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Gaziel en La Vanguardia

"Desde entonces (1940) "La Vanguardia española" me tiene borrado del registro civil.  Para ella, sistemáticamente, yo no existo.  He publicado 7 u 8 libros, todos en catalán, que han hecho un cierto ruido y obtenido una buena acogida.  Prensa nuestra y de fuera ha tenido la bondad de hablar de ellos.  Pero "La Vanguarda española" no ha dicho nunca ni una palabra.  Algunos de sus colaboradores más eminentes, de habla castellana, viejos y buenos amigos míos, han intentado insistentemente decir algo de estos libros que les han interesado, y quieren hacerlo en el diario más difundido de Cataluña –el que yo dirigí durante tantos años y con tantos afanes (1919 hasta 1936).  Siempre los artículos les han sido devueltos por dirección -fuera la de Galinsoga, la de Aznar, o la de Echarri- significante de que, en aquella casa, y por orden del señor conde de Godó, Carlos Godó, el segundo que lleva corona, a mí me dan por muerto. ¡Santa inocencia!"

Gaziel, Historia de La Vanguardia, Ediciones catalanas de Paris, 1971 .

Años después Gaziel se puede citar en La Vanguardia, como ha sucedido recientemente en el Cultura/s (19-3-2014).  Un dossier interesante, con colaboraciones de gente competente (Jordi Amat, Manuel Llanas, etc).

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La CUP se corta las alas en Europa

Ha sido, para mí, una de las peores noticias recientes: La CUP ha decidido no presentarse a las elecciones europeas. Javier López, líder de la lista del PSC en estas elecciones, y Quim Arrufat, diputado de la CUP en el Parlamento catalán, han sido dos de los políticos cuyas intervenciones me han gustado en lo que se refiere a replicar a la política de austeridad que nos ha impuesto Europa y que nos ha estropeado el país (léase Cataluña o España, ¡tanto da!).

A Javi López lo he visto, a pocos metros, encaramado a un banco del paseo de Gracia, en Barcelona, denunciando esta política y a su instigadora principal, Angela Merkel, en un acto de la Juventud Socialista de Cataluña. Quim Arrufat grabó, a finales de 2012, un impecable vídeo, en forma de carta de cinco minutos dirigida en alemán a la canciller con frases como: “Queremos una Europa de los pueblos libres, de los derechos sociales, de las libertades civiles, de la solidaridad con el resto del mundo y plenamente democrática. Y construiremos esta Europa, ¡cueste lo que cueste!”. 

Yo quiero esa Europa que reclama Arrufat. Por eso me duele que haya renunciado –él y la organización que representa- a intentar construirla desde las propias instituciones europees.

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Procesos de desobediencia ante el recorte de libertades y derechos

El pasado 20 de marzo el Congreso de los Diputados aprobó, con el apoyo del Grupo Parlamentario Popular, el del PNV y el de CiU, una reforma de la Ley de Seguridad Privada que amplía las competencias de los vigilantes y les habilita para nuevas funciones como el control del perímetro exterior de las cárceles y de los centros de internamiento de extranjeros, la participación en la prestación de servicios encomendados a la seguridad pública, complementando la acción policial, así como les faculta para practicar detenciones cuando hasta el momento tan solo podían retener a una persona hasta la llegada de los cuerpos de seguridad públicos.

Esta reforma es la primera de una batería de reformas legislativas que según venimos alertando un gran número de ciudadanos y organizaciones de derechos humanos supondrán un gran y regresivo cambio en el marco de derechos y libertades. Es verdaderamente preocupante que la reforma legislativa se haya aprobado sin que hayamos sido capaces de articular una respuesta social a la altura de las circunstancias. No obstante, como explicaré en una líneas, esta respuesta ya está en marcha.

Las reformas que se avecinan, a grandes rasgos son las siguientes:

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Suárez y la Transición: de qué hablan ellos y de qué no hablamos nosotros

Ellos, la prensa reverencial, hablan de la marcha de la dignida del 22-M como un pequeño evento de hooligans antisistema tirando piedras a bancos después de una manifestación de poca importancia (“Si la prensa española sigue así, pronto el número de manifestantes nos saldrá a devolver”, dice en Twitter algún inteligente observador).

Ellos hablan también de que Suárez es la Transición y la Transición es Suárez con un estilo entre el ¡Hola! y un libro de historia rancio, lleno de milagros y estampitas: de Suárez franquista a demócrata en tiempo record y de lo sano que fue cerrar las heridas sin limpiar. Nada de la gangrena que se instaló, nada de todo lo que se evitó hacer, nada de los intereses que habían por medio, nada de la gran violencia durante la Transición tan bien descrita y documentada por Carlos Jiménez Villarejo [1], nada de lo que nosotros nos callamos.

La Transición no lo fue. En otros países, el tiempo después del fin de una dictadura es el tiempo de hablar, de limpiar heridas, de hablar del miedo y del silencio de los años de represión, de juntarse y compartir en voz alta cómo nos han afectado esos años. Es un tiempo de buscar a los desaparecidos y a los muertos y de darles una sepultura respetuosa, de integrarlos con dignidad en la historia. Varios países latinoamericanos nos han mostrado cómo se hace todo esto.

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¿El saben aquel que diu: "Va la FAES y..."?

La FAES, la fundación aznariana lo ha intentado de nuevo. Hay una acción que no por recurrente deja de ser estúpida, por ignorante. El pasado viernes, catorce de marzo, hizo público un informe a partir de datos del Instituto Nacional de Estadística. Tomó la lista de los apellidos más usuales en Cataluña, comprobó que la mayoría, en los primeros lugares, son de origen español y, a continuación, sobre la idea aparentemente inocua que, en Cataluña, los nombres de familia no son diferentes del resto de España, virtió de manera indirecta una teoría sobre la falsedad o la poca consistencia de la realidad nacional catalana. Huelga decir que, aunque todos los apellidos de Cataluña fueran de origen castellano, eso no quitaría para nada un ápice de base al sentimiento nacional catalán ya que, precisamente, es todo menos etnicista.

Basta echar un vistazo a la lista de independentistas con apellidos castellanos. En Cataluña manda la mezcla, desde siempre. Y es la asunción ciudadana, como mucho en dos generaciones, de una manera de hacer propia (ni mejor ni peor) lo que marca los rasgos particulares. Pero es que esto de los apellidos hace reír, repetimos, por la ignorancia. El proceso de generación de los apellidos ha sido similar en todas las naciones de origen románico, pero no exactamente igual. Por ejemplo, tanto castellanos como catalanes tienen una línea de creación de nombres de familia basada en los patronímicos: Juan Pérez (= Juan, hijo de Pedro), Joan Pere (= Joan, hijo de Pere) La diferencia es que en castellano, esta manera de crear apellidos se convirtió en muy importante, por no decir la principal, mientras que en catalán, fue minoritaria. De manera que los apellidos catalanes, en general, son mucho más variados y, de una manera superior a la lengua castellana, se refieren a alusiones personales, de procedencia, etc.

Después de siglos de convivencia y, sobre todo, con las inmigraciones interiores del siglo XX, encuentras Cataluña llena de Fernández, Pérez, etc. lo cual és absolutamente normal. Los apellidos catalanes, como no se agrupan tanto, parece que sean minoritarios. Donde hay cuatro familias que se llaman Fernández, hay cuatro familias que se llaman Pera, Calbet, Grasset y Miró. No quiere decir que en castellano no se utilizara esta manera de crear apellidos, sino que, simplemente, no fue tan productiva. Y la prueba es que si bien las dos lenguas coinciden en los apellidos más usuales designativos de las lenguas romances (Puente, Pont, Ponte, etc.) el catalán tiene un montón de propios que no tiene el castellano (o tiene muy pocos) de la especie de Pi, Pinyol, etc.

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Permítanme hablar de La Vanguardia, las desigualdades y Gaziel

Una vieja norma tácita del oficio, que hoy infringiré, desaconseja hablar en un diario del contenido de los demás, más aun si es para hablar bien. Esta semana la veterana institución del diario La Vanguardia, que acaba de estrenar nuevo director, ha publicado un comentario editorial que me ha sorprendido, a raíz de la aparición del último informe sobre el impacto de la crisis por parte de la OCDE, el organismo que reúne a los 34 países más industrializados. El informe es tajante: España es uno de los países donde la crisis se ha repartido de forma más desigual entre los ricos y la mayoría de afectados.

La Vanguardia lo titula “Alarma por la fractura social”, y escribe: “La dramática situación social que reflejan los datos aportados por la OCDE exige una reflexión urgente de los poderes políticos y económicos del país, así como la adopción de medidas inmediatas como recomiendan sus expertos, para corregir la gran fractura social que se ha abierto estos años de crisis en España. Debe hacerse por justicia social y solidaridad respecto a los más pobres, pero también para evitar los problemas de todo tipo que germinan en una sociedad con índices de desigualdad elevados. No reaccionar ante ello se puede pagar extremadamente caro”.

Se trata, repito, de un comentario editorial. Significa que compromete la opinión del editor, del amo. Claro está que la solemnidad de los comentarios editoriales suele ir acompañada por la música celestial más intangible en cuanto a la traducción práctica de los principios enunciados, pero a pesar de todo son indicadores de un estado de opinión.

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Que nadie negocie con el agua

Esta estafa económica que las grandes élites financieras han acordado esconder bajo el eufemismo de crisis nos está desnudando de todos nuestros derechos más básicos. Hemos hablado extensamente sobre el expolio al que la clase trabajadora estamos siendo sometidos: robo a mano armada de nuestro derechos laborales a través de una reforma laboral abusiva, el desmantelamiento de los servicios públicos como sanidad o educación para servírselos como plato principal a los grandes lobbies de las empresas privadas, el ataque a nuestro derecho básico a la información con el recorte sobre los medios de comunicación públicos a beneficio de los privados, etc. 

Hay otro atraco social del que estamos siendo víctimas del cual no se habla tanto pero es igual de indigno que los anteriores. Se trata de la merma de nuestros derechos básicos del agua o la energía. La explotación capitalista a la que los suministros básicos se están exponiendo ha generado una nueva cara de la pobreza: la pobreza energética. Una pobreza oculta, socialmente estigmatizada e institucionalmente no resuelta por parte de los gobiernos de las derechas. Ni en Europa, ni en España, ni tampoco en Catalunya.

Hay elementos que provocan indignación porque se pone de manifiesto cómo los gobiernos de derechas (el PP en España y CiU en Catalunya) están haciendo un negocio con nuestros derechos. Una vez más, los beneficios de unos pocos priman sobre los derechos de unos muchos que los estamos perdiendo a pasos agigantados. Entre todos estos derechos, el del agua, por lo que es y por lo que representa, nos debe escandalizar sobremanera. En dos años, el recibo del agua se ha incrementado en más de 80€, casi una cuarta parte del sueldo que entra en millares de domicilios que están en situación de exclusión social. En Catalunya, por ejemplo, se pone de manifiesto cómo la privatización de un servicio público como es el agua se ha convertido en un negocio para los carroñeros: la privatización del ATLL (Aigües Ter Llobregat)nos ha costado a los catalanes casi mil millones de euros en dinero público y el resultado que ha tenido dicha privatización ha sido el del incremento del precio del agua en un 80%. Esta operación responde a aquel refrán tan popular de “cornudos y apaleados”. ¿Cuál ha sido la consecuencia más inmoral de todas? Pues que más de 50.000 personas del Área Metropolitana de Barcelona sufren cortes del suministro básico del agua por no poder hacer frente, debido a la situación socio-económica de las familias, al recibo del agua. Así pues, mientras en muchas ciudades de Europa se están planteando remunicipalizar la gestión del agua, como ya ha ocurrido en París con notables resultados, aquí seguimos utilizando un recurso natural y básico como herramienta de negocio para unos pocos. Y es que en un bien básico como es el agua no deberían entrarse a valorar criterios económicos o mercantilistas, sino que deberían imperar los criterios sociales y medioambientales. Todo lo que no sea así se convierte en una pieza más de esta estafa.

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Los perros guardianes

En recuerdo y homenaje a Salvador Puig Antich, asesinado dos veces por la dictadura y sus sicarios: los policías que lo acribillaron a tiros y luego los jueces militares que lo condenaron y lo ejecutaron.

En los años 30 Paul Nizan denunció a los guardianes ideológicos del “orden establecido”. Mucho antes Goethe había declarado   “prefiero el orden  a la justicia”. Mounier denunció el “orden” de nuestras sociedades desiguales y excluyentes  y lo llamó “desorden establecido”. Brecht ensalzó el combate contra este falso orden para construir el “gran orden”, el orden justo aunque el cambio los conservadores lo califican de desorden. El ministro del Interior del gobierno español, Fernández Díaz, debe conocer de oídas a Goethe y su desafortunada frase. Seguramente le suena Brecht como un subversivo y poco más. No creo que tenga la más mínima idea de quienes eran Nizan y Mounier. Sin embargo merece ser citado si se trata de reflexionar sobre el orden y el delito. Y por cierto parece que ha emprendido un camino que le aproxima a otros personajes mucho menos atractivos que Nizan, Mounier o Brecht. Como es el caso de Andréi Vyshinski, autor de la “Teoría judicial de las pruebas” y fiscal de los procesos stalinianos de finales de los años 30. O Maurice Papon, prefecto de policía de Paris que dirigió la represión  sangrienta contra el FLN y los franceses que se solidarizaron con ellos. O con Raymond Marcellin, ministro del Interior post 68 “el Fouché que nos hacia falta” dijo De Gaulle. Mantuvo durante años el Quartier Latin ocupado por la gendarmería, impulsó la ilegalización de las organizaciones de izquierda consideradas antisistema que emergieron en 1968 y criminalizó a los jóvenes como perturbadores del “orden público”.

El proyecto de ley de “Seguridad Ciudadana”  perpetrada por el ministro español expresa toda una concepción del “orden público”. El ministro del Interior emerge hoy como un perro guardián  del desorden establecido. El poder político en España quiere imponer un falso orden silencioso, que no sea perturbado por  ninguna resistencia a la arbitrariedad, ninguna protesta ante la injusticia, ninguna muestra de indignación ante los privilegios, ningún escándalo ante la corrupción, ningunos gritos ante la desesperación. El espacio público, donde conviven y se expresan las demandas y las aspiraciones de los ciudadanos, debe ser un espacio muerto, regido por el temor y reprimido por las autoridades, “desconflictivizado” como  dice Manuel Delgado, “punitivo y mercantilizado” como escribe Jaume Asens en sus recientes textos críticos sobre la “ley mordaza”. Un buen título para una pésima ley, tanto desde el punto de vista ético como moral o como técnico.

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Esto sí es Crimea

Blindados bloquean los focos de resistencia militar ucraniana en Crimea

“El comunismo es inmortal”, “los diez millones van”, “después de 1989 el capitalismo será tan tranquilo que nos aburriremos de felicidad”, “este país ya no puede estar peor”, “la escasez ha llegado a su límite”, “en España no hay crisis”, “España está saliendo de la crisis”, “no pasarán”…

¿Quién no ha oído alguna de estas frases? ¿Y quién no ha visto cómo la realidad se desploma sobre ellas hasta aplastarlas? Lo más probable es que todos hayamos sido testigos de ambas situaciones: del enunciado y de su debacle. Lo mismo aquí que en Caracas, en el Cercano Oeste y en el Lejano Este.

Todo esto viene a cuento por la crisis de Crimea y, sobre todo, por la actitud de los dirigentes políticos de la Unión Europa –a los que votaremos en breve para que continúen por allí- al respecto. De entrada, he de avisar al lector que aquí no se propone escoger entre Putin y los gobernantes ucranianos actuales o pasados. (Por muy cómoda que sea la disposición maniquea de las opiniones al uso, no ha venido uno al mundo –ancho y ajeno, que decía Ciro Alegría; estrecho y conectado, que dice Bill Gates- a decidirse entre dos desastres).

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¿Puedo comprar mi cuerpo?

¿Puedo comprar mi cuerpo? (Ilustración: Silvia Alcoba)

La sociedad está demostrando que tiene una imaginación desbordante. La última iniciativa de un grupo de mujeres intentando registrar su cuerpo en los Registros de la Propiedad de Bienes Inmuebles, que dependen del Ministerio de Justicia, ha sido sin duda una noticia chocante. El lema que se defiende es que “ mi cuerpo es mío y por tanto decido yo”. La campaña desarrollada a favor del aborto ha tenido un efecto directo en los medios, por su inusual forma de expresarse. En este sentido ha sido un acierto de los convocantes, pero el tema conlleva muchas aristas.

Los Registros de la Propiedad trabajan fundamentalmente con documentos de compra-venta de inmuebles y también hipotecas. Bien, si nos aceptaran la documentación sobre el dueño actual de nuestro cuerpo, estaríamos entrando en un mercadeo, porque se debería presuponer que también se puede vender en algún momento. O no?. Con lo cual también nos abocaría a otro problema legal, los famosos “vientres de alquiler”, que están prohibidos en España. Por tanto, queda claro que según la legislación vigente nuestro cuerpo no es nuestro, salvo en algunos casos, cuando queremos entregar nuestros órganos a la ciencia o bien, para un trasplante. En este caso, sí se contempla que nuestros órganos vitales son nuestros y de nadie más. Aquí, sin ser abogada, creo que hemos llegado a una gran contradicción.

Sí puedo ceder mi cuerpo a la ciencia cuando muero, sí puedo regalar mi riñón para un trasplante, pero no puedo decidir si aborto o no, como tampoco si deseo morir, cuando tengo una enfermedad incurable. Tampoco puedo vender un órgano y menos alquilar mi vientre para un embarazo. ¿Entonces mi cuerpo es mío o no?. No cabe decir la extrañeza de los funcionarios cuando recibieron en los registros a estas mujeres. Se les creó un problema.

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