Ciudad medieval y amurallada, es conocida como la pequeña Roma eslovaca por su gran número de iglesias, conventos y monasterios

La armoniosa combinación de calles empedradas, iglesias, torres históricas y murallas convierte cada paseo por la ciudad en un interesante viaje

Alberto Gómez

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Trnava es una de las ciudades medievales más antiguas de Eslovaquia, con raíces agrícolas que crecieron en el siglo XIII hasta recibir el estatus de ciudad real libre en 1238 otorgado por el rey húngaro Béla IV. Situada a unos 45 kilómetros de Bratislava, a los pies de los Pequeños Cárpatos, destaca por su valioso casco histórico rodeado por un gran sistema defensivo de ladrillo. Conocida popularmente como la pequeña Roma de Eslovaquia, debe este famoso apodo al elevado número de iglesias, conventos y monasterios que perfilan su horizonte monumental. Además, su pronta transformación comercial sentó las bases de una rica herencia arquitectónica que abarca del estilo gótico al barroco.

La época dorada de Trnava se consolidó durante los siglos XVI y XVII, cuando la ciudad se transformó en el gran centro religioso e intelectual del reino de Hungría. Tras la ocupación turca de Budapest y Esztergom en 1541, los arzobispos primados trasladaron su sede arzobispal a Trnava, convirtiéndola en la capital eclesiástica húngara durante ese periodo histórico. En 1635 se fundó la emblemática Universidad de Trnava por iniciativa de los jesuitas, cuyos históricos edificios de las facultades de teología, filosofía y medicina constituyen hoy monumentos de incalculable valor patrimonial. Esta extraordinaria concentración eclesiástica proyectó la fama internacional de la urbe como bastión espiritual y cultural en Europa Central.

El sistema de fortificación de Trnava representa una de las murallas medievales de ladrillo más extensas y mejor conservadas de toda Europa Central. Erigidas a partir del siglo XIII, rodean el casco antiguo formando un cuadrado defensivo que llegó a abarcar una superficie protegida de 56 hectáreas. El lienzo defensivo alcanzaba en varios tramos una altitud de hasta diez metros y contaba con cuatro puertas principales junto a dos accesos menores para peatones. En la actualidad se conserva una gran parte de esta estructura, destacando la puerta de Bernolák y un trazado de kilómetro y medio que permite contemplar de cerca la magnífica arquitectura militar de la época.

Su pronta transformación comercial sentó las bases de una rica herencia arquitectónica que abarca del estilo gótico al barroco

Entre los templos más venerados de la ciudad destaca la catedral de San Juan Bautista, templo universitario y catedral metropolitana de estilo barroco temprano con decoración de influencia italiana. En el interior de este magnífico templo se custodia el monumental altar mayor de madera más alto de Europa, construido en el año 1640 y considerado una joya artística excepcional. Por su parte, la basílica de San Nicolás es una majestuosa iglesia de estilo gótico tardío erigida entre los siglos XIV y XV, caracterizada por sus imponentes torres gemelas acampanadas. En su capilla se custodia la célebre imagen milagrosa de la virgen de Trnava, escenario de la Novena iniciada tras la plaga de 1710.

El corazón palpitante de la vida urbana es la plaza Trojičné námestie o plaza de la Santísima Trinidad, presidida en su centro por una hermosa columna barroca dedicada a la Virgen María. En esta plaza principal se alza la imponente Torre Municipal de 1574, una sólida estructura de vigilancia de 57 metros de altura dividida en ocho plantas que ofrece vistas panorámicas de 360 grados. El entorno de la plaza alberga el ayuntamiento con su fachada sobria, el teatro neoclásico de 1831 y la cercana iglesia franciscana, famosa por poseer catorce altares. Asimismo, la próxima plaza de San Nicolás conserva edificaciones históricas que acentúan la atmósfera pacífica del casco antiguo.

La herencia multicultural de Trnava incluye una relevante presencia judía que desempeñó un papel fundamental en el desarrollo comercial, social y cultural de la ciudad hasta el siglo XX. Su patrimonio arquitectónico destaca por dos sinagogas decimonónicas de estilo morisco y bizantino situadas a muy poca distancia entre sí en el centro histórico. Una de ellas, la sinagoga ortodoxa construida en 1891 por el arquitecto vienés Jakob Gartner, fue premiada tras su restauración y alberga la célebre sinagoga-cafetería con una extensa colección de libros. Frente al edificio de la antigua sinagoga neológica, actual centro de arte contemporáneo, se erige un monumento de mármol negro en memoria de las víctimas del Holocausto.

Cultura y deporte

En la actualidad, Trnava combina su rico legado medieval con una animada vida juvenil impulsada por la comunidad universitaria y una variada agenda de festivales culturales. A nivel deportivo, la urbe es considerada la meca del fútbol eslovaco, reuniendo a apasionados aficionados en el estadio Anton Malatinský para animar con fervor al histórico club FC Spartak Trnava. En sus alrededores, la pintoresca localidad de Dolná Krupá añade atractivo turístico gracias a su casa señorial vinculada a Ludwig van Beethoven, su célebre rosal histórico y la tradicional hidromiel Trnavská medovina. La cercanía a los Pequeños Cárpatos complementa esta variada oferta con experiencias enológicas y gastronómicas de primer nivel.

Perfectamente conectada con Bratislava a tan solo 30 minutos en tren o 45 minutos por la autopista D1, Trnava constituye un destino ideal para el viajero. La armoniosa combinación de calles empedradas, iglesias barrocas, torres históricas y sólidas murallas convierte cada caminata por la ciudad en un interesante viaje al pasado de Europa Central. Tanto el visitante que busca turismo cultural como los asistentes a eventos corporativos descubren en sus plazas una atmósfera auténtica donde la historia convive en equilibrio con la modernidad. Su merecido sobrenombre de la pequeña Roma reafirma a Trnava como un tesoro monumental imprescindible para comprender el alma patrimonial de Eslovaquia.

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