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Cinco películas que cambiaron tu percepción política

Mónica Zas Marcos

El arte te cambia y te motiva. En algunos casos extremos (y para mal), como el de Mark David Chapman y El guardián entre el centeno, pueden incitarte a asesinar a John Lennon. Otros, como American History X, pueden reconducir tus convicciones sobre la capacidad de reinserción de los fanáticos asesinos.

Un equipo de sociólogos de la Universidad de Indiana sostiene que “las películas populares que tratan algún asunto político tienen la capacidad de cambiar tu actitud al respecto, especialmente si son temas obviados por la prensa”. Atendiendo a este estudio, Mother Jones ha publicado las siete cintas de Hollywood que volvieron más progresistas a los estadounidenses.

Estos investigadores relacionan la buena imagen de Obama, y su liderato en las urnas, con la influencia de películas como Legítima defensa o Mejor... imposible. También destacan que JFK, de Oliver Stone, destruyó la fe en el sistema político norteamericano y que El día de mañana puso el foco en el calentamiento global y sus cuidados. Las normas de la casa de la sidra rompió los tabúes en favor de la decisión de las mujeres sobre su propio cuerpo y Malcolm X despertó la memoria histórica sobre los crímenes racistas. Pero también causaron efectos inversos: Todos los hombres del presidente provocó que los republicanos aumentasen las restricciones a la prensa.

En España no existen estudios que certifiquen un cambio ideológico a raíz del visionado de algunas películas crudas, pero sí que avivaron el debate sobre ciertos temas. Una muestra de ello fueron las palabras que pronunció la protagonista de Vivir es fácil con los ojos cerrados, Natalia de Molina, al recoger su Goya. Aunque la película se inspire en los sesenta, su reclamo a favor del aborto no caduca en nuestra época y su discurso reivindicativo fue aplaudido como el que más.

La investigación estadounidense roza lo quimérico: Hollywood no es la escuela de la vida, al igual que tampoco lo es el cine español. No son el vademécum de la memoria histórica ni de las causas perdidas, pero hay que reconocerles el coraje de tratar unos temas espinosos para que lleguen a oídos de todos los públicos.

Debate social en fotogramas

Aunque Alejandro Amenábar defendía que su intención con Mar adentro no era la de hacer una película reivindicativa, tenía todos los ingredientes. El caso de Ramón Sampedro llevaba por primera vez el debate de la eutanasia a la columna vertebral de una cinta. El orden cronológico y el acento en la dimensión jurídica provocan una empatía que no te deja indiferente, y esa sí que era la meta del director.

“Es la historia de una persona cuyo único Dios es su conciencia, lo que hace al hombre más libre y más humano”, dijo Javier Bárdem sobre su personaje en la ficción. Tanto la sociedad como los colectivos y asociaciones de lesionados medulares no tardaron en pronunciarse al respecto tras su estreno en 2004.

Pocos se han atrevido a meterse con el Opus Dei de una forma tan desafiante como Javier Fesser y Jaume Roures. No queda duda de que en Camino, Caminosu director pretendía hacer una radiografía –no precisamente a favor– del Opus. Paradójicamente, el guión se basa en el libro homónimo que escribió su fundador en 1939, Josemaría Escrivá de Balaguer. Fue un rayo de luz, reconocido internacionalmente, sobre una sociedad tan hermética como lo es la religiosa de nuestro país. Como débito se echaron a todos los adeptos a la yugular, aunque Fesser fue muy claro al respecto en una entrevista con El País. “Nada de lo mostrado va a disgustar al Opus Dei y, si así fuera, no sería por culpa de esta película”.

“¿Qué haces con 49 años, prejubilado, con dos hijos y con ocho millones de indemnización en el banco?”. Esa es la tesis que desgrana Los lunes al sol como consecuencia directa de la reconversión industrial de los astilleros asturianos (caso en el que se basa). Hablando de debates no caducos, en aquel 2002 se quiso incidir en el huracán que supusieron los muchos despidos de la Naval Gijón, sin embargo también se ahondaba en aguas más profundas. Reflexión que se podría recuperar ahora acerca de los nortes perdidos tras el cartel de “en paro” y del mensaje que se empeñan en dar los de arriba: si no produces, no eres.

Aunque es un tema recurrente en la industria cinematográfica, el maltrato machista en Te doy mis ojos toma un cariz diferente, quizá más femenino. Tras verla (y atendiendo al titular del artículo) no significa que en algún momento apoyases la violencia de género y que ya no lo hagas, ni todo lo contrario. El hecho de situarnos como espectadores muy íntimos dentro de esta triste realidad, lo único que consigue es replantearte las generalidades.

Icíar Bollaín narra con respeto e individualidad –como ya hizo en Amores que matan– las razones de las mujeres que aguantan. Al igual que al escribir, al rodar sobre un tema tan duro es difícil reflejarlo de la forma más fidedigna posible sin excederse ni frivolizar. Su truco está en la sencillez, lo que provocó en 2003 un efecto de comprensión y apoyo entre el público.

Existen más de veinte títulos que narran la historia de ETA en la gran pantalla. Operación Ogro, Días de humo o El pico son algunas de las más laureadas. Imanol Uribe repite temática en Días contados después de El proceso de Burgos, La fuga de Segovia y La muerte de Mikel. Esta es la que se acerca más al cine de género que al documento social porque, si atendiésemos a este último, tendríamos que destacar el completo documental de La pelota vasca.

Sean cuales sean sus formatos, estas películas despiertan una respuesta social: son vetadas y premiadas en festivales o denunciadas por diversas asociaciones. No dejan indiferente y conforman una valiosa hemeroteca sobre la memoria nacional.

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