Qué son 'badlands' y por qué uno de los mejores lugares para verlos es desde “el mirador del fin del mundo” de este pequeño pueblo

El paisaje es el resultado de un proceso de erosión milenario, donde la fuerza del agua y del viento ha esculpido rocas blandas como arcillas, limos y yesos

Alberto Gómez

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En el noreste de la provincia de Granada se extiende un territorio que parece desafiar las leyes de la geografía convencional, donde el verde de las sierras cede su protagonismo a una paleta de colores ocres, rojizos y amarillos. Esta región, integrada en el Geoparque de Granada y reconocida por la UNESCO, alberga uno de los paisajes más sobrecogedores de toda la península ibérica: los “badlands”. Y es la localidad de Guadix la que se presenta como la puerta de entrada a estas “malas tierras”, un entorno que sorprende a quienes no conocen la diversidad climática de la zona, capaz de pasar de las cumbres nevadas al desierto en pocos kilómetros.

El término “badlands” se traduce literalmente como “malas tierras”, una denominación que responde a su naturaleza árida y a la dificultad histórica para cultivar en ellas debido a la escasez de vegetación. Este relieve es el resultado de un proceso de erosión milenario, donde la fuerza del agua y del viento ha esculpido rocas blandas como arcillas, limos y yesos. El paisaje resultante es un laberinto de cañones, barrancos, canales y las características cárcavas, que confieren al terreno un aspecto lunar y fascinante. La historia geológica de este lugar se remonta al Mioceno, hace unos 23 millones de años, cuando la zona era parte de un mar que, tras el movimiento de las placas continentales, se transformó en grandes lagos cerrados. Durante millones de años, esta cuenca acumuló sedimentos procedentes de las montañas circundantes. 

Y no fue hasta hace unos 500.000 años cuando la cuenca conectó con la red fluvial del río Guadalquivir, lo que desencadenó un proceso erosivo frenético que modeló el relieve que contemplamos hoy en día. A pesar de su apariencia de desierto desolado, los ‘badlands’ de Guadix no son territorios yermos en términos biológicos, sino ecosistemas de una gran riqueza y biodiversidad adaptada a la aridez. En las paredes arcillosas de las cárcavas nidifican aves como los abejarucos, mientras que en el cielo es bastante habitual ver aves rapaces como el águila culebrera y el cernícalo. La vegetación también es especialista, destacando los espartales y especies halófitas que conviven con plantas de flores sedosas como el lino.

La paleta de colores cambia mucho según la hora del día, siendo el amanecer y el atardecer los momentos de mayor belleza

La ciudad de Guadix, como decíamos, es el centro neurálgico de este entorno, famosa mundialmente por ser la capital europea de las cuevas con más de 2.000 viviendas habitadas excavadas directamente en la tierra. Estas construcciones aprovechan la maleabilidad de los materiales geológicos de los ‘badlands’ para ofrecer un aislamiento térmico natural, manteniendo una temperatura constante durante todo el año. Esta simbiosis entre el ser humano y el terreno es una de las señas de identidad cultural más potentes de este geoparque de la provincia de Granada.

Y, para todos aquellos que lleguen a esta zona de Andalucía buscando la mejor perspectiva de este fenómeno geológico, existe “el mirador del fin del mundo”, situado en la localidad de Beas de Guadix, que se ha convertido en una parada imprescindible. Este promontorio ofrece una panorámica de prácticamente 360 grados que permite comprender de un solo vistazo la magnitud de la erosión en la comarca. Es un balcón natural donde el tiempo parece haberse detenido, ofreciendo una de las estampas más impactantes de todo el sur de España. Desde este punto privilegiado, el visitante puede observar el contraste entre los distintos niveles del paisaje. En la lejanía, las cumbres blancas de Sierra Nevada actúan como telón de fondo, mientras que en el plano medio se distinguen las alamedas verdes que siguen el curso del río Fardes y la vega del río Alhama. Y, por último y de manera más cercana, las crestas afiladas de los ‘badlands’ y las imponentes Cárcavas de Marchal dominan la vista con sus tonalidades encendidas.

El mirador permite apreciar cómo la geología ha dictado la ocupación del territorio, dividiendo el espacio entre las zonas fértiles de los valles y las elevaciones áridas de arcilla. La visibilidad abarca desde la mole calcárea del Cerro Mencal hasta los municipios de Cortes y Graena, Purullena y el propio Beas. Es un lugar ideal para hacer innumerables fotografías, donde la paleta de colores cambia drásticamente según la hora del día, siendo el amanecer y el atardecer los momentos de mayor belleza. Uno de los mayores atractivos visuales desde este privilegiado balcón son, lógicamente, las mencionadas Cárcavas de Marchal, declaradas Monumento Natural. Y es que se trata de un macizo arcilloso que exhibe una graduación de colores que va desde el blanco hasta el rojo intenso, formando un gran cañón que sirve de referencia visual en el horizonte.

Llegar a este enclave requiere un pequeño esfuerzo que se ve ampliamente recompensado al alcanzar la cima. Desde la capital granadina, el trayecto por carretera dura algo menos de una hora hasta llegar a Beas de Guadix. El acceso final al mirador debe realizarse a pie, partiendo de una pista situada a la entrada del pueblo. Es un paseo ascendente de aproximadamente un kilómetro que atraviesa un entorno rural antes de abrirse a la inmensidad del barranco. El recorrido a pie es recomendable no solo por la belleza del camino, sino por la dificultad de transitar con vehículos por la pista estrecha y empinada. Durante el trayecto de unos quince minutos, un agradecido visitante comenzará a sentir el silencio del desierto. Este paseo permite ir descubriendo gradualmente los farallones y las formas caprichosas que el viento ha tallado en la roca blanda antes de coronar el mirador.

En definitiva, el mirador del fin del mundo es mucho más que un simple punto de observación. Es un aula de geología al aire libre donde se puede leer la evolución del clima y sus efectos sobre la corteza terrestre. Contemplar los ‘badlands’ desde la altura que nos proporciona el mirador es entender la fragilidad y la fuerza de la naturaleza, un paisaje efímero que sigue transformándose con cada lluvia torrencial, manteniendo viva la salvaje belleza de las tierras del norte granadino.

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