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La difícil tarea de frenar millones de ablaciones en los próximos 15 años

La educación ha frenado la ablación en las tribus kenianas

Blanca Blay

“Estaba sentada en el suelo, con la ropa que le pusieron, la cabeza llena de oro y regalos pero en la cara se le notaba una tristeza muy grande”, recuerda Bombo N’dir de su compañera de colegio el día que fue a visitarla a su casa. Era el día después que ésta se ausentara de la escuela para que le practicaran “el ritual”.

Según los últimos datos de UNICEF, publicados este viernes, se calcula que al menos 200 millones de niñas y mujeres en todo el mundo -de las cuales 44 millones menores de quince años- han sufrido la mutilación genital femenina, una práctica considerada una violación de los derechos humanos. Por primera vez y desde 2015 la ablación se ha abordado desde Naciones Unidas como una prioridad entre los Objetivos de Desarrollo Sostenible, marcándose como referencia el año 2030 para acabar con esta práctica. Si la tendencia actual continúa, sin embargo, para 2030 aproximadamente 15 millones de niñas más en todo el mundo sufrirán algún tipo de mutilación genital.

Tras visitar a su compañera, N’dir, ahora integradora social, agente comunitaria de salud y presidenta de la Associació de Dones Immigrants Subsaharianes (ADIS), volvió a casa. ¿Por qué a ella le hacen este ritual y a mí no? Preguntó a su madre. “Nuestra etnia no hace esto, nosotros somos wolof”, le respondió ésta. No hubo más preguntas. Más adelante, sin embargo, cuando N’dir creció aparecieron las preguntas, y las respuestas. “Me dí cuenta que mi amiga pasó de ser una persona radiante a estar triste y entonces me enteré que le habían hecho la mutilación”, explica. En 1999, un año antes de que N’dir dejara Senegal, el país africano prohibió la mutilación genital femenina.

A los 36 años, sola y embarazada de ocho meses, llegó a Catalunya para intentar diseñar un nuevo camino en su vida. Junto con unas amigas creó ADIS para tener voz propia y para generar un punto de encuentro sobre temáticas que van desde la mutilación genital femenina al matrimonio forzado o la cooperación. Hoy N’dir es considerada una de las voces expertas sobre esta temática.

Prevalencia y tendencias de la MGF

Aunque la MGF es condenada por múltiples tratados internacionales y convenciones, así como por legislaciones nacionales, todavía se practica en 30 países, la mayoría concentrados en el tramo que va de la costa atlántica hasta el cuerno de África.

Aunque pueda generalizarse el desarrollo de este ritual en ciertas zonas, las prevalencias son muy distintas en función del país y de hecho la mitad de los casos ocurren en tres países: Egipto, Etiopía e Indonesia. Según datos de UNICEF mientras que en países como Somalia, Djibouti o Guinea la prevalencia en niñas y mujeres se sitúa por encima del 90%, en otros como Camerún o Uganda afecta sólo al 1%. N’dir añade que por ejemplo en Senegal, la prevalencia es más elevada en los pueblos cercanos a la frontera con países donde se practica más. Esto se explica, según ella, porque las familias cruzan la frontera para ir a países como Gambia, Guinea o Mali y practicar la ablación a sus hijas.

Lo que también varía mucho de un país a otro es la percepción que predomina sobre la mutilación. Un informe del Fondo de Naciones Unidas para la Infancia revela que en 19 de los 30 países donde se concentra la MGF -en África y Oriente Medio- la mayoría de chicas y mujeres piensan que debería eliminarse. La gran pregunta, sin embargo, es cómo.

La educación como herramienta de cambio

“Allí es un tema muy tabú y las mismas mujeres que lo han sufrido no hablan de ello, la sexualidad no es algo de lo que se hable”, admite N’dir. Para ella la gran esperanza está en la educación. “La educación es una derecho primordial para conocer su cuerpo y descubrir qué es la mutilación genital femenina y decidir. Desde la educación el cambio se puede promover pero la pobreza también es una razón de que muchas tradiciones sigan activas”, asegura. Para ella la lucha contra la ablación debe implicar a múltiples actores, desde instituciones, Estados, sociedad civil y dirigentes religiosos.

Preguntada por cúal es el modelo a seguir, cita el ejemplo del modelo Tostan, una ONG en Senegal que lleva en su lucha los derechos humanos y poner fin a la MGF, con un programa de tres años que empiezan desde la educación y van hasta la salud, hablando de los derechos humanos, la higiene o la toma de decisión. “Esta fórmula ayuda aunque siempre hay los récalcitrant, los resistentes”, explica.

“‘Todas las mujeres tienen que ser mujeres casadas y para ello deben estar mutiladas’, se dice allí. Hay que cambiar este tipo de acuerdos, enseñar que para tener un valor, un reconocimiento y un estatus hay otras maneras”, remarca la activista.

Complicaciones para la salud física y mental

Aunque las consecuencias dependen del tipo de ablación que sufra la persona -hay hasta cuatro tipos distintos que van desde la resección parcial o total del clítoris hasta el estrechamiento de la abertura vaginal para crear un sello- la ablación de las terminaciones nerviosas y del sensible tejido genital provoca dolores muy fuertes.

Además, según distintos informes recogidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS), la ablación es causa de hemorragias graves y otros problemas de salud tales como quistes, infecciones e infertilidad, asi como complicaciones en el parto y mayor riesgo de muerte en recién nacidos. Más allá de las consecuencias para la salud física, muchas mujeres viven esta experiencia como un evento traumático que afecta su salud mental.

Uno de los obstáculos para conseguir poner fin a la ablación son los intentos de legitimar esta práctica. En la mayor parte de los casos, la MGF es realizada por circuncisores tradicionales que suelen tener otras funciones en sus comunidades, no obstante, más del 18% de las MGF son practicadas por dispensadores de atención de salud, una tendencia que va en aumento. “Esta es la gran preocupación, se ha medicalizado la práctica como forma de legitimarla”, explica Adriana Kaplan, que dirige el Observatorio Transnacional de Investigación aplicada a nuevas estrategias para la Prevención de la MGF.

De la prevención a la reconstrucción

Una de las claves para frenar esta práctica es la prevención. Según Kaplan, están desarrollando herramientas para crear habilidades interculturales, formando adecuadamente profesionales de la salud (sobre todo atención primaria) y trabajadores sociales. “Empoderas de conocimiento a los que ya están en contacto con las familias para que tengan actitudes respectuosas, sensibles y que reconozcan las tradiciones, que sepan reconocer un caso cuando lo tengan delante”, explica Kaplan.

El resultado de éste método preventivo es bueno, según indica la experta, pues en los últimos años el 100% de las niñas que han viajado desde Catalunya con sus familias a sus países de origen -y en las que había cierto riesgo de que las mutilaran- “han vuelto intactas”.

En el caso de niñas o mujeres residentes en Catalunya que hayan sufrido una ablación, éstas pueden solicitar la reconstrucción de sus genitales a través de la sanidad pública. Desde octubre de 2015 los departamentos de Salud y Benestar Social junto con la Agencia Catalana de Cooperación al Desarrollo han trabajado en esta línea y han diseñado un circuito asistencial que puede seguirse para someterse de manera gratuita a esta cirugía.

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