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Opinión - 'Otro Pelicot, ahora en Suecia', por Neus Tomàs

Otro Pelicot, ahora en Suecia

A demonstrator holds a sign reading ALL TOGETHER WITH GISELE PELICOT during a protest against Emmanuel MACRON s power grab, in Lyon, France, September 7, 2024. (Photo by Elsa Biyick / Hans Lucas via AFP) (A demonstrator holds a sign reading ALL TOGETH
14 de abril de 2026 21:54 h

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Cualquiera que siguiera el juicio a Dominique Pelicot por haber drogado, violado y reclutado, como mínimo, a medio centenar de hombres para que también abusaran de su esposa, Gisèle, pensaría que no pueden existir muchos más casos así en el mundo. Hasta que aparece uno nuevo. Ahora, en Suecia.

Se trata de un hombre de 61 años, exlíder de los Ángeles del Infierno, al que se acusa de haber obligado a su mujer a acostarse con más de 120 hombres. Como a Gisèle, también la drogaba. Eran violadores que contactaban con el marido por internet y que pagaban por abusar de ella. Está acusado de proxenetismo agravado, violaciones, intentos de violación, abusos y amenazas.

A diferencia del caso Pelicot, de momento no se ha informado de la identidad de la pareja. La Fiscalía señala que el acusado se hacía llamar “el monstruo” y que niega los hechos. Ya fue investigado hace dos años por abusos y está demostrado que amenazó de muerte a su mujer en más de una ocasión.

La casa, una granja apartada en Ångermanland, una región al norte de Suecia, estaba llena de cámaras. Le servían para controlarla y también para grabar algunas de las violaciones.

En su libro Un himno a la vida (Lumen y Ara Llibres, en catalán), Gisèle Pelicot define a quien fue su marido como un hombre “metódico y organizado”. Ella se pasó diez años de consulta en consulta médica intentando averiguar por qué sufría episodios de pérdida de memoria y otros problemas que después supo que se debían a las drogas que él le suministró y a las violaciones que sufrió.

En el caso de la víctima sueca, estaba sometida a un régimen de vigilancia continua, aunque logró denunciarlo el pasado mes de octubre.

Al leer la historia, aún sin muchos detalles pero con los suficientes para intuir el infierno que sufrió la víctima, es imposible no recordar el testimonio de Gisèle Pelicot. Ella define con la palabra “asco” la sensación que le produjo saber qué le había hecho su marido. “Me siento sucia, contaminada, traicionada”, resumió en sus declaraciones ante la policía.

Gisèle, a diferencia de la víctima sueca, quien, de momento, sigue el juicio por videoconferencia, no solo decidió estar en la sala, sino que quiso hacerlo a cara descubierta. Afrontó un proceso en el que los psicólogos la definían como sumisa, los violadores la tachaban de mentirosa y, para la justicia, era “un enigma”.

Los vídeos de su casa en La Valclusa no serán muy distintos de los de la granja sueca: ambas drogadas, sin ser conscientes de que las estaban violando. “Como una muñeca de carne y hueso”, recuerda Gisèle en su autobiografía.

Ojalá los violadores suecos, su marido y el resto, reciban el castigo judicial que se merecen. Y que ella pueda empezar de nuevo. Ser, como Gisèle Pelicot, una víctima a ojos de la justicia, pero no ante la vida.

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