Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.
La portada de mañana
Acceder
La guerra en Irán amenaza con provocar una escasez mundial de alimentos
Yasmina logró romper su matrimonio forzado tras cuatro años en Catalunya
'Cuando el dedo de Trump señala a la luna', por Isaac Rosa

Trump se estrella de nuevo con el problema del iPhone de 2.200 euros en su guerra en Irán

Donald Trump hablando por teléfono en una imagen de archivo.

Carlos del Castillo

2 de abril de 2026 22:05 h

4

Hace un año, en su autoproclamado “Día de la Liberación”, Donald Trump reveló una lista de aranceles para 180 países. La medida produjo un shock inmediato para el comercio global. No es solo que muchos productos se encarecieran, sino que el modelo de negocio de muchas multinacionales estadounidenses quedaba al borde del precipicio. Entre las complejas explicaciones sobre el funcionamiento de las cadenas de suministro y por qué una simple tasa del 10% podría destruir negocios enteros, emergió un precio que lo ejemplificaba todo: Apple y el iPhone de 2.500 dólares (o 2.200 euros).

El iPhone es un hijo de la globalización. Su intrincada cadena de suministro requiere centenares de proveedores especializados, que utilizan minerales extraídos en África o Sudamérica, semiconductores avanzados producidos en Taiwán, memorias de Corea del Sur o pantallas de Japón. Grabar con un arancel cada uno de esos pasos podía terminar disparando el precio del teléfono más vendido de EEUU un 43%, hasta esos 2.500 dólares.

“Hay veces que se confunden los materiales con la especialización”, explicó en un reportaje de elDiario.es Enrique Feas, investigador principal del Instituto Elcano y técnico comercial del Estado. “Puede que haya acero en Estados Unidos y que no sea excesivamente caro en algunos casos. Puedes conseguir un sustituto para las barras básicas de acero, pero no para elementos específicos de un móvil, ya que probablemente solo haya tres o cuatro empresas en el mundo capaces de producirlo. La globalización consiste en la especialización”.

Trump anuló más tarde muchos de los aranceles que afectaban a la industria de la electrónica, mientras que Apple decidió asumir el mayor coste de producción sin repercutirlo en los consumidores para evitar fricciones con la Casa Blanca. Sin embargo, un año después, el republicano ha vuelto a quedar atrapado en el mismo callejón con su guerra en Irán. Porque si el iPhone es un hijo de la globalización, las bombas de alta tecnología que Trump necesita para doblegar a Irán sin desplegar soldados sobre el terreno son sus primas hermanas.

Un caza F-35C a bordo de un portaaviones de EEUU, este marzo.

El armamento moderno es tan complejo o más que los dispositivos de Apple y depende, paradójicamente, del mismo ecosistema de colaboración internacional. Los componentes avanzados que Trump grava con aranceles y cuyo comercio entorpece dinamitando la seguridad de Oriente Medio y disparando el precio de los hidrocarburos son exactamente los mismos que necesita para continuar sus bombardeos. Por eso la guerra está “poniendo a prueba no solo el rendimiento en el campo de batalla, sino también la resistencia industrial y la resiliencia de las cadenas de suministro globales”, avisa la American Enterprise Institute (AEI).

El propio Congreso de EEUU había advertido a la Casa Blanca de esta situación. Un informe de la Oficina de Rendición de Cuentas del Gobierno (GAO, por sus siglas en inglés), el organismo de control de la cámara, alertó de que el 88% de los chips adquiridos por el ejército entre 2020 y 2024 se fabricaron fuera de Estados Unidos, principalmente en China, Taiwán y Corea del Sur. Durante la investigación, el propio Departamento de Defensa reconoció que carecía de visibilidad real sobre quiénes son sus proveedores en los niveles más bajos de la cadena de suministro. El caso del F-35 fue el ejemplo paradigmático: el Pentágono descubrió a raíz del informe que algunos de los imanes del avión procedían de China, generando una dependencia crítica del arma clave para operaciones como la de Irán. Nadie lo había detectado antes.

El ejemplo de los interceptores

Cuanto más compleja es el arma, más dependiente es de que el comercio global siga funcionado como hasta ahora. Esto afecta tanto al ataque como a la defensa, ya que además del caza F-35, otros de los grandes afectados son los misiles interceptores. Modelos como el SM-3, utilizado por su Armada para derribar los misiles balísticos de Irán, pueden costar entre 10 y 28 millones de dólares por unidad. Cada uno de ellos es, esencialmente, una nave espacial capaz de impactar en los misiles iraníes cuando aún están fuera de la atmósfera viajando más rápido que una bala.

Otros modelos como los Patriot, los interceptores que España tiene desplegados en Turquía, cuestan entre 4 y 5 millones de dólares por disparo. Además de misiles balísticos, se están utilizando para neutralizar los drones kamikaze como los Shahed. Irán lanza estos drones en enjambres que pueden sumar decenas de ellos contra Israel, con un precio por unidad de entre 20.000 y 50.000 dólares. A menudo se disparan múltiples interceptores para interceptar una sola amenaza, ya sea un dron o un misil, lo que hace que el coste de la defensa se multiplique.

Dron Shahed-136 de fabricación iraní

Carecen de óptica externa y, por lo tanto, no pueden ser dirigidos a distancia. Utilizan GPS.

Velocidad máxima de 185 km/h

Ojiva

explosiva

de 50 kg

MD 550 (50 hp)

3,5 m

Motor térmico de fabricación iraní de cuatro cilindros, refrigerado por aire.

2,5 m

Alcance 2000 km

DESPEGUE

OBJETIVO

GRÁFICO: IGNACIO SÁNCHEZ. FUENTE: ELABORACIÓN PROPIA

Dron Shahed-136 de fabricación iraní

Carecen de óptica externa y, por lo tanto, no pueden ser dirigidos a distancia. Utilizan GPS.

Ojiva

explosiva

de 50 kg

MD 550 (50 hp)

Motor térmico de fabricación iraní de cuatro cilindros, refrigerado por aire.

3,5 m

2,5 m

Velocidad máxima de 185 km/h

Alcance

2000 km

DESPEGUE

OBJETIVO

GRÁFICO: IGNACIO SÁNCHEZ. FUENTE: ELABORACIÓN PROPIA

“Cuando un solo interceptor cuesta millones de dólares y requiere largos plazos de producción, la reposición se convierte en un esfuerzo de varios años”, recuerda el citado informe de la AEI: “La estrategia de Irán no es superar a Estados Unidos tecnológicamente. Es imponer costes, agotar suministros y vaciar los cargadores estadounidenses más allá de nuestra capacidad para reconstituirlos”.

Este tipo de armas son imposibles de fabricar de la noche a la mañana. En el caso de los misiles Patriot, el fabricante Lockheed Martin entregó unas 620 unidades en todo el año 2025. Sin embargo, solo en los primeros cinco días del conflicto, del 28 de febrero al 5 de marzo, Estados Unidos lanzó aproximadamente 800 de ellos. Ya en la guerra de los 12 días entre Israel e Irán de junio de 2025, EEUU gastó unos 80 misiles SM-3, cerca del 20% de todos los interceptores de este tipo que el Pentágono esperaba tener entregados para finales de 2025, según los datos del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS).

La estrategia de Irán no es superar a Estados Unidos tecnológicamente. Es imponer costes, agotar suministros y vaciar los cargadores estadounidenses más allá de nuestra capacidad para reconstituirlos

American Enterprise Institute

El think tank AEI, de tendencia conservadora y liberal, pide una mayor inversión para reconstruir la industria de defensa estadounidense en su propio territorio y dejar de depender de esas cadenas de suministro globales. Algo, que como en el caso del iPhone, puede llevar años debido a la gran especialización de los proveedores. Aun así, recuerda que “la noción de que Estados Unidos puede depender de pequeños inventarios de armas exquisitas y ultra caras para ganar”, como había pronosticado Trump, es “una ilusión que ahora se ha hecho añicos”.

El callejón geopolítico de Trump

El Pentágono era consciente de esta vulnerabilidad mucho antes de comenzar la actual campaña contra Irán. Prueba de ello es el acuerdo alcanzado ene enero con Lockheed Martin para intentar triplicar la capacidad de producción anual de los Patriot, pasando de los 600 actuales a más de 2.000 al año.

Sin embargo, la inestabilidad política y la incertidumbre financiera derivadas de las políticas de Trump vuelven a suponer palos en las ruedas en el objetivo de reindustrializar militarmente EEUU. “El gasto de capital necesario para acelerar y aumentar la capacidad de producción requiere una financiación más segura que la que pueden proporcionar las resoluciones continuas y las asignaciones suplementarias intermitentes”, señala en informe del CSIS.

Batería de interceptores Patriot, en una imagen de archivo.

Con la cadena de suministro saturada, el tiempo juega en contra del presidente republicano. Irán es consciente de que ni los mercados ni la opinión pública resistirán una guerra larga sin empezar a penalizar duramente la economía y sus resultados en las urnas en las elecciones de mitad de mandato de noviembre. Por ello, su doctrina militar exprime este punto débil con ataques a infraestructuras globales como los centros de datos o el Estrecho de Ormuz. Esto dispara los costes de transporte y energía, reavivando el fantasma de la inflación.

Esta es el callejón geopolítico de Trump. A seis meses de su primera cita nacional con las urnas desde que volvió a la Casa Blanca, su cruzada para desglobalizar la economía mediante aranceles castiga y encarece la misma red global de suministros que su país necesita para sostener la guerra que él mismo ha comenzado. Ahora el republicano se enfrenta al peor escenario posible que describen los expertos en defensa, como resume el informe de su think tank empresarial: “Ningún presidente, sin importar su partido, debería enfrentarse nunca a la perspectiva de tener que reducir sus operaciones de combate porque Estados Unidos se está quedando sin balas”.

Etiquetas
stats