La isla polinesia cuyo nombre significa “lagarto dorado”, fue refugio de un rey derrotado y tiene una bahía con el nombre de alguien que nunca ancló en ella

Las vistas aéreas de Moorea son espectaculares, con montañas verdosas que acaban en el mar

Àlex Gonzàlez

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Moorea está a 17 kilómetros de Tahití, o lo que es lo mismo, menos de una hora en ferry, y comparte con su isla hermana el mismo origen volcánico y la misma herencia cultural maorí polinesia. Eso sí, tiene una identidad propia que va mucho más allá del paisaje de lagunas turquesas y montañas afiladas. Sin ir más lejos, su nombre significa “lagarto dorado”, fue capital provisional de la Polinesia Francesa durante tres años y tiene una bahía llamada “Bahía de Cook” en la que James Cook nunca ancló. Ese tipo de paradoja histórica le da encanto a la isla, y convierte la visita a estas aguas paradisíacas en algo más que un destino de postal.

En tahitiano, Mo'orea viene a representar la figura de un lagarto gigante que, según la tradición oral, usó su cola para dividir la isla y formar las dos grandes bahías del norte: Opunohu y Cook. Más allá del relato, lo que el mito describe tiene una base geológica real: esas dos bahías son lo que queda del antiguo cráter de un volcán cuyos bordes se fueron desmoronando hacia el mar mientras los corales construían un cinturón de arrecifes a su alrededor. El resultado es la silueta característica de Moorea, que es como un triangulo, con las dos bahías recortando el lado norte, y que visto desde el aire es similar a un corazón. Además, visto desde el mirador del Belvédère se convierte en una de las panorámicas más reconocibles de toda la Polinesia.

Visto desde arriba, Moorea tiene forma triangular, como de corazón

La bahía de Cook en la que Cook nunca entró

El primer europeo en avistar la isla fue el inglés Samuel Wallis, en junio de 1767, que la llamó Isla York. Cinco años después, el español Domingo de Boenechea llegó con la fragata El Águila y la reclamó para la Corona española con el nombre de Santo Domingo, una reclamación que no tuvo efectos duraderos. El episodio más conocido, sin embargo, es el de James Cook, que visitó Moorea en 1777 durante su tercer viaje, con los barcos Resolution y Discovery. Pero Cook ancló no en la Bahía de Cook, que hoy lleva su nombre, sino en la bahía de Opunohu, la de al lado.

El nombre histórico de la isla, Aimeho o Eimeo, significa precisamente “refugio”, y esa función se cumplió de forma literal en la historia. La proximidad con Tahití hacía que los guerreros derrotados utilizaran Moorea como lugar de repliegue. El caso más documentado es el del rey Pomaré II: derrotado en 1808 en Tahití al intentar establecer un reino absolutista, se exilió en Moorea y convirtió la isla en la capital provisional del archipiélago durante tres años, hasta 1811.

La bahía de Cook se llama así pese a que Cook nunca estuvo en ella

El primer libro en tahitiano se imprimió aquí

En 1817, los misioneros protestantes de la London Missionary Society que llegaron a la isla establecieron en el distrito de Afareaitu la primera imprenta de la región, donde se imprimió el primer libro en lengua tahitiana: el Evangelio de Lucas. Una isla de apenas 134 kilómetros cuadrados se convirtió así en el origen del registro escrito de una lengua que llevaba siglos transmitiéndose únicamente de forma oral.

El valle de Opunohu conserva algunos de los marae, que son los recintos ceremoniales de piedra mejor preservados de la Polinesia, con estructuras documentadas desde los siglos XIV y XV que las instituciones de patrimonio locales han señalizado y conservado. Y entre julio y octubre, las ballenas jorobadas pasan cerca de la isla en su migración estacional y se pueden avistar junto a los delfines que habitan la laguna de forma permanente.

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