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Viajes

Un viaje por la ruta del incienso en el desierto del Néguev

Hace más de 2.000 años las caravanas de camellos transportaban de Arabia al Mediterráneo los más preciados productos de la época. Con ellas las especias y el incienso atravesaban el desierto del Néguev, al sur de Israel, siguiendo una ruta de ciudades nabateas

Hoy el desierto del Néguev ofrece un turismo totalmente alternativo, basado en una naturaleza extrema, una arqueología milenaria, unos paisajes de postal y una cultura ancestral

Avdat, desierto del Néguev, Israel

Cuando las caravanas de camellos movían la economía de la época. Roberto Ruiz

Hay que hacer un largo viaje en el tiempo para ponernos en situación. Llegar a una época en la que la riqueza la marcaba las especias y el incienso, la mercancía viajaba en caravanas de camellos, el desierto cubría los paisajes y viejas ciudades nabateas guiaban el camino a seguir.

Estamos en el desierto del Néguev, al sur de Israel, un terreno árido y hostil que alberga mucha más vida de la que podríamos imaginar. Por aquí hace más de dos mil años atrás atravesaba la ruta que transportaba los bienes más preciados desde el sur de Arabia hasta el Mediterráneo, cuando los nabateos eran los reyes del comercio y la espectacular ciudad de Petra, ahora en Jordania, era el más importante centro logístico de la zona. Una ruta de 2.400 km desde Omán y Yemen hasta el puerto de Gaza, donde zarpaban hasta Grecia y Roma, que estuvo activa desde el siglo III a.C. hasta el siglo III d.C.

A su paso por el Néguev la ruta del incienso unía cuatro importantes ciudades nabateas que daban reposo, víveres y cobijo a los comerciantes y sus animales. Hoy, convertidas en ruinas, aún puedes visitar los restos de Halutza, Mamshit, Avdat y Shivta. Las dos últimas te trasladarán mejor al pasado por su mejor estado de conservación, y a todas ellas se unen las fortalezas de Katzra, Nekarot, Mahmal y Grafon. No en vano, la ruta del incienso a su paso por el desierto del Néguev es considerada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Avdat, desierto del Néguev, Israel

Las ruienas de Avdat son un imprescindible en el desierto del Néguev. Roberto Ruiz

Avdat y Shivta, los platos fuertes del Néguev

Si vas buscando arqueología e historia Avdat y Shivta tienen lo que necesitas. Avdat era considerada la estación número 62 de la ruta del incienso, una pequeña población nabatea creada expresamente para dar asistencia y seguridad a los comerciantes de las caravanas de camellos. Un asentamiento que, al igual que Shivta, la propia Petra y muchas otras, a su periodo nabateo hay que sumar los romanos y bizantinos, de los que se conservan los mejores restos. Pero que también, como las demás, fue destruida por un gran terremoto en el siglo VII d.C. 

Una visita a Avdat te llevará por los restos de villas romanas, el barrio bizantino, lo que queda de su fortaleza y sus iglesias, una torre romana que ofrece espectaculares vistas, varias cuevas de almacenamiento y los maltrechos asentamientos nabateos. Igual que ocurre en Shivta, aunque en ésta destaca especialmente lo que aún queda en pie de su majestuosa iglesia bizantina de planta basilical, donde aún se aprecia una incipiente bóveda.

Lo meritorio y valioso de estas visitas es presenciar la obra de aquellos que hicieron del desierto un oasis, cómo un terreno poco amigable fue colonizado por el bien del comercio, dando paso a la agricultura, a los sofisticados sistemas de irrigación y al aprovechamiento del agua hasta niveles inimaginables. Y cómo han perdurado hasta hoy día sus viejas tradiciones, pues si ya entonces el Néguev tenía sus vides y su vinos, lo mismo sigue pasando en la actualidad.

Ein Avdat, desierto del Néguev, Israel

El cañón de Ein Avdat es el paraíso de los senderistas en el Néguev. Roberto Ruiz

El Néguev hoy, el otro turismo de Israel

Los viajes comunes a Israel y los Territorios Palestinos suelen seguir una ruta bastante marcada: los que pasan por Tel Aviv y Jerusalén, los que incluyen ciudades como Belén y Nazareth, y los que ya que están no dejan pasar la oportunidad de flotar en el Mar Muerto o acercarse a la ciudad de Masada, el último reducto del reino de Judea. Pero no muchos, sino más bien pocos, suelen ir mucho más allá. 

Un poco más al sur esta ruta del incienso espera en uno de los paisajes más radicales que aquí podemos encontrar, el de las montañas áridas, los valles ocres y los cauces donde la vegetación quiere asomar. Hoy el desierto del Néguev es el escenario del otro turismo de Israel, el que busca una alternativa totalmente distinto a todo lo demás. Un lugar donde no faltan ingredientes para asegurar un viaje diferente en una naturaleza que cautiva.

Quien viaja hasta aquí para conocer la história ruta del incienso puede situar su campamento base en la ciudad de Mitze Ramon, el lugar idóneo desde donde comenzar todas las excursiones. Si los que buscan cultura tienen a su disposiciones las opciones de Avdat y Shivta, ambos centros arqueológicos convertidos en Parques Nacionales, los que prefieran naturaleza y aventura tampoco se quedarán atrás. 

Íbices en Makhtesh Ramon, desierto del Néguev, Israel

Los íbices se dejan ver fácilmente en Makhtesh Ramon. Roberto Ruiz

Para empezar, porque Mitze Ramon se encuentra al borde del espectacular Makhtesh Ramon, una enorme depresión de 40 km de largo y 500 metros de profundidad, semejante a un cráter, donde se llevan a cabo actividades nocturnas de observación de estrellas y donde es fácil cruzarse con varios íbices, las cabras montesas autóctonas.

También, porque muy cerca de la ciudad de Avdat se ubica el Parque Nacional de En Avdat, un profundo cañón natural fruto de la erosión que hace las delicias de los amantes del senderismo, tanto locales como foráneos. Estando en pleno desierto, lo de adentrarse en él para seguir su río y atravesar su vegetación no puede resultar más sorprendente.

Y para continuar, porque no hay una visita completa al Néguev que no incluya un buen tour en 4x4 con un guía local. Solo así podrás adentrarte en las entrañas del desierto, conocer los sistemas que los ancestros de los actuales habitantes ya utilizaban para conseguir agua potable, contemplar paisajes que parecen sacados de un documental o, por qué no, animarte a hacer algún deporte de aventura o probar tu pericia haciendo sandboarding lanzándote sobre una tabla por grandes dunas de arena.

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