Una primera contribución a la unidad electoral de las izquierdas
España tiene dos sistemas electorales completamente distintos. Uno para el Congreso de los Diputados. Otro para el Senado. Lo único que tienen en común ambos es la Provincia como circunscripción electoral. En todo lo demás difieren el uno del otro.
En mi opinión, este doble sistema electoral tiene que ser tomado en consideración si se quiere hacer una oferta al cuerpo electoral susceptible de ser articulada con posibilidades de éxito. Por qué es así es lo que voy a intentar explicar a continuación.
Los sistemas bicamerales pueden ser perfectos o imperfectos. Los perfectos son aquellos en los que las dos Cámaras tienen la misma posición en lo que al ejercicio de las funciones parlamentarias se refiere. Los imperfectos son los que privilegian la posición de una Cámara respecto de la otra.
El bicameralismo español es sumamente imperfecto. En el ejercicio de todas las funciones parlamentarias el Senado ocupa una posición subalterna respecto del Congreso de los Diputados. Ni en el ejercicio de la potestad legislativa, ni en el de la potestad presupuestaria, ni en el de la elección del presidente del Gobierno y ni en el del control de la acción del Gobierno con exigencia de responsabilidad con consecuencias jurídicas a través de la aprobación o no de una cuestión de confianza o de una moción de censura, el Senado juega papel de ningún tipo.
El Senado es una Cámara estéril. Está en la Constitución porque las Cortes del Régimen del General Franco diseñaron en la Ley para la Reforma Política unas Cortes constituyentes bicamerales, en las que se incluía un Senado que anulara cualquier tipo de sorpresa con efectos constituyentes que se pudiera producir en la elección del Congreso de los Diputados.
Nadie pensó que el Senado de la Ley para la Reforma Política acabaría siendo el Senado de la Constitución. Pero así fue. De ahí que se lo configurara como una Cámara subalterna en el ejercicio de las funciones parlamentarias. De no ser así, el sistema político difícilmente podría calificarse de democrático y podría operar como tal.
Pero la subalternidad del Senado tiene dos excepciones, que tienen que ver directa o indirectamente con la potestad constituyente. El bicameralismo es casi un bicameralismo perfecto en lo que a la reforma/revisión de la Constitución se refiere. Y en la elección de los magistrados del Tribunal Constitucional y de los miembros del Consejo General del Poder Judicial.
Aquí es donde está el problema para las izquierdas. El Senado en esta legislatura ha hecho mucho ruido. Y lo sigue haciendo. De manera dudosamente constitucional, pero lo está haciendo. Es perturbador, pero no va más allá.
En la renovación de los cuatro magistrados del Tribunal Constitucional por parte del Senado, que debería haberse producido en diciembre del año pasado, es donde está el problema. El PP se ha negado a dicha renovación, esperando tener una posición más favorable tras las próximas elecciones generales y desequilibrar a su favor la composición del Tribunal Constitucional.
Esta va a ser la cuestión más importante de las próximas elecciones generales. En el Congreso de los Diputados las derechas no podrán conseguir en ningún caso la mayoría de tres quintos, pero en el Senado no está tan claro que no puedan hacerlo. O aproximarse tanto a dicha mayoría que puedan presionar para una renovación en los términos que a ellas le interesan.
En el caso de conseguirlo, y dado que en esta legislatura también se tendría que producir al final de la misma la renovación del Consejo General del Poder Judicial, el control de ambos órganos se produciría de manera definitiva y prácticamente irreversible. Sin necesidad de reformar la Constitución, las derechas la habrían reformado y definirían el terreno de juego con las consecuencias que cualquiera puede imaginar.
Evitar que esto ocurra es lo más importante para las izquierdas y pienso que también para los partidos nacionalistas. Todo lo demás es de menor importancia. De mucha menor importancia.
Justamente por eso, la oferta electoral para el Senado sería lo primero en lo que tendrían que centrarse las izquierdas, que, en este caso, tendrían que ser todas, PSOE incluido.
Es más. En mi opinión, sería el PSOE el que tendría que tomar la iniciativa y hacer una propuesta paritaria a las demás formaciones de izquierda. El PSOE propondría dos candidatos en cada provincia y uno en Ceuta y Melilla y las demás fuerzas de izquierda tendrían que ponerse de acuerdo para proponer los otros dos más los de Ceuta y Melilla.
Si se está de acuerdo con mi opinión de que la renovación del TC y del CGPJ es la cuestión decisiva para la elección del Senado, está claro que ninguna de las fuerzas de izquierda pierde con esta propuesta. Es posible que ni siquiera el PSOE perdiera en número de senadores, y todas las demás ganarían sin lugar a dudas. Y la izquierda en su conjunto saldría reforzada.
Esta opción serviría para que las fuerzas de izquierda no integradas en el PSOE ensayaran una negociación para la designación de los candidatos y alcanzaran una visibilidad a escala estatal. Tanto el ensayo de negociación como la visibilidad tendrían efectos muy positivos para la composición de las candidaturas de las izquierdas no integradas en el PSOE como en la competición electoral para el Congreso de los Diputados.
Pero este queda para el próximo artículo.
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