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Canciones y disfraces se toman las calles de una histórica ciudad brasileña

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Canciones y disfraces se toman las calles de una histórica ciudad brasileña

Canciones y disfraces se toman las calles de una histórica ciudad brasileña

Millares de personas con coloridos disfraces, movidas al son de los tradicionales instrumentos de viento y percusión, se tomaron hoy las calles de la histórica ciudad brasileña de Sao Luiz do Paraitinga, que desde hace 35 años celebra su particular fiesta de carnaval.

El Carnaval de Sao Luiz de Paraitinga, a 200 kilómetros de Sao Paulo, la capital regional, se posiciona cada año como una de las más importantes expresiones callejeras que se celebran en todo el país durante esta época del año y que gana reconocimiento por su fiesta popular de las "marchinhas" (canciones carnavalescas).

"Vine detrás de la música brasileña y de las 'marchinhas' que son tradición del país. Quería mucho vivir esta fiesta, esta reunión de personas que se toma las calles en una gran expresión de alegría entre amigos. En Chile falta un poco de esta energía", comentó a Efe el turista chileno Héctor Mora.

Las bandas de los 50 "blocos" (comparsas) oficiales e informales de la ciudad dan vida a las "marchinhas" temáticas, que son compuestas especialmente para el carnaval brasileño desde 1920 y que dieron origen después a los "samba-enredo", como se conocen los ejes temáticos de las escuelas que desfilan en las grandes ciudades.

A pesar de lo pomposo y de la imagen internacional de los desfiles en sambódromos, como en Río de Janeiro o Sao Paulo, o de las multitudinarias caminatas detrás de "tríos eléctricos" (camiones gigantes de sonido animados por artistas), como en Salvador, el carnaval callejero es el más presente en la mayoría de municipios.

La ciudad paulista de Sao Luiz de Paraitinga, que en sus últimos 35 años de carnaval suma cerca de 2.000 "marchinhas" compuestas para la fiesta, muchas recordadas una y otra vez en cada edición como cuenta el director de Turismo del municipio, Eduardo Coelho, se abrió espacio entre otras fiestas carnavalescas callejeras del país.

Reducto de millares de personas que quieren animarse con el golpeteo de tambores y repiques de saxofones, Sao Luiz de Paraitinga se ha convertido en una alternativa durante el carnaval de otras fiestas callejeras como las de Recife y Olinda (Pernambuco) o la de la también histórica Ouro Preto (Minas Gerais), entre otras.

Cualquier tema puede inspirar las composiciones de las "marchinhas", que van desde letras que hablan sobre el amor, los bebés o la actualidad del país.

A pesar de la lluvia, cerca de 30.000 personas se tomaron las calles para literalmente "saltar" en lo que muchos llaman "el verdadero carnaval", como afirmó Delfari Giovanelli, integrante de la banda Sao Luiz.

"No hay un carnaval como el de aquí, lleno de adrenalina, alegría y, claro, las tradicionales 'marchinhas' que casi no son tocadas en las grandes capitales como Río de Janeiro y Sao Paulo", que además de los desfiles en sus sámbódromos tienen comparsas callejeras pero animadas por música moderna, explicó Giovanelli.

Los últimos carnavales le dieron alegría a los habitantes de Sao Luiz de Paraitinga, que en 2010 fue arrasada cuando transbordó el río Paraitinga, destruyendo edificios y monumentos históricos del patrimonio de la ciudad y dejando miles de damnificados, comentó la azafata Débora Vasconcelos, quien vive en Washington.

Vasconcelos integró la famosa comparsa Bloco do Barbosa y defiende el carnaval callejero como "el encantamiento y la raíz de la fiesta popular en Brasil".

El "Festival de Marchinhas" comienza quince días antes de cada carnaval y un selecto jurado escoge las canciones "oficiales" que serán cantadas por los visitantes y moradores locales.

Patrimonio Cultural brasileño, Sao Luiz de Paraitinga pasó casi todo el siglo XX sin carnaval, porque uno de los altos representantes de la Iglesia Católica de la época prohibió las manifestaciones consideradas profanas y maldijo la fiesta diciendo que a quien participase de ella le iban a nacer "cachos y cola".

La prohibición, que se convirtió en mito, permaneció hasta 1980, cuando el carnaval volvió y le abrió las puertas al turismo de la ciudad.

Entre el 13 y 18 de mayo, cuando se celebra el carnaval en todo el país, la ciudad paulista espera la visita de unas 150.000 personas.

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