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'Un acuerdo necesario en una coyuntura propicia para la izquierda', por Pérez Royo
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Un acuerdo necesario en una coyuntura propicia para la izquierda

Imagen de archivo del candidato de Por Andalucía a la Presidencia de la Junta, Antonio Maíllo.
3 de abril de 2026 22:01 h

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La decisión de disolver el Parlamento el 7 de abril y convocar elecciones para el 17 de mayo no puede entenderse como una disolución y convocatoria anticipada, pero sí fue una decisión discrecional del presidente. En algo más de un mes, la disolución y subsiguiente convocatoria habría sido automática por haberse agotado la legislatura. Juan Manuel Moreno Bonilla no habría tenido que tomar ninguna decisión.

Algo más de un mes no es tiempo suficiente como para que se pueda hablar de adelanto electoral, pero ello no quiere decir que esa anticipación sea neutra políticamente. El presidente andaluz, de manera no solo completamente legal sino también legítima, ha llegado a la conclusión de que el mejor momento para que los ciudadanos acudan a las urnas es el 17 de mayo y nada se le puede objetar.

La facultad de disolver discrecionalmente el Parlamento es una prima a la posesión del poder. El presidente puede decidir en qué momento puede llamar a los ciudadanos para que elijan a sus representantes. La decisión puede consistir en disolver anticipadamente o en no hacerlo. Tan política puede ser la motivación en un caso como en el otro, como hemos tenido ocasión de comprobar en este mismo año. El PP ha diseñado un calendario electoral en las Comunidades Autónomas en las que gobierna con la doble finalidad de levantar la hipoteca que le supone la dependencia de Vox para la formación de Gobierno y de debilitar al PSOE y prefigurar con las victorias del PP en el imaginario colectivo el resultado de las próximas elecciones generales.

El diseño no ha dado el resultado esperado en Extremadura y Aragón, donde el PP sigue dependiendo de Vox, pero sí en cierta medida en Castilla-León, donde va a tener que contar con Vox, pero donde este último no ha tenido el resultado que esperaba, dándole con ello un cierto respiro al PP.

Pero en dicho calendario el momento decisivo era y sigue siendo el de las elecciones andaluzas. Más todavía después de lo poco concluyente que ha sido el resultado electoral de las tres Comunidades que ya han celebrado elecciones. Andalucía, además de ser políticamente más importante que las otras tres Comunidades Autónomas, es la única de las cuatro en la que el PP gobierna con mayoría absoluta. De mantener o no dicha mayoría depende el éxito del calendario electoral diseñado por el PP. Si después de no poner fin a su dependencia de VOX en Extremadura, Aragón y Castilla-León, resulta que vuelve a depender también en Andalucía para la investidura de Moreno Bonilla como presidente, está claro que la operación no habría conseguido el objetivo que perseguía. 

La renovación de la mayoría absoluta se ha convertido para Moreno Bonilla en una cuestión decisiva. Si no lo consigue, el estigma del “pato cojo” que acompaña a los presidentes de los Estados Unidos después de las elecciones de mitad de mandato de su segunda presidencia, empezaría a aplicársele. Quedaría muy debilitado.

La mayoría absoluta es la clave. ¿Es más probable mantener la mayoría absoluta adelantando las elecciones unas semanas o esperando a agotar la legislatura? Unas semanas son poco tiempo, pero en un escenario político como en el que nos encontramos puede ser mucho. 

Por varios motivos. 

En primer lugar, por la Guerra de Irán, que ya está siendo un problema para las derechas europeas y que puede serlo todavía mucho más, si la escalada que se está produciendo en este momento conduce a una prolongación indefinida de la misma. Pedro Sánchez ha tomado la iniciativa en el 'No a la guerra' a escala no solamente española sino europea. Cuanto más tiempo se mantenga el escenario de guerra, más incómoda va a ser la campaña para el PP, que tendrá que intentar diferenciarse de Vox, pero sin parecer que coincide con el Gobierno. Reducir el tiempo antes de acudir a las urnas se ha convertido en algo apremiante para el presidente andaluz.

En segundo lugar, porque, en el momento en que decidió adelantar las elecciones unas semanas, Vox no tenía todavía designado su candidato para liderar el partido y, en consecuencia, tenía que improvisar una candidatura con el riesgo que una improvisación supone en todo proceso electoral. 

Y en tercer lugar y sobre todo, porque, en el momento en que decidió adelantar las elecciones, la desunión de los partidos de la izquierda no socialista era manifiesta. La reducción en varias semanas de tiempo para que pudieran ponerse de acuerdo parecía un golpe definitivo para que pudieran hacerlo.

Posiblemente, este era el motivo más importante para adoptar la decisión de convocar para el 17 de mayo. Intentar conseguir que la izquierda no socialista se quedara en los cinco escaños de 2022.

Y aquí es donde su decisión ha sido más errónea. Acortar el plazo reduce hasta el punto de casi anular la posibilidad de discutir, que es lo que más divide a las izquierdas. El plazo fijado en la Ley Orgánica de Régimen Electoral General para la formación de coaliciones es tan reducido que los partidos no pueden enredarse en pactar las diferencias que los separan, sino que les obliga a cerrar el pacto de manera insoslayable. 

Esto es lo que le ocurrió a Macron, cuando, tras las elecciones al Parlamento Europeo, decidió disolver y convocar las elecciones legislativas. Pensaba que la izquierda no iba a ser capaz de concurrir conjuntamente y que, en la segunda vuelta acabarían votando a su partido, a fin de que no ganara el partido de Le Pen. Pero ocurrió lo contrario. Las izquierdas no tuvieron tiempo para discutir y concurrieron conjuntamente y ganaron las elecciones. El desconcierto en que se encuentra Macron tuvo su origen en el adelanto electoral.

Esto es lo que ha ocurrido en esta semana en Andalucía. Se ha formalizado el acuerdo entre IU, Movimiento Sumar y Podemos y otros cuatro partidos menores para concurrir juntos a las elecciones. Políticamente supone un cambio importante, por cuanto de todos son conocidas las tensiones en el seno del espacio a la izquierda del PSOE, especialmente entre Sumar y la formación que dirige Ione Belarra. Nada más que hay que ver la recepción que ha tenido en los medios de comunicación progresistas el acuerdo para deducir que se trata de un anuncio de trascendencia en un momento en que las urnas están castigando severamente la desunión de las izquierdas. 

El acuerdo se ha alcanzado, además, en un momento en que se está produciendo un cambio en la dirección del viento. Las elecciones presidenciales en Portugal, las municipales en Francia, las legislativas en Dinamarca, el referéndum en Italia nos está indicando que la resistencia frente al avance de la derecha está empezando a tener consistencia en el continente europeo. Está por ver qué impacto tendrá el citado acuerdo cuando llegue el momento del escrutinio, pero sin duda es un paso en una buena dirección. Cualquier iniciativa que se encamine a no dispersar los votos de la izquierda debe ser bienvenida. No es solamente la mayoría absoluta lo que pueda estar en juego el 17 de mayo, sino de qué color es la mayoría para la formación del Gobierno. Lo que parecía impensable hace una semana, ya no lo es tanto. 

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