cifra ya es la mitad del límite que se fijó en la Ley de Cambio Climático de 2008. Y en este tiempo, la economía británica ha crecido en más de un 70 por ciento. Por tanto, claro que se puede proteger el medio ambiente y tener un crecimiento económico. Está claro que esta transición tendrá un precio, pero hay que tener en cuenta que los costes de las tecnologías limpias, tanto su producción como su transporte, están cayendo rápidamente; que, el cambio a un crecimiento limpio es una oportunidad industrial enorme; y no olvidemos que el coste de un cambio climático sin control puede ser enorme.

Llevo seis años como embajador en este fantástico país, una etapa que desgraciadamente está a punto de terminar, y me voy muy satisfecho del énfasis que hemos puesto en este asunto y de nuestra colaboración con las distintas autoridades españolas. Desde nuestro trabajo con el gobierno central para lograr objetivos europeos ambiciosos, hasta diversos talleres sobre ciudades sostenibles, celebrados con la participación de Madrid, Sevilla, Palma de Mallorca, Santander o Málaga, para estudiar cómo reducir las emisiones, o la conferencia organizada en Madrid sobre movilidad y sostenibilidad. Quiero mencionar también el trabajo en nuestra propia embajada, reduciendo el consumo de botellas de plástico y trabajando para eliminar los plásticos de un solo uso. Paso a paso, y con la colaboración de todos, podremos conseguir un futuro más verde para nuestros jóvenes.

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