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¿A qué Brexit se tendrá que hacer frente?

A menos que mediante alguna estratagema parlamentaria Boris Johnson consiguiera evitar que el Parlamento se pronuncie antes del 31 de octubre, el Reino Unido no podrá salir de la Unión Europea

Si no se produce el Brexit, tendrán que entablar entre todos ellos negociaciones para ver cómo se consigue superar la situación de parálisis. Un presidente en funciones sería un convidado de piedra

La Cámara de los Comunes celebra la crucial votación del "brexit"

Manifestantes protestando contra el "brexit" frente al Parlamento británico en Londres el 15 de enero. EFE

Una de las referencias que el candidato Pedro Sánchez mencionó expresamente en el debate de investidura fue el Brexit. Argumentó que hay que tener un Gobierno en plenitud de facultades y no un Gobierno en funciones para el momento en que se produzca el Brexit, que inevitablemente va a tener un impacto en nuestro país.

¿En qué tipo de Brexit estaría pensando Pedro Sánchez? ¿En un abandono definitivo de la Unión Europea por el Reino Unido o en una situación de parálisis como consecuencia de la incapacidad por parte del Gobierno y del Parlamento británico de tomar una decisión?

No creo que nadie tenga en este momento una respuesta para este interrogante. El referéndum sobre el Brexit tuvo lugar en 2016. En tres años el Gobierno británico no ha sido capaz de alcanzar un acuerdo con la Unión Europea susceptible de ser aprobado en la Cámara de los Comunes. Se ha tenido que prolongar el tiempo de negociación hasta el punto de que el Reino Unido ha tenido que participar como un país más de la Unión Europea en las elecciones celebradas el 26 de mayo.

Tras la sustitución de Teresa May por Boris Johnson como primer ministro se está dando por supuesto que el 31 de octubre se producirá con seguridad el Brexit, tanto si se ha podido alcanzar un nuevo acuerdo con la Unión Europea como si no. Parece ser que es la decisión que tiene ya tomada el nuevo primer ministro y que ha ordenado a su Gobierno que tenga preparado un plan de emergencia para la ocasión. Las reacciones que se están produciendo en los mercados, devaluación de la libra y cotizaciones a la baja en las bolsas, parecen indicar que la decisión tiene credibilidad y que el 31 de octubre el Reino Unido abandonará la Unión Europea.

Sin embargo, el obstáculo para alcanzar dicho objetivo sigue siendo para Boris Johnson el mismo que para Teresa May. En el Parlamento no hay mayoría para aprobar una salida del Reino Unido de la Unión Europea sin un acuerdo de separación. La mayoría frente al NO-ACUERDO parece ser incluso superior a la mayoría frente al acuerdo negociado por el Gobierno presidido por Teresa May. A menos que mediante alguna estratagema parlamentaria Boris Johnson consiguiera evitar que el Parlamento se pronuncie antes del 31 de octubre, el Reino Unido no podrá salir de la Unión Europea. Como no es verosímil que esa estratagema pueda ponerse en práctica, aunque pueda intentarse, lo más probable es que el Reino Unido continúe formando parte de la Unión Europea el 31 de octubre.

No es para el Brexit para lo que tendrán que prepararse los Gobiernos de los países de la Unión Europea, incluido el de España, sino para la parálisis de las relaciones entre la UE y el Reino Unido, como consecuencia de la parálisis interna en el sistema político británico. Tal como están las cosas en este momento sería más probable que fueran los países de la Unión Europea los que tuvieran que decidir cómo, en qué condiciones y hasta cuándo el Reino Unido puede seguir en la UE sin decidir de manera definitiva qué es lo que quiere hacer. El Reino Unido no parece encontrarse en condiciones de tomar la decisión. Quiere decirse, pues, que el 31 de octubre el Reino Unido no se va a poder ir. Serán los demás países de la UE los que tendrán que decidir si le permiten seguir o no en su estado de indefinición.

Para hacer frente a una circunstancia de esa naturaleza sería todavía más importante que se hubiera producido la investidura que para hacer frente al Brexit propiamente dicho. Si se produce el Brexit, la UE en general y cada Estado miembro en particular tendrán que reaccionar ante el hecho consumado. Pero si no se produce, tendrán que entablar entre todos ellos negociaciones para ver cómo se consigue superar la situación de parálisis. Un presidente en funciones sería un convidado de piedra.

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