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Granada "pierde un año" y el PP pierde una plaza

El último año en el Ayuntamiento de la capital granadina se ha caracterizado por un Gobierno del PP en minoría y acuerdos puntuales e inmovilismo

Ciudadanos, partido clave en toda una encrucijada que primero permitió a Torres Hurtado (PP) ser alcalde y luego ha hecho lo propio con el socialista Paco Cuenca

La supuesta trama de corrupción urbanística denominada ‘Operación Nazarí’, clave en el presente y futuro político de la ciudad

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El exalcalde de Granada proclama su inocencia y cree que la causa "quedará en nada"

El exalcalde de Granada Torres Hurtado EFE

Cuando hace ahora un año el Partido Popular de Granada ganaba las elecciones ya imaginaba que no sería un camino de rosas. Y ha terminado "perdido" según la oposición y sin duda con la pérdida de una plaza importante para el PP justo antes de las segundas elecciones generales el 26J tras una vistosa detención relacionada con corrupción urbanística.

El hasta entonces alcalde Torres Hurtado se enfrentaba por primera vez en la alcaldía a tener que llegar a acuerdos con alguna formación que les permitiera, a él y a su partido, mantener el bastón de mando del Consistorio granadino.

No obstante, habían sido víctimas de un efecto contagio que llegaba directamente desde Madrid y de la sede de Génova del Partito Popular a nivel nacional. Los innumerables casos de corrupción en la cúpula, o cerca de ella en el PP, así como el desgaste de tantos años de gobierno debilitaron el número de votos obtenidos por la formación en los comicios municipales del 24 de junio.

Hasta entonces Torres Hurtado había sido intocable en Granada. Hasta entonces había encadenado tres legislaturas en mayoría absoluta. Pero también desde Madrid, también por contagio, llegó Ciudadanos para quitarle votos y de paso entrar por primera vez en el Ayuntamiento de Granada pidiendo su cabeza. Al igual que hacía Podemos, que en la capital, mediante las siglas de Vamos Granada casi obtenía los mismos votos que la formación naranja. Se acababa así con un Consistorio muy polarizado en el que básicamente PP (con mucha fuerza) y PSOE se repartían los concejales cada cuatro años.

Los populares se enfrentaban a una victoria por la mínima en la que habían logrado once sillones en lugar de los dieciséis de la última mayoría absoluta lograda en 2011. Una situación que no les permitía gobernar y que incluso abría la puerta a que la oposición ganase la alcaldía doce años después de perderla. Ciudadanos se convertía con cuatro concejales en la muleta que PP o PSOE, con ocho concejales, necesitarían para poder erguirse al frente del Ayuntamiento de Granada.

El apoyo cayó hacia el lado de los populares tras varias semanas de negociaciones. Pero Ciudadanos puso sobre la mesa un acuerdo de gobernabilidad que incluía como condición sine qua non que Torres Hurtado abandonase la alcaldía tras las elecciones generales de diciembre. Entendían que el alcalde no estaba capacitado para seguir al frente del Consistorio tras la anterior legislatura en la que según el líder de Ciudadanos, Luis Salvador, habían surgido "múltiples conflictos en todas las áreas municipales". Conflictos que a partir de julio del pasado año volverían a la palestra.

Primero porque la televisión municipal (TG7) viviría una auténtica convulsión después de que algunos trabajadores se quejasen de prácticas extrañas en su funcionamiento. Aquello acabaría con la dimisión de la directora del medio y del concejal encargado del mismo, José Antonio Fuentes.

Un par de semanas antes el propio Torres Hurtado sería protagonista a nivel nacional tras hacer un comentario machista en el que consideraba que las mujeres "cuanto más desnudas, más elegantes". Para su fortuna y para la de los populares granadinos, Ciudadanos hizo de escudero en todos estos casos y echó balones fuera contra la alcaldía del PP en Granada y permitió en todo momento que, aunque erráticamente, el equipo de Gobierno municipal siguiese adelante.

Isabel Nieto, el punto de inflexión con Ciudadanos

Así sería la tónica general hasta noviembre. Momento en el que, como si del prólogo de una novela se tratase , la concejala de urbanismo, Isabel Nieto, se vería directamente implicada en un caso de supuesta corrupción urbanística que la declaraba como imputada . El caso no era otro que el Caso Serrallo en el que la construcción ilegal de una discoteca en zona verde y destinada a la puesta en marcha de un parque infantil había empezado a destapar irregularidades en el convenio firmado para aquella obra que contravenía el propio Plan General de Ordenación Urbana de la capital.

Fue entonces cuando Ciudadanos rompió el acuerdo de gobernabilidad con los populares al entender que la dimisión de Nieto era necesaria y que esta, a pesar de las advertencias, no se producía. Una situación a la que Torres Hurtado respondío enrocándose en el sillón de alcalde de Granada. Desde ese momento obviaría, porque no lo necesitaba ya, que le habían reelegido como primer edil con la condición expresa de que se marchase a finales de año.

Aquello encendió la mecha que podía dinamitar el Gobierno de los populares granadinos. Si bien Ciudadanos y el PSOE llegaron a hablar de la opción de una moción de censura, nada de eso tuvo lugar. Al contrario. El alcalde siguió siendo el alcalde y la ciudad pasó a estar en una situación compleja. El Gobierno en minoría del Partido Popular se cristalizaba en inmovilismo al no poder hacer frente a casi nada sin los apoyos puntuales de la oposición. Todo ello con muchos asuntos de peso sobre la mesa entre los que la llegada del AVE seguía siendo una de las principales preocupaciones.

La última gran medida que tomaría Torres Hurtado como alcalde tendría que ver precisamente con una medida que él había llevado a cabo una década antes. El cierre progresivo del botellódromo ubicado junto a la Huerta del Rasillo en Granada y que había sido caballo de batalla de gobierno y oposición durante los últimos años. Esa clausura se planteó con un calendario pensado para que los partidos en la oposición se pudiesen mostrar a favor de ello sin que el propio alcalde faltase a su propia palabra al haber sido él el impulsor de aquel recinto. Además, como gesto simbólico, los populares prohibieron por primera vez la celebración del macro botellón que tiene lugar en la conocida como ‘Fiesta de la Primavera’.

La corrupción urbanística acaba con Torres Hurtado

Semanas después de aquello la mecha finalmente llegó a la dinamita y explotó. La UDEF realizó una serie de detenciones el pasado 13 de abril en la capital entre las que se incluyeron la del alcalde Torres Hurtado y la de su controvertida concejala de urbanismo, Isabel Nieto. Detenciones que se realizaron en el marco de la ‘Operación Nazarí’ que daba un paso más allá en el Caso Serrallo que ya había iniciado su investigación dos años antes y que ahora señalaban como responsable directo al máximo dirigente del Consistorio granadino.  Un poco de teatralización de los acontecimientos y algunas declaraciones cruzadas entre él, su propio partido y la oposición, no sirvieron para frenar lo inevitable: su marcha del Ayuntamiento.

Se hizo efectiva a través de una dimisión forzada pero pactada. Torres Hurtado presentó su renuncia asegurándose antes de que Sebastián Pérez, su caballo de Troya particular, primer teniente de alcalde y presidente de los populares en Granada, se fuera con él. Así puso fin de manera precipitada a la que iba a ser su última legislatura como alcalde. Así puso punto y final también a trece años de Gobierno ininterrumpido del Partido Popular en la capital de la Alhambra.

Porque aunque el PP lo intentaría al presentar a una de sus concejalas mejor valoradas, Rocío Díaz, la oposición en el Ayuntamiento (Ciudadanos, Vamos Granada e Izquierda Unida) decidió unirse mediante un pacto de investidura para derrocar a los populares y otorgar su confianza al PSOE de Paco Cuenca, quien había sido su portavoz y candidato a la alcaldía desde 2011. Un acuerdo se plasmó el pasado 5 de mayo con el gGobierno en minoría de los socialistas aunque con el apoyo, de momento, de toda la oposición a excepción del PP.

Desde entonces, el escenario es el de una carrera de velocidad y no de resistencia como la que había protagonizado Torres Hurtado en los últimos meses. El nuevo alcalde, Paco Cuenca, ha iniciado un mandato en el que quiere abarcar multitud de asuntos en poco tiempo. Probablemente consciente de la dificultad que tiene al haber asumido un Gobierno en minoría, con apenas ocho concejales, y con la posibilidad de una moción de censura en el aire al no haberse ejecutado aún ninguna en la presente legislatura que ya ha contado con tres alcaldes en la capital. Torres Hurtado, García Montero en funciones y el propio Cuenca.

Por detrás, según la oposición, "un año perdido" para la ciudad de Granada. Por delante, muchos retos. Desde la finalización del metropolitano de la capital, la llegada del legado de Federico García Lorca al centro construido para su figura hasta la puesta en marcha del AVE en Granada con soterramiento o sin él de las vías en el barrio de la Chana. Todo ello con la investigación de la Fiscalía y la UDEF en la ‘Operación Nazarí’ como telón de fondo.

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