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Hacer la vida imposible a los demás

A los políticos presos o en el exilio no les conviene la normalización en Catalunya, sólo creando una situación insoportable pueden tener la esperanza de encontrar una salida

La decisión de perseguir por el delito de rebelión a Carles Puigdemont y demás dirigentes nacionalistas catalanes ha sido ruinosa y puede llevarnos a una situación de desgobierno generalizado

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Carles Puigdemont EFE

Los tres candidatos a la presidencia de la Generalitat del único partido que, tras las elecciones del 21 de diciembre del año pasado, estaba en condiciones de ocuparla, están en el exilio o en prisión. Y además, acusados de un delito de rebelión, cuya prescripción, para el que se encuentra en el exilio, se producirá dentro de veinte años y con la posibilidad, para los que ahora mismo se encuentran en situación de prisión provisional, de ser condenados a una pena privativa de libertad de hasta treinta años.

Este es el dato más importante para entender lo que está ocurriendo políticamente en Catalunya y, de rebote, en España. ¿Qué cabe esperar de personas, de ideología nacionalista, cuyo horizonte personal son decenios de exilio o de cárcel? ¿Qué incentivos pueden tener para que se pueda hacer una vida normal en Catalunya o en España? Para ellos, la normalización política, de Catalunya y de España, supone quedar confinados en la situación en que se encuentran. Únicamente creando una situación insoportable, pueden tener alguna esperanza de acabar encontrando una salida.

Y a eso se están dedicando. Y tienen bazas importantes para hacer avanzar su plan. Tanto dentro del nacionalismo como fuera, en la relación del nacionalismo catalán con los demás partidos de Catalunya y del Estado.

Dentro del nacionalismo se encuentran en una posición inexpugnable. Es imposible oponerse a quien está en el exilio o quienes están en la cárcel, acusados de un delito que no han cometido. Esto no lo piensan solamente los nacionalistas catalanes, sino que lo pensamos muchos más ciudadanos no solamente de Catalunya, sino del resto del Estado y de la Unión Europea. Pero para los nacionalistas catalanes supone estar sometidos a una suerte de mandato imperativo, que no gusta a un porcentaje considerable, pero frente al cual no se puede articular un mandato alternativo. En la situación en que se encuentra Catalunya, la política nacionalista se dirigirá desde el exilio y la cárcel. Y quien no esté de acuerdo, se tiene que apartar, como ha hecho Marta Pascal. La han acompañado un 35% de los militantes del PDeCAT, que no son pocos, pero en una protesta puramente testimonial.

Una vez conseguida una posición que es mucho más que hegemónica dentro del PDeCAT, viene el asalto a ERC, al que no le va a ser fácil resistir el ataque. La operación de acoso y derribo a Marta Pascal no es nada para la operación que se avecina contra ERC. El President del Parlament está siendo ya el primer destinatario de la embestida. ¿Qué, si no, fue la reunión de la Mesa del Parlament de la semana pasada? O te pliegas a lo que te exigimos, o no puedes ejercer de President y tienes que mantener el Parlament cerrado. ¿Cuánto tiempo puede Torrent mantenerse como President con el Parlament cerrado? Mi impresión es que dentro de ERC no tienen preparada una estrategia de defensa. No saben cómo parar la avalancha que se les va a venir encima. Y esto no ha hecho nada más que empezar. Carles Puigdemont es, dentro del nacionalismo, el único que tiene diseñada una estrategia para enfrentarse al Estado.

Una vez que Carles Puigdemont haya conseguido imponerse en el conjunto del nacionalismo catalán, la estrategia de desestabilizar el sistema político español será el siguiente paso. Y con los votos de los que dispone en el Congreso de los Diputados lo puede conseguir. La continuidad de la legislatura está en manos de Puigdemont. Tendría que producirse una rebelión contra su liderazgo por parte de los diputados del PDeCAT para que no fuera así. Es algo que posiblemente le agradaría a varios de ellos, pero a lo que no se va a atrever ninguno. Carles Puigdemont no va a permitir que los diputados del PDeCAT vuelvan a tener la autonomía que han tenido en la moción de censura que ha hecho presidente a Pedro Sánchez.

La decisión de perseguir por el delito de rebelión a Carles Puigdemont y demás dirigentes nacionalistas catalanes, de la que ha presumido Mariano Rajoy en su discurso de despedida de su partido y de la política en el pasado Congreso Extraordinario del PP, ha sido una decisión ruinosa, que puede acabar llevándonos a una situación de desgobierno generalizado. Porque el nacionalismo catalán no tiene la fuerza suficiente para conseguir la independencia de Catalunya, pero sí para hacernos la vida imposible a todos los españoles, catalanes incluidos.

En esas estamos.

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