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Opinión

¿Qué es para ti la democracia?

que es para ti la democracia
10 de mayo de 2026 22:59 h

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Siempre me hizo gracia ese concurso que todavía hacen en las escuelas y que pregunta ‘¿Qué es un rey para ti?’. De pequeña deseaba que lo hiciesen en mi clase porque habría respondido que era aquel señor al que mi abuela esperaba cada día para darle las buenas noches cuando salía de madrugada en la tele. De mayor, mi respuesta sería muy distinta y me temo que ella me reprendería aunque sé por qué, inocentemente, mi abuela lo hacía: era su manera de asegurarse que no había pasado nada, que podía acostarse tranquila porque no había novedad, no retrocedía otra vez a la miseria del franquismo. Pero eso nunca fue mérito de un rey que la tuvo engañada a ella y a millones de españoles durante décadas.

Si la pregunta fuese otra, ‘¿Qué es para ti la democracia?’, contestaría que es un régimen que debe regirse por el principio de igualdad, a menudo más aspiracional que real, y que a mí, como a tantos otros hijos de obreros, me permitió ser la primera universitaria de mi familia. Pero es también un sistema que necesita una reforma en profundidad para no estar cada vez más al servicio de un modelo económico que siega la equidad y favorece el nepotismo. 

Libertad, justicia e igualdad. Eso es lo que nos enseñaron que es o debe ser una democracia. Y la española, que saltó del franquismo a una monarquía constitucional a una velocidad vertiginosa, sin hacerse demasiadas preguntas no fuese que las respuestas diesen al traste con el camino emprendido en la Transición, ha aprobado. Eso no significa que como todas las democracias consolidadas, y más con los vientos que soplan ahora mismo, no tenga problemas. Los tiene y no son pocos.

El sistema educativo, que es el pilar básico para combatir las discriminaciones sociales, se ha convertido en un instrumento ideológico al servicio del gobierno de turno. En los últimos años, con una desvergüenza sonrojante y con la Comunidad de Madrid como abanderada, no para de recortar la inversión en los centros públicos para favorecer a los privados y los más elitistas. El resultado es una mayor segregación que reduce, todavía más, las oportunidades de los alumnos más vulnerables. La segregación escolar va de la mano de la urbanística y esta incluye el acceso a la sanidad o a la cultura. La educación, como la vivienda, es un derecho que se ha convertido en negocio. De todos los desafíos que tiene la democracia española, estos dos deberían ser prioritarios. Súmenle unas condiciones laborales mejores, una mayor transparencia por parte de las administraciones y una justicia menos politizada y completarán buena parte de los deberes que tiene este país.

El otro gran reto de España, no resuelto pese a que ya lleve más de cuatro décadas en democracia, son las dificultades para reconocer su plurinacionalidad. 

Sí, los pesados de los catalanes y los vascos, cuyo encaje sigue sin estar bien resuelto. Ojo, que igual no tiene solución y a lo único a lo que hay que aspirar es a no hacerse demasiado daño. A estas alturas ya debería entenderse que una cosa es descentralizar decisiones y competencias y otra reconocer que en España conviven territorios con sentimientos nacionales distintos. No por molestar sino porque son los nuestros.

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