Segunda contribución a la unión electoral de las izquierdas
En el artículo de este martes argumenté cuál tendría que ser la opción electoral unitaria de las izquierdas para el Senado y por qué. En el de hoy me voy a centrar en la opción para el Congreso de los Diputados.
La opción electoral para el Senado derivaba del carácter constitutivamente esperpéntico de dicha Cámara. Como el Senado no puede hacer nada en lo que a la dirección política del país se refiere, no es preciso ocuparse de él desde esta perspectiva. Pero como sí tiene una presencia notable en el proceso de renovación del Tribunal Constitucional y del Consejo General del Poder Judicial, sí resulta decisivo impedir que las derechas puedan apoderarse de ambas instituciones.
El Congreso de los Diputados, por el contrario, es el centro de gravedad del sistema político. Es el único órgano que cuenta con legitimidad democrática directa digna de tal nombre. Y de ahí que de él dependa la legitimación democrática de los poderes ejecutivo y judicial. En el cuerpo electoral descansa la legitimidad democrática del Congreso de los Diputados. En la legitimidad democrática del Congreso de los Diputados descansa la del presidente del Gobierno y los ministros y la de los jueces y magistrados que integran el poder judicial.
La opción electoral unitaria de las izquierdas no puede ser pensada en negativo, en evitar el mal, sino que tiene que ser pensada en positivo, en la configuración de una mayoría parlamentaria que permita dirigir políticamente el país.
Como consecuencia de ello, resulta obvio que no es aceptable la opción unitaria propuesta para el Senado. Ponerse de acuerdo en lo que no se quiere está bien para evitar un disparate. Pero no es operativo para definir un programa de Gobierno.
Para ello es indispensable que el PSOE, por un lado, y las distintas formaciones políticas de izquierda, por otro, definan las líneas maestras de su programa de gobierno, así como también las personas de las candidaturas en las distintas circunscripciones electorales que concurrirán para intentar hacerlo efectivo mediante la mayoría parlamentaria necesaria para ello.
Si la circunscripción electoral fuera la de las elecciones al Parlamento Europeo, cada partido podría concurrir con su programa y con su candidatura, ya que el acceso estaría al alcance de todos o de casi todos. Pero como no es ese el caso, tanto en la definición de los programas como en la configuración de las candidaturas hay que tomar en consideración el número de las circunscripciones, el número de los escaños de cada una de ellas, la fórmula para la traducción de votos en escaños (la famosa fórmula d´Hondt), la barrera electoral que solamente opera de facto en Madrid y Barcelona, pero que opera en ellas.
Como las próximas elecciones generales van a ser las decimoséptimas, disponemos de una evidencia empírica notable sobre como afecta el sistema electoral a la transformación de los votos en escaños.
Sabemos que el PSOE puede concurrir en solitario en prácticamente todas las circunscripciones electorales. Pero también sabemos que los demás partidos de izquierda no pueden hacerlo sin pagar un precio altísimo. Para conseguir que los votos válidamente emitidos se transformen en escaños, resulta imprescindible competir de manera unitaria o, al menos, con un bloque lo más unitario posible.
Las elecciones generales son simultáneamente parlamentarias y presidenciales. Constitucionalmente, son parlamentarias y la mayoría parlamentaria es la que decide quien va a ser el presidente del Gobierno. Pero el candidato a la presidencia del Gobierno es decisivo para rentabilizar electoralmente el voto en las circunscripciones en que no figura dicho candidato y conseguir con ello la mayoría parlamentaria de investidura y de gobierno.
Esta es, con mucha diferencia, la principal dificultad de las izquierdas no integradas en el PSOE para poder competir eficazmente. En las elecciones de diciembre de 2015, en las de julio de 2016 y, aunque mucho menos, también en las de abril de 2019, Podemos, bajo el liderazgo de Pablo Iglesias, dio cobertura al componente presidencial y posibilitó que tuvieran traducción en escaños un número considerable de votos de izquierda en provincias en que no lo habían conseguido nunca antes.
En las elecciones generales de noviembre de 2019 y en las de julio de 2023, ese componente presidencialista se vio fuertemente debilitado. Ni Podemos con Pablo Iglesias, ni Sumar con Yolanda Díaz, han conseguido dar cobertura a dicho componente presidencial. Ni los resultados de las elecciones autonómicas recientemente celebradas en Extremadura y Aragón, ni los sondeos respecto de las próximas a celebrar en Castilla y León y Andalucía o las encuestas que periódicamente se hacen públicas, permiten vislumbrar una opción política de izquierda con un candidato que pueda aproximarse a lo que fue Podemos con Pablo Iglesias hasta abril de 2019.
Las fuerzas políticas de izquierda tienen que sentarse a discutir con qué programa electoral podrían concurrir conjuntamente y de qué manera se va a competir, provincia a provincia, como dijo hace unos días Gabriel Rufián. Pero también hay que reflexionar de qué manera se va a dar cobertura al momento presidencial, que no va a dejar de estar presente en estas elecciones. Una apuesta unitaria de las izquierdas debería identificar un núcleo presidencial que sirviera de punto de referencia. Para participar, por ejemplo, en los debates en televisión.
Hay tiempo para reflexionar y para ponerse de acuerdo. Pero hay que empezar a hacerlo ya. Tal vez en las elecciones andaluzas sería el momento de hacer un ensayo.
Sobre este blog
Los seres humanos hacemos la historia en condiciones independientes de nuestra voluntad.
2