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VÍDEO | El Topo, un periodismo para contarnos

El periódico sevillano El Topo lleva más de un año produciendo contenidos comprometidos con la realidad glocal y generando comunidad.

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El día comienza cuando un hombre tiende su ropa con los primeros rayos de sol de la mañana justo antes de irse a trabajar; cuando Irene va de la mano de su madre a hacer la compra de la semana. Todo comienza cuando nos levantamos para ir trabajar, o a echar otra tanda de currículums porque las oportunidades tardan en llegar. La vida comienza cuando disfrutamos del sol en mangas cortas en nuestra plaza cuando se acerca la primavera, o cuando estiramos los últimos 10 euros de la comida del mes para comer una semana más. La vida es lo que ocurre cada día en cada barrio, en cada municipio y en cada ciudad. ¿Quién nos narra la vida? ¿quién decide cuáles de nuestras historias han de ser contadas? ¿Por qué construyen nuestra realidad?

La vida comienza por lo cercano; las redes se tejen desde la proximidad de nuestras casas, terrazas y azoteas. Desde ellas interpretamos lo que nos llega, lo que viene de fuera y desciframos bajo las claves de nuestra memoria colectiva. Esa que creamos en plazas, calles y parques. Esa que nos ayuda a establecer nuestra hoja de ruta y que nos deja ver nuestros antecedentes. El periodismo local se ha olvidado de su cercanía, nos cuenta la realidad global sin atender a nuestras claves locales, las del aquí y del ahora. No nos deja imaginar ni generar nuevos lenguajes con los que narrarnos, porque nos narran. Nos ofrecen un producto empaquetado, la información, cuando la vida es un proceso; el periodismo es un proceso.

El periódico El Topo

 comienza por lo cercano. Creado desde Sevilla y con un año de camino andado, El Topo es un periódico bimestral editado en papel que se distribuye de manera libre. Se esfuerzan, como ellas mismas aseguran, por «producir contenidos posicionados e independientes», siendo conscientes de que la objetividad es un mito, un pacto entre medios tradicionales que se niegan a reconocer la subjetividad que nos habita. Defienden el libre acceso al conocimiento y por eso sus 1000 ejemplares bimensuales son liberados en la ciudad.

Desde El Topo trabajan por construir una realidad poliédrica, que no esté basada en las realidades inmutables de los mass media y que se erija desde abajo, desde el contacto con la realidad y la colaboración con la ciudadanía. Un medio hiperlocal que sirve de enlace de reunión, cooperación, intercambio y ensamblaje social para que todas podamos juntarnos. Y cuestionarnos, ser críticas y podamos cuidarnos en la red que tejemos. Un espacio de reflexión en torno a información veraz, que nos ayude a comprender una realidad multifocal y desde la que visibilizar nuevos imaginarios sociales que creamos en comunidad.

«Nos interesan las miradas y los saberes que ponen en relevancia la insostenibilidad del sistema y las experiencias que muestran caminos para revertir esta situación», afirma su equipo. Porque El Topo se hace colectivamente, con proyectos que «construyen una realidad deseable y que nos muestran una vida que merece ser vivida». Una realidad que desde hace mucho tiempo ha sido construida desde arriba, dejándonos fuera de nuestra propia historia.

Pero este modelo, el que sustentan las empresas de los medios de comunicación, sabemos que está en crisis desde hace tiempo. No solo su forma empresarial, sino su periodismo. Uno que es siervo de sus amos, la economía y la política. Hace tiempo que nos dimos cuenta de que sus verdaderas dueñas debíamos ser todas, porque los periodistas no son los propietarios de la información, sino sus depositarios. Es por eso por lo que hacen falta medios independientes, y para ello, se requieren de fuentes de financiación independientes. El micromecenazgo es una de esas formas, ya que permite defender un espacio de producción periodístico de calidad. El crowdfunding es el garante de un compromiso con los lectores; una forma por la que los periodistas vuelven a rendir cuentas a los lectores.

Desde El Topo saben que la información debe estar fiscalizada por nosotras, las ciudadanas, y es por ello por lo que ahora están inmersas en la  segunda ronda de un crowdfunding que avale su sostenibilidad y su autogestión en su segundo año de vida. Quieren seguir compartiendo con nosotras, de ahí que pidan ayuda para seguir produciendo contenidos con tiempo de calidad. Una forma de colaboración distribuida que ofrece una alternativa a los modelos hegemónicos con valores sociales más responsables. Es un camino mediante el que poder seguir aportando a la comunidad que hemos ido tejiendo, de seguir produciendo contenidos libres y críticos; una manera desde la que seguir formando parte de la realidad de nuestras vidas.

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