El búnker antinuclear que está a punto de caer al mar
Un búnker antinuclear construido en 1959, en plena Guerra Fría, está a punto de desaparecer para siempre. La estructura, situada cerca de Tunstall, en la costa de East Yorkshire (Inglaterra), fue diseñada como puesto de vigilancia del Royal Observer Corps para detectar explosiones nucleares. Hoy, sin embargo, no es una amenaza humana la que lo pone en peligro, sino la fuerza constante del mar.
Según informó BBC News, la erosión costera ha dejado el edificio prácticamente suspendido sobre el acantilado, y los expertos creen que su colapso podría producirse en cuestión de días.
El historiador aficionado Davey Robinson, que ha documentado el deterioro del búnker junto a su pareja, explica que se trata de “una de las costas con mayor erosión de Europa”. Las autoridades locales han pedido a vecinos y curiosos que eviten tanto la parte superior del acantilado como la playa inferior por el riesgo de desprendimientos.
Una costa que desaparece metro a metro
El litoral de Holderness, donde se encuentra el búnker, es un caso de estudio clásico en geografía física. Está formado en gran parte por arcillas y sedimentos blandos, extremadamente vulnerables al oleaje del mar del Norte. Como resultado, la costa retrocede a una velocidad media de entre 1 y 2 metros por año, una de las más altas del continente.
Este proceso está ampliamente documentado en estudios educativos y científicos sobre la zona, como el análisis del caso de Holderness elaborado por Seneca Learning, que detalla cómo la erosión marina ha provocado la pérdida de pueblos enteros a lo largo de los siglos. De hecho, estimaciones históricas indican que desde la época romana se han perdido varios kilómetros de tierra, incluyendo al menos 23 asentamientos que hoy yacen bajo el mar.
Desde un punto de vista geológico, el fenómeno responde a un patrón conocido como socavación basal: las olas erosionan la base del acantilado, creando cavidades que terminan provocando el colapso de grandes bloques de terreno. Este mecanismo está descrito en estudios sobre geomorfología costera del Reino Unido, como los recopilados por el British Geological Survey y proyectos académicos sobre la costa de Holderness.
A este proceso natural se suma un factor cada vez más relevante: el aumento del nivel del mar y la mayor intensidad de tormentas, vinculados al cambio climático. El Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) advierte que estas dinámicas están acelerando la erosión en costas bajas y blandas de todo el mundo, incrementando el riesgo de colapsos como el del búnker de Tunstall.
Más allá de su valor histórico, el búnker se ha convertido en un símbolo visual del retroceso del litoral. Una estructura pensada para resistir una explosión nuclear está siendo derrotada por un enemigo mucho más silencioso y persistente: el paso del tiempo y la erosión del mar.
Cuando finalmente caiga, no será solo la pérdida de una reliquia de la Guerra Fría, sino una prueba tangible de cómo el paisaje costero europeo sigue transformándose, a veces a una velocidad que deja poco margen para reaccionar.
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