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Los tres “conflictos” urgentes de la política urbanística de Toledo

El arquitecto y urbanista Tomás Marín destaca que la protección del patrimonio, el turismo y el tráfico pueden abordarse sin necesidad de aprobar un nuevo POM

Afirma que el Plan de Ordenación es un “instrumento” pero “no puede ser un pretexto” para no abordar los problemas más urgentes

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Toledo

Casco Histórico de Toledo

La planificación urbanística del conjunto histórico de Toledo sigue siendo uno de los temas a debatir que más posturas diversas encuentra entre los expertos. Mientras el controverido Plan de Ordenación Municipal (POM) sigue vigente, las conversaciones para un nuevo plan, que el Ayuntamiento de la ciudad quiere aprobar en esta legislatura, se mantienen. Por este motivo, la Federación de Asociaciones Vecinales de Toledo ‘El Ciudadano’ ha organizado dos jornadas de debate sobre la cuestión en la Biblioteca de Castilla-La Mancha.

En la primera de ellas ha intervenido el arquitecto y urbanista Tomás Marín. Centrado en los problemas del casco histórico de Toledo, este experto reconoce que hay “demasiadas esperanzas” puestas en el nuevo POM, cuando se dan tres conflictos fundamentales que tendrían que abordarse desde la política urbanística y no necesariamente a la espera de esta nueva planificación.

El primero de ellos es el  patrimonio histórico. Afirma que a día de hoy “todavía no está clarificado” cómo se paga la protección patrimonial. “Todo el mundo quiere esa protección pero el conflicto real es cómo se aborda sin que suponga una ruina económica para el propietario”, alega,  subrayando que la Administración “no pone dinero” y “todo se carga sobre el que realiza el descubrimiento”. Por eso sugiere abordar un planteamiento de financiación con criterios claros, con “regulaciones legales” porque si no, “por muchos planes de urbanismo que hagamos, eso no se va a resolver”.

Se refiere posteriormente Tomás Marín al turismo como “algo bueno” para el casco histórico pero que se convierte en un problema de “ecología urbana” si hay demasiado o más de lo que puede asumir la propia ciudad. Apuesta por favorecerlo pero también “vigilarlo” para no estropear “el resto de los usos de la ciudad”. “Si hay demasiado turismo,  pero no hay residentes, artesanos o comercio local, acabamos convirtiendo Toledo en un museo, la gente se va y esto se hunde”. Frente a ello, el urbanista destaca como ventaja el hecho de que en el casco histórico de Toledo, comparado con el de otras ciudades turísticas españolas, se mantiene una gran habitabilidad urbana, “en contra de lo que muchos piensan”.

El tercer conflicto que señala es el del tráfico. “Se está resolviendo eficazmente y está funcionando con los remontes mecánicos incluso mejor de lo previsto. Se ha aprobado una regulación que, con sus problemas funciona aceptablemente”, argumenta. El problema, añade, se encuentra en el transporte público y en las actividades de carga y descarga, y en este punto defiende que estas cuestiones “tampoco se solucionan con el planeamiento urbano sino con instrumentos que ya tenemos”.

"Los conflictos que detecta la gente no necesitan un plan para solucionarlos"

“Cualquier plan a largo plazo está en determinar cómo se distribuyen los usos y como afecta eso a los ciudadanos porque cada uno de los conflictos que hoy detecta la gente no necesitan tener un plan para solucionarlos”, insiste.  

Para Tomás Marín, la conclusión que puede extraerse de estos datos es que en general “hay demasiados prejuicios” cuando se habla del casco histórico como que está “vacío”, cuando existe una proporción casi idéntica en habitabilidad que en el resto de barrios de la ciudad. Con ello “se fomenta esa imagen estereotipada de ciudad en ruinas y es una percepción que no coincide cuando acudes al big data y ves los datos reales”.

Y acudiendo a estos ‘macrodatos’ del padrón de 2015 es como el arquitecto ha podido comprobar que en cuanto a la media de habitantes por vivienda no hay grandes diferencias entre el casco histórico, con una media de 1,74, y el resto de barrios, con 2,11. Tampoco se da en el caso de  la superficie media de la vivienda: 125 metros cuadrados en el primer caso y 120 metros cuadrados en el segundo.

Concluye por tanto afirmando que el nuevo POM hace falta pero que todos estos problemas pueden abordarse sin esperar a que se apruebe. “Otra cosa es que sea obligatorio aprobarlo porque el que tenemos es un desastre, pero mientras, se pueden ir aprobando medidas y no utilizarlo como un pretexto para no trabajar. El POM no es La Biblia. Hay que hacerlo, pero es un instrumento más, y no la panacea”.

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