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Una situación de impás

Pablo Iglesias

Rosa Regàs

Escritora, fue directora de la Biblioteca Nacional durante el primer Gobierno de Rodríguez Zapatero —

Vivimos una situación política tan desconcertante que las informaciones que nos llegan de lo que está ocurriendo no logran convencernos. Y si hartos de tanta incomprensión buscamos una salida, una explicación, nos damos cuenta de que rondan por el espacio mil interpretaciones más de lo que ha ocurrido y de lo que sigue ocurriendo y le damos otro par de vueltas a lo que hemos oído mil veces:

¿Por qué Pedro Sánchez ha repetido a todas horas y en todos los formatos la acusación que tanto ha gustado a ciertos medios de que Unidas Podemos no estaba interesada en debatir contenidos sino solo en reclamar sillones? ¿Acaso no sabe Pedro Sánchez qué poco se consigue en política si no se reclama y defiende desde un sillón? ¿O cree que quienes son poco más que invitados del gobierno tienen más posibilidades de conseguir un objetivo que los propios gobernantes? Defender un sillón es defender la posibilidad de llevar a cabo una reforma o impugnar con éxito una ley injusta.

¿Por qué, si Pedro Sánchez no consigue su mayoría ni siquiera con los votos de Unidas Podemos, se lo echa en cara a Unidas Podemos y minimiza su ayuda en cualquier ocasión? ¿Qué le hace pensar que la culpa es de ellos y no, si acaso de sí mismo, por no haber convencido a unos miles de votantes más?

¿Por qué la vicepresidenta en funciones o alguien a sus órdenes hizo pública una nota con las propuestas de Unidas Podemos cambiando “propuestas” por “exigencias”, nota de la que se han alimentado los medios sin parar y ha tragado convencida buena parte de la sociedad hasta que ha sido desvelado el engaño y aun así?

¿Por qué Pedro Sánchez, que solo cuenta con sus 123 escaños, lejos de los 176 que serían mayoría, cree que este resultado le autoriza no solo a gobernar completamente solo, lo que sería perfectamente legal si además no se creyera con derecho a exigir e imponerse a voluntad a quienes le ofrecen su ayuda, como ya hemos visto, y a no compartir ni una pizca de poder, aunque sea proporcionalmente con ninguno de los socios que están dispuestos a apoyarle? Y mucho menos a la derecha nos quiere hacer creer, a la que se ha cansado de recurrir en balde pidiéndole cuando no directamente que lo apoye en el debate de investidura, al menos que por su cara bonita, utilizando el sucedáneo de “por responsabilidad”, se abstenga.

Visto desde el punto de vista de la ciudadanía: ¿Qué nos ofrece el PSOE de hoy para convencernos de que Pedro Sánchez tiene genio suficiente para gobernar solo o al menos arrestos y agallas para hacerse con la situación, si no puede presumir ni de experiencia, ni de ideología sólida que le permita tomar decisiones de acuerdo con ella sin cambiar de opinión de un día para otro, y sobre todo si no es capaz de llegar a acuerdos con quienes quieran apoyarle, por estar cerca de sus ideas?

¿Es que por ventura sus pocos meses en el gobierno no muestran contradicciones que nos es imposible entender desde la solidez ideológica, como aquellas distintas y contrarias de autorizar y no autorizar a entrar en puerto español a los barcos cargados de refugiados medio muertos, sin alimentos, medicina ni agua, que habían sido recogidos de pateras a la deriva y condenados por los países de la UE a ser los presos del Mediterráneo por no poder recalar y sobrevivir en ningún puerto? ¿Condenados a seguir navegando sin recursos hasta la muerte? ¿Es esto lo que quiere la UE, es esto lo que Pedro Sánchez aceptó finalmente?

¿Acaso cuando ha llegado al poder ha cumplido alguna de sus promesas estrellas que nos hicieron temblar de esperanza? A modo de ejemplo, recordamos sus tres hit parade y vemos lo que ha ocurrido con ellas: Franco el dictador, sigue enterrado donde quiso estarlo, en el mismo mastodóntico lugar construido por miles de prisioneros republicanos, el mismo que durante décadas y aún hoy, público y turistas del mundo entero recuerdan sus crímenes con nostalgia. Lugar glorificado y bendecido por monjes benedictinos, como los de Montserrat, por cierto, donde ya en el año 40, el vencedor de la guerra civil más salvaje entraba al monasterio bajo palio.

¿Y qué pasó con la Ley Mordaza? Nada, qué va a pasar, ha entrado ya en las entrañas de la población y de la ley pasando a formar parte del ADN de los españoles. ¿Y de la Reforma Laboral cuya derogación el propio Pedro Sánchez le espetó directamente a la cara a Mariano Rajoy como la primera medida que tomaría en cuanto llegara al poder? Lo mismo, nada, y en este caso menos que nada porque el presidente en funciones ya se echó atrás públicamente: no habrá derogación de la Reforma Laboral, vino a decir de todas las formas posibles. Y ahí sigue, más inmóvil que un cadáver de mármol.

Sí, ya sabemos que antes Pedro Sánchez había conseguido defenestrar a Rajoy siempre con la ayuda imprescindible de Podemos, pero aquello poco tenía que ver con la gobernabilidad, ni con la experiencia, ni con el talento, aquello no fue más que el último y glorioso giro de un largo fouetté magistral y esperanzador que había tenido en vilo a los barones del PSOE durante meses, por el que en su momento final ya nos tomamos muchas copas.

Claro que no es a nosotros a quien ha de convencer ahora Pedro Sánchez de que este tren ya paró en su estación y salió, sino a los demás partidos a los que a la fuerza necesitará si quiere gobernar, a no ser que, como todo parece indicar, pudiera tener la fe puesta en nuevas elecciones. Pues ¿por qué no haberlo dicho antes y haber acabado de una vez con esa larga y aburrida pantomima de sí quiero no quiero, si quiere o no quiere?

Pues porque Pedro Sánchez no tenía más remedio que aceptar la ayuda que le ofrecía Unidas Podemos y hablar y hablar sin ningún objetivo más que dejarla con los votos en la mano, pero sin voluntad política, porque —aunque no le bastara para tener mayoría— era Podemos quien más que nadie, con su apoyo, había hecho posible el éxito de la moción de censura que le convirtió en presidente. Y a partir de entonces figuraba que eran tan amigos, tan de izquierdas los dos que no había nubes en su firmamento común. La cosa comenzó a estropearse enseguida y la actitud de Pedro Sánchez y los suyos cambió la forma de un posible acuerdo como tal para la Investidura que, ahora se ve claro, el PSOE nunca quiso o nunca pudo querer. Y de paso se lanzaban unos cuantos argumentos más contra Unidas Podemos, el único contrincante que tiene el PSOE hoy en la izquierda. Y que puede tener en el futuro.

Pero es que hay más, mucho más:

Señores del Ibex, ¿apoyarían ustedes y financiarían un partido, por obediente que fuera, que compartiera el poder con Unidas Podemos? ¡¡¡¡Nooooo!!!!

Así que no había más remedio que dejar pasar el tiempo: esto parece que ha sido y sigue siendo el objetivo de tanta conversación cargada de propuestas no oídas, conversaciones sin sentido, acusaciones basadas en malentendidos o manipulaciones, y días y más días con nuevas explicaciones incomprensibles a tanto desapego. Mientras tanto se daba (y no lo olvidemos, se sigue dando) tiempo a Ciudadanos, el socio preferido del poder, a calibrar lo que le recriminan sus socios europeos y sus fundadores nacionales, dejar de lado las rabietas juveniles y las frivolidades ultraderechistas y pasar a formar parte de un gobierno que, a ellos, el PSOE sí le habría concedido sillones a mansalva.

Bueno, pero ¿y si Ciudadanos se encasquetaba en lo suyo? Pues que fuera el PP el elegido, cualquiera de los dos que los dos dan mayoría, o los dos a la vez que ya se sabe cómo por minúsculo y mal pagado que sea tienta el poder que se nos ofrece tras la hecatombe sobre las llamadas ideologías que decimos defender, y cuán golosas son sus ventajas en tiempos difíciles.

Ahora parece que todo ha cambiado, pero no ha cambiado tanto, aunque a nosotros nos parezca que además de políticamente aburrida y decepcionante, estamos viviendo una situación de profundo y peligroso impás. Pero no es así como parece verlo Pedro Sánchez, al que vemos al margen de todo gastando las horas que le quedan en diálogos y debates con quienes, por mucho que se invente, nada pueden hacer por darle el gobierno que anhela. Y es que quizá no lo veamos del todo claro, pero el objetivo está en otro lugar.

Y entonces, ¿qué pasa con ustedes, con sus previsiones y apuestas, señores del Ibex?

Nada, no pasa nada, no tienen más que dejar pasar los días oyendo nuevas invenciones inútiles para el objetivo, tener paciencia hasta el próximo 23 de septiembre y seguir dándole tiempo para pensar y decidir al furtivo Rivera de Ciudadanos, sumergido en tantas contradicciones como nos tiene acostumbrados. Ya se decidirá.

Pero aunque no tomara el rumbo que se le ofrece con tanto tiempo para meditar y tantos subterfugios para justificarlo, y Ciudadanos por una vez se mantuviera en lo dicho y fuéramos a unas nuevas elecciones en las que sin duda habrían cambiado de dirección infinidad de votos, a ustedes, los señores del Ibex, no les pasaría nada, nada de nada, porque como nos viene a decir Eric Vouillard, el inteligente y dotado autor de El orden del día, en cada página de su última, increíble y lúcida novela, ustedes sobreviven a cualquier error, hecatombe o traición cometidas o recibidas, y con su poder inexpugnable resisten como nadie al paso del tiempo.

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