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Opinión - 'Salvador Illa, de los problemas heredados a los errores', por Neus Tomàs

Salvador Illa, de los problemas heredados a los errores propios

Miles de docentes se manifestaron este martes en Barcelona.
12 de mayo de 2026 22:19 h

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Esta semana se cumplen dos años de las últimas elecciones al Parlament. Las ganó Salvador Illa, que gracias al apoyo de ERC y los Comuns logró convertirse en president. El líder del PSC fijó como prioridades mejorar la gestión y rebajar la tensión política. Las promesas fueron bien recibidas, aunque probablemente no calibró la magnitud de algunos de los problemas heredados. Si hubiera que señalar los dos más evidentes, serían el servicio de Rodalies y el malestar en el sector educativo.

Los responsables de Transportes de la Generalitat, algunos veteranos en esa cartera, eran muy conscientes de la situación crítica de la red catalana. Hoy, un trayecto en Rodalies desde Barcelona puede durar hasta media hora más que hace dos décadas. Años de desinversión y un discurso condescendiente por parte de algunos responsables vinculados al actual Ministerio quedaron en evidencia tras el accidente de Gelida en el que murió un conductor en prácticas. El posterior examen de los numerosos puntos negros evidenció que cuando el Ejecutivo de Illa se quejaba en los despachos de Madrid estaba en lo cierto. 

El Govern se encontró atrapado en medio del fuego cruzado entre Renfe y Adif y, además, no estuvo especialmente ágil en su reacción. En algunos casos, más que informar, ha contribuido a desinformar, pese a que la consellera Silvia Paneque tuvo claro desde el principio que la atención a los sufridos usuarios de Rodalies debía ser una prioridad. 

El Ministerio asegura que, ahora sí, el déficit histórico de inversiones empieza a revertirse. Sin embargo, ocho años de gobiernos progresistas son suficientes para pasar cuentas con los responsables actuales y no solo con los pasados. Nadie niega que el actual ritmo inversor sea mucho mejor que el de la etapa del PP, pero quizás siga siendo menor de lo necesario cuando una crisis como la iniciada el pasado 20 de mayo continúa generando problemas, cortes y retrasos cinco meses después.

El otro gran incendio que le ha estallado a Illa es el de la educación. No hay un único factor que explique el malestar de una parte muy importante del sector. Como ocurre con Rodalies, se trata también de un problema acumulado durante años. Y, de nuevo, la inversión récord alcanzada por este Govern (no por los anteriores) no ha bastado para calmar a los docentes. Reclaman más recursos y mejores condiciones para afrontar las dificultades de enseñar en unas aulas cada vez más diversas. Esta magnífica radiografía ayuda a entender que, aunque no tengan razón en todo, los profesionales de la educación sí tienen muchos motivos para protestar.

El Govern pecó de soberbia al presentar un pacto con UGT y Comisiones Obreras como un “acuerdo de país” sin contar con la firma de USTEC, el sindicato principal y también uno de los más combativos. Pese a la negativa inicial de la Conselleria a reabrir las negociaciones, difícilmente podrá evitar sentarse con ellos si no quiere que las protestas vayan a más.

Por si a este conflicto le faltaba combustible, la presencia de agentes de los Mossos en una de las asambleas de docentes en las que se preparaban las protestas de esta semana acabó de encender los ánimos del profesorado. No era para menos. La Conselleria de Interior pasó de no confirmar los hechos a defender la actuación policial y, finalmente, a cuestionarse si había sido una decisión “proporcional”. La respuesta parece bastante clara: no, no es proporcional que los Mossos espíen a maestros. Ni proporcional, ni conveniente, ni explicable, por más que se argumente que la ley lo permite para prevenir altercados.

Ahora bien, los docentes también deberán medir hasta qué punto sus huelgas pueden acabar teniendo un efecto boomerang. Basta con leer algunos chats de familias para comprobar que no todo el mundo entiende que las movilizaciones se prolonguen tantos días. Porque, además, los principales perjudicados por estas protestas son precisamente los alumnos a quienes más se debería proteger.

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