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Santolea, el pueblo expropiado para construir un embalse que quiere mantener su memoria

Embalse de Santolea.

Elisa Alegre Saura

Teruel —

La torre mudéjar de Santolea fue lo último en caer, dinamitada en los años setenta para borrar del todo este pueblo del mapa. Antes habían caído las casas con la excusa de “evitar el expolio y para que a la gente no se le ocurriera volver”, explica una de las descendientes del pueblo, Laura Berné. Su madre abandonó este pueblo de Teruel de niña, pero para ella siempre ha estado muy presente en casa, donde su abuelo recibía a sus vecinos para recordar aquellos otros tiempos.

Ella preside la Asociación Cultural Santolea Viva, que nació en 2009 a partir de la reunión anual de 200 vecinos y descendientes y con la que quieren pedir “dignidad” para lo que queda -como el cementerio- y “memoria” para que la gente que visita el embalse recuerde lo que un día fueron aquellas tierras y sus gentes.

Santolea era en sus tiempos cabecera de una comarca a la que por aquel entonces se la conocía como ‘La Concordia’, “seguramente porque entre sus vecinos se llevaban bien”, según Miguel Perdiguer. Era un pueblo agrícola “mejor que los otros porque tenía más huerta, pasaba el río por allí y el resto eran todos de secano”. Perdiguer, a punto de cumplir 100 años, es uno de los últimos vecinos que vivieron en Santolea y uno de los pilares de esta asociación, junto a José Aguilar, que dedicó su jubilación a recoger la vida del pueblo y a Enrique Royo, ya fallecido.

Perdiguer atrapó esa vida 'robada' con su cámara fotográfica, que ahora ha permitido montar una exposición fotográfica sobre la vida del pueblo, que puede verse en la Biblioteca de Alcañiz (Teruel) hasta el 24 de junio. Empezó a tomar estas imágenes “con una maquinilla pequeña” que todavía conserva y por la que pagó 12,9 pesetas, una cantidad que le costó mucho reunir en su época de estudiante de Bachiller, según explicaba durante la presentación de la muestra.

Expropiados por la CHE

Entre los años 30 y 60 del siglo pasado, la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE) expropió a los vecinos, a cambio de tierras de regadío en otros municipios, y derribó sus casas y la iglesia, a excepción de un par de edificaciones que se mantuvieron para quienes la Confederación había arrendado unas tierras de cultivo cercanas.

La presidenta de la Asociación Santolea Viva, Laura Berné, denuncia que el pantano que “nunca inundó las viviendas ni la iglesia, pese a lo cual fueron reducidas a ruinas”. Esas decisiones y el tiempo el amenazan con arrastrar al olvido lo que Santolea fue.

Desde su origen la asociación lo que quiere es que la Confederación y el Ayuntamiento de Castellote, del que dependen estas tierras, se impliquen para devolver la “dignidad” a lo que queda: “Que el cementerio se mantenga dignamente, y que la gente que tenga a sus padres pueda ir a visitarlos”, explica Laura.

Y piden también mantener la memoria, con una iniciativa aparentemente tan sencilla como habilitar un área recreativa en la zona que era el calvario, “que se llevaron piedra a piedra”, arreglar una capilla que hay allí y colocar paneles informativos con la historia del pueblo. “Ya lo hemos pedido en el pasado y siempre ha habido buenas palabras y nada más” recuerda.

Mientras tanto, con la exposición quieren “rendir homenaje a las personas que tuvieron que abandonar sus casas y tierras y que perdieron su patrimonio y raíces injustamente”, recuerda Laura, porque “la construcción del embalse no tenía por qué llevar pareja la destrucción del pueblo”.

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