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Hombres, mentiras y otras excusas de compañía

Confío en que llegará la fecha en la que los hombres que ni golpean ni maltratan ni abusan desterraran de su entorno a los que sí lo hacen

Vuestra presencia ausente de reproche y censura también es machismo

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Varias manifestantes en la marcha del 8M de Madrid / Olmo Calvo

Varias manifestantes en la marcha del 8M de Madrid / Olmo Calvo

Poco que celebrar. Otro 25 de noviembre en el que hay mucho, muchísimo que hacer. El tiempo pasa sin perder la esperanza, entre otras cosas, de que llegue el día en que haya hombres que, en espacios privados y sin necesidad de focos, repudien a esos que, con nombre y apellidos, acosan y agreden a las mujeres y a las niñas. Confío en que llegará la fecha en la que los hombres que ni golpean ni maltratan ni abusan desterraran de su entorno a los que sí lo hacen. Pero, mientras llega, sigo sin ver que vosotros, esos otros hombres, sin que nadie os lo pida, pongáis en su sitio y señaléis la puerta de salida a vuestros colegas, compañeros, familiares, amigos y vecinos cuando cosifican a las mujeres, adolescentes y niñas usándolas en sus compadreos sexistas, sus desahogos de un mal día, sus postureos ficticios y su barra libre de machismo, agresividad y chulería con el ‘porque yo lo valgo’ o ‘porque tú eres mía’.

No hace falta pensar mucho para saber que quienes agreden, abusan, acosan a mujeres y niñas sienten cierta impunidad y que vuestro silencio como hombres, vuestra indiferencia al mirar a otro lado, vuestro “compañerismo” es para ellos un lavado de conciencia perfecto. Vuestra presencia ausente de reproche y censura también es machismo. Sabéis, igual que yo, que detrás de cada mujer víctima de la violencia machista, de cada niña agredida sexualmente, de cada mártir de las violencias de género hay, al menos, un hombre y, no pocas veces, a ese hombre le conocéis.

No creo que tengáis muchas dudas de que los responsables de esos actos castigados en el Código Penal, si sienten esa impunidad y legitimidad, es porque no han escuchado suficientes veces vuestras voces y las de otros hombres diciéndoles día tras día: “déjala en paz”, “te estás pasando”, “no cuentes conmigo”, “necesitas ayuda”, “eres un machista”, “aléjate de ella”, “lo que haces es de miserables”, “te voy a denunciar”... “he sido yo el que te he denunciado”. ¿Cuántos de vosotros habéis denunciado o delatado a un maltratador o a un acosador? ¿Cuántos os habéis encarado a la violencia patriarcal? Mucho más fácil y cómodo es pensar que son las víctimas, que somos las mujeres, las únicas que tenemos que decir “no es no”. Sin embargo, muchas de las violencias que sufrimos se evitarían si vosotros dejarais de callar y consentir el sexismo y la violencia machista de quienes os rodean. No hace falta que os ‘convirtáis’ al feminismo, ni tampoco que escribáis un libro o participéis en un vídeo viral, bastaría con que fueseis vosotros mismos en la cotidianidad y si, siéndolo, nos siguen acosando, maltratando, humillando y asesinando a vuestro lado, es que sois parte del problema. También sois el problema.

Entiendo que para un hombre debe ser mucho más adaptativo no mirar a los ojos del patriarcado y acomodarse a él. Lo entiendo porque observo que cuando lo hacéis, su violencia y su desprecio también os golpea, os ridiculiza y os ningunea. Os he visto evitar que os llamasen “feminista” y sentiros dolidos cuando os han insultado llamándoos “maricón”. El sistema binarista y patriarcal que desprecia los derechos de la mujer y machaca todo lo que represente diversidad de género y sexual, no tiene piedad con los traidores y vosotros lo sabéis.

Por eso, os contáis mentiras para no verlo y ponéis excusas para no actuar porque luchar contra vuestro machismo y el de los que os hacen compañía significa encabezar vuestra propia cruzada contra un tipo de virilidad y masculinidad que vale tanto como para matar, maltratar o violar a una mujer. Es mucho más sencillo sumarse al feminismo que luchar desde vuestros espacios por borrar la violencia patriarcal. Eso implicaría autosignificaros en cada momento y lugar y, con ello vendrían los problemas y tener que renunciar al privilegio y las ventajas de ser un hombre en este mundo cis-hetero-patriarcal. Por tanto, no os extrañéis si el machismo que mata, viola, acosa y destroza a mujeres y niñas se gesta a vuestro lado y crece robusto, porque estáis haciendo poco o nada para podarlo.

Un luto masivo de color morado recorrerá el próximo domingo las calles de cada una de nuestras ciudades contra la violencia hacia las niñas y mujeres. Vosotros, los hombres, también iréis (ojalá). Pensad cuando lo hagáis, cuando toquéis nuestras pancartas o unáis vuestra voz a la nuestra que el cambio de mentalidad, de comportamiento y actitud también pasa por vosotros. Nuestra es la lucha de las mujeres, nuestros son nuestros cuerpos, nuestras las decisiones y el consentimiento… pero vuestra es la responsabilidad de que este machismo violento y violador no vaya a más. Debéis de comprender que sin vuestra propia revolución no será posible estar cerca del principio de su fin. Yo lo llamo Feminismo pero si eso os incomoda llamadlo Respeto y Humanidad.

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