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Una ecuación letal

Al yihadismo le favorece la islamofobia porque radicaliza a los musulmanes y a la extrema derecha le da votos el terrorismo yihadista.

Nuestras ciudades se han convertido en escenario de una guerra global en la que nosotros no somos más que la carne de cañón y los daños colaterales. La gente va a seguir muriendo mientras sigan haciendo negocios con el terror.

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Después de cada nuevo atentado yihadista se repite la misma secuencia. Nuestros dirigentes se golpean el pecho y prometen redoblar la seguridad, aumentar la vigilancia y perseguir por tierra, mar y aire a los terroristas. A veces bombardean durante unos días en desiertos lejanos para calmar las tormentas cercanas. Mientras duran la atención y la indignación popular, enseñan mucho los dientes. Luego se les pasa y vuelven a lo de siempre. A hacer negocios y hacerse fotos con quienes financian al islamismo radical.

Al ala más dura se ha sumado Theresa May tras el atentado de Londres. La primera ministra británica ha dicho que ha habido “demasiada tolerancia con el extremismo”. Nadie tendría culpa más que ella porque ha sido responsable de Interior los pasados seis años. Pero después de dos atentados seguidos en su país en plena campaña electoral, necesitaba una declaración de fuerza, así que se ha enfundado el traje de Thatcher y ha dicho que basta de ser tan blandos, que ha llegado el momento de la mano de hierro.

Es la tónica dominante. Trump ha aprovechado también para justificar su veto a musulmanes y machacar con su propaganda racista. En todo Occidente, se alzan voces que llaman a la Cruzada contra el moro invasor y culpan del terrorismo a la multiculturalidad y al buenismo de la izquierda que le abre los brazos a terroristas disfrazados de refugiados y responde a las bombas con flores. La sangre llama a más sangre. Los radicales de un lado encienden a los del otro en una espiral violenta de consecuencias aterradoras.

Es lo que los terroristas persiguen y conviene al conservadurismo occidental. Al yihadismo le favorece la islamofobia porque radicaliza a los musulmanes y a la extrema derecha le da votos el terrorismo yihadista. Al Brexit, a Trump, a Le Pen y demás ultranacionalistas, el terror los impulsa, que no nos engañen. La ecuación es letal porque se retroalimentan. Me temo que vamos a unos años aún peores en los que el terrorismo islámico se recrudecerá y promoverá entre nosotros el ascenso del fascismo, la militarización y el estado policial. Vamos hacia la “israelización” de nuestra sociedad.

Habría que empezar a asumir algunas verdades incómodas que el discurso belicista y xenófobo trata de ocultar. A saber, que nuestras ciudades se han convertido en escenario de una guerra global en la que nosotros no somos más que la carne de cañón y los daños colaterales, como lo son los civiles de los países musulmanes. Que excepto para ganar elecciones, no les importamos nada a esos dirigentes que nos han traído la guerra a casa por defender intereses empresariales en el exterior. Que la guerra también les beneficia por lo que es estúpido creerse sus lamentos y alentar sus políticas del miedo. No les demos más leña.

Somos las víctimas de un choque de civilizaciones, naciones y multinacionales al que jamás pondrán fin pues sólo puede terminar si acaban el capitalismo y el fanatismo que lo provoca y les alimenta. Lo único que podemos hacer cabalmente es oponer tolerancia, cooperación, desarrollo y progreso a su lógica de desigualdad, pobreza y odio. Pero por ahora, la gente va a seguir muriendo mientras sigan haciendo negocios con el terror. A lo mejor es a esto a lo que los historiadores venideros llamarán la Tercera Guerra Mundial.

MARTES A LAS 10H, EN WWW.CARNECRUDA.ES: RAÚL ZURITA, el poeta del horror, el Bolaño de la poesía chilena.

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