Pinturas rupestres, cascadas y patrimonio histórico en este pueblo de Albacete ubicado en un profundo desfiladero
En el sur de la provincia de Albacete, dentro de la Sierra del Segura, Aýna se ubica en la garganta del río Mundo. El pueblo crece sobre la ladera, con casas a distintas alturas, calles en cuesta y miradores que se asoman al cañón. No es un municipio levantado sobre un terreno cómodo, y eso se nota en su trazado, en sus accesos y en la forma en la que el casco urbano se adapta a la roca.
La falta de espacio llano también marcó la vida en el entorno. Durante años, las laderas se aprovecharon mediante terrazas de cultivo, una manera de ganar terreno en una zona donde la montaña deja poco margen. El río, las paredes de piedra y los desniveles forman parte del día a día del paisaje. Por eso, Aýna no se recorre solo por sus calles: también se entiende desde los caminos que bajan hacia el cauce, desde La Toba o desde los puntos altos que permiten ver cómo el pueblo queda metido en el desfiladero.
Además del paisaje, el municipio conserva un patrimonio muy ligado a su historia. En su término se encuentra la Cueva del Niño, uno de los enclaves rupestres más importantes de la provincia; en el casco aparecen edificios religiosos, restos defensivos y callejuelas antiguas; y en los alrededores hay parajes vinculados al agua, como la Cascada de la Toba. A todo ello se suma una referencia más reciente: Aýna fue uno de los escenarios de 'Amanece, que no es poco', la película de José Luis Cuerda estrenada en 1988.
Las pinturas rupestres de la Cueva del Niño
La Cueva del Niño se encuentra junto al río Mundo, entre los picos Halcón y Albarda. Su nombre procede de una forma popular de llamar a las figuras que había en su interior: los vecinos de caseríos cercanos hablaban de la “Cueva de los Niñotes” por las siluetas que podían verse en la roca. Con el tiempo, aquellas imágenes fueron reconocidas como pinturas rupestres y el lugar pasó a ocupar un sitio destacado dentro del patrimonio prehistórico de Castilla-La Mancha.
El yacimiento conserva arte paleolítico y levantino. Está incluido en el conjunto del Arte Rupestre del Arco Mediterráneo de la Península Ibérica, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1998. También se considera un espacio clave para conocer el poblamiento antiguo de la provincia de Albacete y del sureste peninsular, ya que su secuencia arqueológica abarca desde el Paleolítico Inferior hasta etapas posteriores como el Neolítico o el Calcolítico.
En la cavidad se han documentado 22 grafías. Trece son figuras reconocibles y todas corresponden a animales, aunque en algunos casos no se ha podido precisar la especie. El resto son signos, líneas sueltas o manchas de pigmento. Casi todos los motivos están hechos en tonos rojos o rojo violáceo. El conjunto permite ver en un mismo espacio distintas formas de expresión prehistórica, desde figuras animales hasta marcas más difíciles de interpretar.
La cueva no aparece aislada del paisaje que rodea Aýna. Está situada en un entorno de río, monte y paredes rocosas, un contexto que ayuda a explicar la ocupación humana de la zona desde épocas antiguas. Su interés no está solo en las pinturas, sino también en el lugar donde se conservan: un tramo del río Mundo que conecta el patrimonio arqueológico con el medio natural del municipio.
El patrimonio histórico de Aýna
El casco urbano mantiene varios puntos que ayudan a seguir la historia local sin salir del pueblo. Uno de ellos es la Ermita de Nuestra Señora de los Remedios, un edificio que pudo tener origen como sinagoga y que después quedó integrado en el legado cristiano tras la reconquista. Fue iglesia parroquial hasta 1953 y conserva una techumbre de madera de tradición mudéjar, considerada su elemento artístico más relevante.
En ese mismo edificio se encuentra hoy el Centro de Interpretación José Luis Cuerda, dedicado al cineasta albaceteño y a 'Amanece, que no es poco'. La película dejó una huella clara en Aýna, ya que parte de sus calles y paisajes formaron parte del rodaje. Esa relación con el cine se ha incorporado a la oferta cultural del municipio, aunque no desplaza otros elementos históricos del casco.
La parroquia de Santa María de lo Alto forma parte del patrimonio religioso de la localidad. Cerca de ella se conservan restos del Castillo de la Yedra, una antigua fortificación de origen islámico situada en una de las zonas elevadas del pueblo. Su posición tenía sentido en un punto desde el que se controlaba el valle y el entorno del río Mundo. Hoy quedan vestigios, pero todavía sirven para leer la función defensiva que pudo tener este enclave.
El recorrido se completa con las callejuelas del casco antiguo, las antiguas salinas de El Salero y los miradores abiertos al cañón. Desde puntos como el del Diablo o el del Infierno se observa el pueblo desde otra perspectiva, con las casas pegadas a la ladera y el río al fondo. En los alrededores también aparecen espacios ligados al agua, como la Cascada de la Toba. En los montes cercanos domina el pino carrasco y la cabra montés es una de las especies asociadas a las zonas altas de Aýna.
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