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Palabra de marinero

Qué sorpresa, nunca se me habria ocurrido pensar que el Sr. Bono fuese a decir sentencia tan profunda y enjundiosa. En fin, el Sr. Bono, por fortuna para la política española, está amortizado. SixtoCamara

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Pues a mí no me sorprende nada que José Bono prefiera entenderse con el PP que con Cayo Lara, aunque ha precisado que eso sólo le sucede “en momentos de dificultad”. Será la impronta indeleble de una formación en manos de los jesuitas, porque da la impresión de que Bono evoca el consejo de San Ignacio de Loyola: en tiempo de tribulación, no hacer mudanza. Sin duda Bono se refiere a que, cuando vienen mal dadas, hay que atenerse a lo esencial y apartarse de las pompas de Satanás, que es comunista, como todo el mundo sabe. Lo esencial: el PSOE de Suresnes es un partido conservador, confesional, monárquico, partidario de la OTAN, defensor de la enseñanza privada y de que España irá mejor cuantos más Rockefeller millonarios tengamos (como dijo Felipe González).

En este sentido, quizá Bono se comporta con más dignidad que sus secuaces. ¿O no es una desfachatez ver a Herr Rubalcaba desgañitarse con que van a denunciar el Concordato, cuando han estado más tiempo que nadie en el poder y no han movido un dedo?

En cuanto están en la oposición un rato, ya les entran picores, sudan frío y se apodera de ellos una agitación sobrenatural, no pueden resistir la abstinencia y al final se comportan como un señorito perdis (así se decía en otras épocas) que está dispuesto a dar palabra de matrimonio a la criada con tal de llevársela al huerto, y después, si te he visto no me acuerdo. Ahora sí van hacer lo que durante veinte años en el poder no tuvieron ni la más mínima intención de hacer. El cambio del cambio. Hemos captado el mensaje. Siempre igual, son de traca.  

Lo más ingrato es el papel que nos endosan a los ciudadanos: el de la chacha tonta que se deja engatusar por el señorito calavera. Los que, en lugar de devocionarios, leíamos a Dickens y a Galdós, ya sabemos cómo acaban esas chicas ingenuas que se entregan a los señoritos: en el arroyo. El PSOE es como Juanito Santa Cruz, que llegaba a creerse sus propias patrañas, y hasta se sentía a ratos reformador social y revolucionario. Al menos Bono tiene la decencia de no engañarse a sí mismo ni a nadie: él es un caballero de derechas que nada tiene que ver con esos gañanes de la izquierda. Y está, por supuesto, donde debe estar, en el PSOE, con los suyos, donde, según ha dicho, “se siente querido”.

La propia Fortunata no ignora su tragedia: si se hubiera enamorado de un obrero, habría sido feliz. Pero se dejó seducir por un señorito. Como nosotros. Deberíamos tomar ejemplo de Mauricia la Dura. Si no saben a qué me refiero, tienen mucha suerte: pueden leer por primera vez Fortunata y Jacinta, y apagar la tele para no pasar vergüenza ajena viendo las zalamerías y marrullerías de que es capaz el PSOE en cuanto lleva algún tiempo alejado del poder y no aguanta más la calentura.  

No sé a Bono, pero a mí todo este circo del PSOE también me ha traído a la cabeza otra reflexión ignaciana: ¿de qué sirve ganar el mundo si pierdes tu alma?

Al PSOE le pasa lo que Galdós dice al final de la novela de Juanito Santa Cruz: el horizonte está ya a sus espaldas.

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