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Carlos Rego, guitarrista y cantante de Tesouro: “Como The Feelies o Jonathan Richman, somos una banda de kilómetro cero”

La banda ourensana Tesouro. De izquierda a derecha: Dani Alonso (bajo), Carlos Rego (guitarrista, cantante y compositor), Aser Álvarez (batería) y Anxo Fernández (teclados).

Daniel Salgado

3 de abril de 2026 22:02 h

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Más allá de luces deslumbrantes y del combate asalvajado por la atención en redes sociales también hay vida musical en el pop: la guitarra eléctrica como medio principal -no único- de expresión, la artesanía de la canción como apología del trabajo humilde y constante, lírica sobre el paso del tiempo y el lugar natal, conciertos en su ciudad y alrededores “con alguna excepción”. “Como The Feelies, que hacen dos o tres conciertos al año en New Jersey, o Jonathan Richman, somos una banda de kilómetro cero”, define divertido a Tesouro su cantante, guitarrista y compositor, Carlos Rego. El grupo acaba de publicar No centro do mundo, su segundo elepé, rock eléctrico, sereno, adulto para bien, que abreva en una tradición americana a la vez subterránea y clasicista.

Tesouro nació de las canciones que Rego (Ourense, 1961) había ido grabando junto al batería Aser Álvarez, su compinche en Cosecha Roja -activos entre 1988 y 2001- y Burgas Beat -entre 2002 y 2012. Buscaban bajista y se sumó Dani Alonso, procedente de Os Amigos dos Músicos (sensibles practicantes de folk rock). La idea fue tomando forma. El trío editó Aquí conmigo (vinilo, Hanky Panky Records, 2022), quizás más garajero que su sucesor. “Me cuesta poner distancia respecto de lo que hacemos. Sí sé que No centro do mundo es el primer trabajo del grupo como tal, con sus cuatro miembros aportando”, explica en conversación con elDiario.es. La incorporación de Anxo Fernández a los teclados -Hammond, piano- completó la formación. “Los arreglos de No centro do mundo (vinilo, Hanky Panky Records, 2026) están más pensados de antemano. El primero fue más inconsciente”, añade.

Ahora entrega un disco con canciones en gallego y en castellano, con Rego como letrista que recurre sin complejos a sus poetas de guardia: el espléndido vanguardista Manuel Antonio (1900-1930), el preciso y contracultural Lois Pereiro (1958-1996), Karmelo Iribarren, el anónimo autor de Silencio de Ourense. “La ciudad donde vives te marcha mucho. Esa idea del 'centro del mundo' se repite en varias canciones. En la de Pereiro, por ejemplo [Revisando os danos, a la sombra de The Dream Syndicate], o en lo que hacíamos con Burgas Beat”, dice, aunque remite el origen del concepto al recuerdo distorsionado de un diálogo de la película Los puentes de Madison (Clint Eastwood, 1995). “Los que habitamos ciudades pequeñas parece que estamos apartados de las corrientes principales y a veces es al revés”, puntualiza. Todo en Tesouro rechaza la grandilocuencia. Su épica, de haberla, es la cotidiana.

“Empresa mínima que no da pérdidas”

Los amplificadores por momentos restallan a lo Crazy Horse, el garage rock se desprende de lugares comunes en la estela de los Yo La Tengo de los 80, hay interrupciones acústicas (Silencio de Ourense, el arranque de la hermosa Sós o Manuel Antonio se disuelve en folk rock con punteos espejados en Television). ¿Por qué seguir escribiendo canciones tras casi cuatro décadas en una zona prestigiosa pero en sombra de la escena musical? “Por dinero seguro que no”, responde entre risas, “con el dinero y las horas que llevo invertidas en la música ya habría pagado la hipoteca. A veces yo también me hago esa pregunta”. Rego atravesó algún período de sequía, el más largo los cinco o seis años en torno al libro sobre Derribos Arias que publicó en 2015 (Derribos Arias. Licencia para aberrar, en 66rpm ediciones).

“Pero las canciones aparecen, quieren salir. Y tengo la suerte de que haya gente a mi alrededor que me ayuda a sacarlas al exterior, Dani, Aser, Anxo ”, se extiende, “y a mantener el nivel. De tercera regional, pero nivel [ríe]. Tenemos la posibilidad de tocar en condiciones. Somos una empresa mínima que no da pérdidas”. Tesouro, como antes Burgas Beat y aún antes Cosecha Roja -que alimenta cierto estatus de culto, elaborado pop energético-, despliega todas sus potencias en directo. “Eso es innegociable. El grupo tiene energía, sus canciones tienen nervio y ganan en vivo”, asegura, preguntado por lo paradójico, o no, de facturar rock adulto. “Lo que no queremos es quedarnos en el middle of the road [MOR]”, dice. Al fin y al cabo, “esto es un experimento, saber hasta cuándo se pueden hacer cosas con significado”. No hace tanto tiempo que el rock se ha hecho mayor y Neil Young no lleva la vejez de la misma manera que los Rolling Stones. Por ejemplo.

Y es que, pese a cierto discurso dominante, la chavalada sigue enchufando guitarras, considera. “Alcalá Norte o Carolina Durante no dejan de ser grupos de guitarras y triunfan. O The Rapants, que musicalmente están lejos de mí pero a los que tengo mucha admiración”, señala, “los vi crecer en los garitos de Muros (A Coruña), donde veraneo desde hace 30 años”. No todo tiempo pasado fue mejor, tampoco a este respecto. “El rock ya era minoritario cuando yo era adolescente. Si hay una expresión que odio es 'en mi época”, explica con sarcasmo, “hablas con tres tipos de mi edad y cada uno tiene su época. Cada uno la vive de manera distinta”. Lo que además no impide que criterios y preferencias evolucionen: “Yo odiaba los Bee Gees y ahora me parecen buenísimos. Incluso la banda sonora de Fiebre del sábado noche”.

En todo caso, la tarea de Tesouro y sus guitarras no es el baile, sino las canciones. Que además no esconden sus aires de familia. “No me niego a que se note lo que me gusta”, admite, “soy un humilde compositor. Los que no queremos inventar la rueda también tenemos derecho a hacer una rueda bien hecha”. Para Rego, mozo en un barrio del Ourense de los 70, el pop -en sentido amplio- fue su música folk. “Yo no accedí a la música tradicional gallega hasta más tarde. Solo algún disco de Fuxan Os Ventos [mítico conjunto vocal cuya etapa de mayor repercusión fue en la segunda mitad de los 70] que compraba mi padre”, confiesa, “pero sé que también sigo una tradición”. La del rock eléctrico, independiente y de orfebre. Sobre el que también escribe.

Los libros: de Bibiano a Modern Lovers

Rego ha publicado una celebrada monografía sobre la evanescente etiqueta Nuevo Rock Americano (NRA) -prácticamente creada por la prensa musical española y que englobaba a REM, Los Lobos, Dream Syndicate, Green On Red- y la biografía de Derribos Arias. Profundizó en la obra de Magín Blanco, artesano del rock eléctrico con La Rosa en los 80 reciclado en músico para la infancia, y la reevaluó. Su último libro repasa la increíble vida y la valiosa obra de Bibiano Morón, cantautor antifranquista y autor de tres magníficos elepés de folk progresivo entre 1975 y 1979. Tras el verano, la editorial Sílex publicará la aproximación de Rego a uno de sus héroes, el estadounidense Jonathan Richman. “Me centro en su primer grupo, los Modern Lovers originales”, explica, “activos entre 1970 y 1974 y que no sacaron ningún disco. Son un OVNI en la carrera de Richman”. Solo en 1976 apareció The Modern Lovers, con las maquetas registradas en el 72 producidas por John Cale, y se convirtió en uno de las fuentes secretas de la inmediata explosión punk. “Es un libro diferente a todo lo que he hecho hasta ahora, con otra forma”, apunta.

Mientras, Tesouro llevará a los escenarios No centro do mundo. Siempre bajo la filosofía del kilómetro cero. Este 4 de abril lo presentan en A Arca da Noe, en Vilar de Santos, en el corazón de la comarca de A Limia. El 18 apoyará a la única tienda de discos que resiste en Ourense, Bonus Track, junto a la surf music de Phantom Dragsters, también locales. Y el 24 del mismo mes abre para una banda legendaria y asociada al NRA, los Long Ryders de Sid Griffin, en la Sala Capitol de Santiago de Compostela. Ya en mayo, en el fin de semana del Día de los Trabajadores, Tesouro estará en la Fundación Club 45 de Álex Cooper -el de Los Flechazos- en León.

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