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CATALUNYA

La confesión que hizo enloquecer a la 'abuela convergente'

La pieza teatral A tots els que heu vingut retrata con ironía la quintaesencia de las abuelas convergentes que tenían una fe ciega en Jordi Pujol

Marc Rosich dirige, hasta el 6 de mayo, en la Sala Petita del TNC esta tragicomedia que nace de la confesión del ex presidente de la Generalitat en 2014

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La actriz Mercè Arànega interpreta a la 'abuela convergente' que protagoniza 'A tots els que heu vingut' David Ruano/TNC

La tarde calurosa del 25 de julio de 2014 Jordi Pujol confesó que tenía dinero sin regularizar en el extranjero. La noticia produjo un "cataclismo" a la familia de Magda Casals de Clarà (Mercè Arànega). Para esta "abuela convergente de derechas y del Eixample", como la define su creador, Marc Rosich, la revelación supondrá no sólo una sorpresa sino todo un trastorno. Acaba de perder a su marido, un comerciante de la Enciclopedia Catalana, y el anuncio del hasta entonces 'molt honorable' provoca una caída a los infiernos. "La profesión del padre significa que la familia se había dedicado a vender patria, y por eso el cataclismo es mayor. Después de infidelidades, traiciones, el único lazo que les unía se rompe", afirma el dramaturgo.

A tots els que heu vingut retrata una señora que está en una fase acelerada de enloquecimiento, "llegando a puntos de gamberrismo, atreviéndose a hacer y decir todo lo que no se atrevía antes, lo que hace plantearse si no hubiera sido mejor que lo hubiera sacado todo antes", dice la actriz Mercè Arànega. Con la confesión de Pujol afloran asuntos familiares turbios -un matriarcado compuesto por una hermana (Lurdes Barba), dos hijas que tienen opciones políticas y vitales opuestas (Montse Esteve y Àurea Márquez) y una nieta inactiva (Mireia Pàmies)-, pero también la decisión de la madre de instalar en casa un sin hogar (Carles Gilabert) con pasado anarquista que le ayuda a convertirse en una anarquista de derechas. "Ella quiere que le enseñe a cagarse en todo", explica Rosich.

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La escenografía quiere reflejar la idea de 'retablo de la catalanidad' con aires Kitsch David Ruano/TNC

Magda Casals protagoniza la primera parte de la obra y se erige en representante de "las mujeres mayores a las que les cayó un mito y no entendían el mundo tal como lo habían entendido", dice Rosich sobre el impacto de la confesión de Pujol. La segunda parte desemboca en "la batalla de reinas" entre las dos hijas: una la oveja negra de la familia y la otra la gran triunfadora. En una primera versión las hijas así como el resto de personajes adscribían a otros partidos políticos, pero lo eliminaron: "Prefiero la ambigüedad que el espectador no tenga claro si estos personajes son de la CUP, de ERC o socialistas", sostiene Rosich. Con todo, considera que no es una obra política, sino una tragicomedia o melodrama con puntos de esperpento que quiere hacer un "retablo de la catalanidad", centrando la atención en la familia arquetípica de la burguesía del Eixample barcelonés. "A partir de las mentiras, las ilusiones y las miserias enseñamos el alma catalana. La ironía es un punto de partida para reflexionar qué nos ha pasado a toda la sociedad en general", afirma el autor.

El director del Teatre Nacional, Xavier Albertí, destaca que en ningún caso la obra "no es una sátira política que ataque nadie. Habla de cómo el marco familiar ha perdido las certezas". Marc Rosich no ha hecho una ficción política, sino un retrato familiar, donde la ironía es una herramienta para hablar de pérdidas inesperadas. El dramaturgo se ha inspirado en la sociedad que retrata Llorenç Villalonga a Mort de dama y ha impregnado la obra de la estética de los personajes de La Cubana y las primeras películas de Pedro Almodóvar. Las canciones de Núria Feliu sirven de bálsamo y están presentes a lo largo de la obra, con música que toma como punto de referencia acuerdos de sus canciones, y la escenografía quiere reflejar la idea de retablo mediante un pasillo a través del cual se ven todas las habitaciones y que los personajes recorren en todo momento, por tratarse de uno de los pisos del Eixample que están partidos entre la parte delantera y la parte de atrás. Predomina la decoración kitsch y el mal gusto. Con este retablo "el alma catalana" es frágil y vulnerable. Gaziel escribe que "los catalanes vamos por la historia como un alma en pena buscando en quien reencarnarse". Añadimos que cuando esta alma encuentra alguien en quien identificarnos, el agradecimiento es tan grande que nos afecta emocionalmente. Entonces es muy fácil, prácticamente inevitable, que nos engañen. ¡Y Catalunya no se lo merece! La señora Casals de Clarà tampoco.

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