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Preludio para una política de altura

Ni se derrotó al bipartidismo ni parece que estemos a las puertas de un gobierno de transformación, pero se abrieron las costuras y la derecha tiene difícil gobernar

Según pasan los días cada vez resulta más complicado que PP y Ciudadanos cuenten con el apoyo del PSOE para seguir hundiendo a este país en la miseria ética, política y económica de los últimos años

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Estamos ante un escenario inédito. Algunos hemos vuelto a ser golpeados por el sistema electoral, pero otros han logrado evadirlo. Al pasar una determinada barrera de votos, diversos actores han visto multiplicados sus escaños lo suficiente como para dejar un escenario más plural. Destacan aquí los 42 diputados de Podemos, los 40 de Ciudadanos y los 27 diputados de las confluencias que tratarán de conformar tres grupos propios –en Galicia, formado por Anova, Podemos y Esquerda Unida; en Cataluña, por ICV, EUiA, Podemos, Equo y BComú; en Valencia, por Compromís y Podemos–. También son de resaltar los 9 diputados conseguidos por ERC.

Acostumbrados al turnismo, al rodillo absoluto o a las mayorías con pequeñas bisagras nacionalistas, el Parlamento actual se parece algo más a la pluralidad política del país que pretende reflejar. Salvo, claro está, en la injusticia de ese casi millón de votantes de UP-IU infrarrepresentados con solo dos diputados.

Lo relevante a día de hoy es que haciendo cuentas se dan los votos suficientes en el Congreso para derogar inmediatamente la LOMCE, algo a lo que diversos partidos se comprometieron por escrito. Habría que empezar presionando desde el Parlamento y la calle. Los retos y las posibilidades que se abren parecen situarnos ante el preludio de algo grande si somos capaces de acertar, algo para lo que será necesario una política de altura a fin de que las expectativas no se diluyan.

Alta política para la transformación

Además de la derogación de la LOMCE, otros objetivos inmediatos posibles y en los que distintos actores podrían llegar a estar de acuerdo, serían: implantar un Plan de Emergencia Social –que contemple las cinco demandas de la PAH y las garantías básicas que acaben con la pobreza energética, entre otras medidas–, reformar la Ley Electoral, cerrar los CIEs, modificar el art. 135 de la Constitución, iniciar una comisión de investigación sobre la corrupción, derogar las reformas laborales de 2012 y 2010, la ley del aborto del PP, la Ley Mordaza o el injusto impuesto al sol.

Hay mayorías para hacerlo, a pesar de las limitaciones que a buen seguro impondrá el PP desde el Senado. También es cierto que con el PSOE de toda la vida y un Podemos que no termina de decantarse, las transformaciones económicas y políticas estructurales que precisa el país quizá se hagan esperar.

Sin embargo, en cuanto haya cierto movimiento en estas posiciones –algo más esperable desde Podemos–, habrá que aprovecharlo. Para el cambio de modelo productivo en torno a las renovables y un empleo de calidad, para hacer posible la elección en urnas del jefe de Estado o para devolver a la ciudadanía el control de los sectores estratégicos. Algunos dijimos que allí estaríamos. Otros dijeron que tras las elecciones dejarían de ser máquina de guerra electoral. Bien, pues es el momento de demostrarlo.

Alta política democrática

La creación de un nuevo sujeto político rupturista con el modelo económico y político del país, así como con su modelo de Estado, es más necesario que nunca. Esto pasa por renunciar a los compromisos atlantistas, a las imposiciones austericidas de la troika y por preparar un Proceso Constituyente. Asimismo, por la apuesta por el derecho a decidir como primer paso hacia un Estado federal.

No son aspiraciones propias, sino que lo son de los movimientos políticos y sociales críticos de este país, objetivos con amplio respaldo también desde relevantes sectores de Podemos. Incluso su dirección está defendiendo ya sin ambages –y con acierto– el referéndum catalán como un modo de desbloquear las tensiones en Cataluña. Precaución en cualquier caso, unos y otros, con imponer falsas líneas rojas desde un interés exclusivamente electoral. Provocar elecciones anticipadas y regresar a una mayoría absoluta de derechas sería catastrófico.

Si se dieran estas elecciones anticipadas, conformar un sujeto rupturista plural, diverso en la unidad de la izquierda y radicalmente democrático, será la tarea más urgente. Pero también lo será si se da una legislatura larga desde un cierre del Régimen vía abstención del PSOE en el último momento, tal y como auguraba Julio Anguita. En una entrevista en Carne Cruda, Anguita fue muy claro: en ese escenario hay que trabajar desde ya en un Proceso Constituyente, conjuntamente entre Podemos, UP-IU y otros colectivos, elaborando propuestas concretas y didácticas rigurosas, bien elaboradas, sin las prisas que impone lo electoral.

Por último, si finalmente se diera un gobierno plural encabezado por el PSOE y apoyado por la izquierda, paralelamente habría que ir creando también ese sujeto que vaya a por todas, que presione desde las instituciones y también desde las calles, que tire hacia abajo y a la izquierda en pos de una auténtica e inaplazable transformación. Aquí no valen atajos, tampoco esperas eternas ni candidatos independientes nombrados a dedo. No valen viejos aparatos dominantes ni núcleos irradiadores. Democracia, democracia y democracia vuelve a ser la respuesta.

Una alta política respetuosa

Como la política la hacen seres recorridos de pasiones políticas a menudo ingobernables, de presiones de las que muchos no somos conscientes, este texto quiere servir también de parada de reflexión antes de acciones que han de realizarse estos días, tan trascendentales para millones de personas. Las campañas son competiciones donde te fundes con tus respectivos equipos. Es por tanto difícil salir de ahí y comenzar a dialogar, más aún si las posibilidades de reiniciar otra campaña son altas.

No es sin embargo tiempo de cerrarse, de tacticismos, ni de humillar o machacar al adversario. A veces la testosterona política hace que confundamos el espacio público con el patio del colegio. El que una de las palabras nominadas a término del año en 2015 sea “ zasca” debería preocuparnos. A menudo parece que las audiencias de telespectadores y tuiteros son como esa clase repleta de compañeros ante los que los más chulos muestran sus dotes dialécticas para humillar. Se busca –y lo peor, se obtiene– el reconocimiento público mediante el hundimiento del otro.

Las ganas de pillar al contrario en un renuncio y exponerlo a la luz pública, la soberbia triunfante de los más populares, las no respuestas cargadas de puñales e ironía, el dejar en evidencia al que tropieza, no construyen en política. Como no construían en las aulas. Ejercer una política desde el respeto y el encuentro, desde la crítica constructiva, alejados de los valores de una masculinidad hoy hegemónica, además de posible es nuevamente necesario.

Alta política para ganar de verdad, pronto y bien

Empezamos a abrazar ya también en la izquierda española el discurso que hizo furor en Norteamérica contra el loser, el perdedor, el que no triunfa en la política ni en la vida. Y sin embargo olvidamos que la historia de la izquierda es una historia de derrotas escogidas, no por buscadas sino porque la victoria fácil, sin ética ni justicia social, siempre ha sido para nosotros además de inútil una auténtica vergüenza. Así, aunque resultara sencillo subirse al carro del vencedor lo rechazábamos. Se olvida hoy que miles de derrotas dignas construyen la posibilidad de grandes victorias que nos permiten ganar colectivamente un futuro. Y que estas finalmente llegan.

Reflexionemos entonces. Dejemos a un lado la baja política y vayamos a por todas. Si lo que se busca es conformar otra concepción más real de la democracia o mantener una firme defensa de clase en lo económico, dejemos las pullas y pataletas de lado. Está en nuestra mano democratizar las organizaciones, formular propuestas de ruptura desde abajo que más pronto que tarde marquen el rumbo del país. Seamos ejemplares en su consecución.

Pensemos de momento en esas millones de vidas, una a una, que se beneficiarían de una mayoría parlamentaria que aprobase o derogase las leyes antes citadas. Conformemos esta posibilidad desde el diálogo en las instituciones, con propuestas claras, desde el respeto al programa. Y construyamos a la vez un nuevo sujeto político democrático con base en las plazas, con esa generosidad que viene exigiendo la gente desde hace meses, sabiéndonos muy distintos pero poniendo unos puntos comunes irrenunciables en pos de la auténtica transformación.

Así se construye unidad popular, así se abrirá paso una política de altura.

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