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Cultura & tecnología

ENTREVISTA | Georgina Hayns

"Siempre se ha dicho que el 'stop motion' es un arte moribundo y no es así"

Georgina Hayns es supervisora creativa en Laika, el que es actualmente el estudio de animación en stop motion más prestigioso del mundo

Hablamos con la jefa del departamento de fabricación de marionetas, por la llegada en versión doméstica de su última película: Kubo y las dos cuerdas mágicas

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Georgina Hayns, supervisora creativa y jefa de marionetas de Laika

Laika empezó su andadura llamándose Will Vinton Studios. Pero tenga el nombre que tenga, el trabajo es el mismo: son, básicamente, un estudio de animación dedicado única y exclusivamente a la animación en stop motion.

En el currículum del equipo que lo compone se encuentran películas como Los mundos de Coraline, Los Boxtrolls o El alucinante mundo de Norman. Su última obra se llama Kubo y las dos cuerdas mágicas y se estrenó hace un tiempo en salas, aunque no funcionó como para tirar cohetes. La recaudación de taquilla sigue siendo algo inferior a la mayoría de las películas de la factoría, siendo su película más cara hasta la fecha. Paradójicamente, o no tanto, para muchos críticos se trata de la mejor película de la compañía.

Ahora, la película vuelve a probar suerte: el 21 de diciembre sale en formato doméstico, lanzado por Sony Pictures Home Entertainment. Una oportunidad que aprovechamos para hablar con Georgina Haynes, supervisora del estudio. Charlamos de un cine falsamente en peligro de extinción, de una de las mejores películas animadas del año y del futuro del estudio más importante a nivel internacional de esta técnica centenaria. 

Uno de los principales retos de Laika es competir con películas cuya producción no requiere de tanto esfuerzo en capital humano especializado. Les toca competir con Buscando a Dory o Zootrópolis con menos recursos y mayor esfuerzo. ¿Cómo ve la situación de Laika?

Afortunadamente, hay niños y adultos que todavía quieren ver cosas reales y tangibles delante de una pantalla, en lugar de imágenes 100% generadas por ordenador (ríe). Todos los estilos se complementan porque hay espectadores que buscan en una película de animación un mundo real y tridimensional donde sientan que pueden caminar y ser uno de sus personajes. Desde nuestro punto de vista cada película que hemos hecho ha sido nominada a los Oscar y económicamente seguimos siendo un estudio próspero.

¿Cree que el esfuerzo artesanal que requiere la animación stop motion repercute en la calidad argumental de sus películas?

Creo que gran parte de nuestro éxito surge porque somos un equipo que ha trabajado junto durante los últimos 10 años. Son personas que se han educado y crecido juntas. Eso repercute en el producto porque construyes proyectos en base a una consistencia de información y conocimiento compartido por todos los implicados. Eso no significa que no contratemos y formemos a nuevos animadores, no es que tengamos miedo de traer nuevas ideas.

Es interesante porque con la stop motion la gente cree que se trata de algo increíblemente laborioso, una forma muy difícil de hacer una película. Pero en realidad, una película de Laika no lleva más tiempo ni hay más personas involucradas en su desarrollo que en cualquier filme animado por ordenador o mediante dibujo tradicional. Sólo cambia el hecho de que tratamos con objetos reales, pero todo se suma a lo mismo.

En los últimos años las películas de animación stop motion son cada vez más difíciles de ver. Del total de películas de animación estrenadas en 2016, aproximadamente solo un 5% se han realizado con la técnica en la que usted es especialista. ¿Cree que el sector pasa por un mal momento?

Creo que la industria de stop motion es una industria fuerte porque tiene, y siempre tendrá, su propia manera de contar historias. Siempre se ha dicho que el stop motion es una especie de arte moribundo, pero creo que Laika y algunos otros estudios están demostrando que no es así. Se puede usar la tecnología en su favor y combinarla con esta antiquísima forma de hacer cine para crear algo único. Para tener una apariencia que no tiene ningún otro tipo de animación.

Kubo es una de las películas que más mezcla de técnicas de animación tiene del estudio. ¿Cómo ha sido combinar todos estos artes?

Combinar técnicas nos permite expandir nuestras películas hacia un mundo de posibilidades en cuanto a desarrollo de personajes y creación de ambientes expansivos. Como fabricante de títeres y jefe del departamento que se dedica a hacerlos, es muy importante que mi trabajo se retroalimente del que realizan la gente de animación por ordenador. Se trata de crear diálogos para que la apariencia de una película refleje una visión creativa común, y no sea sólo una mezcla de distintos tipos de animación.

Casi todo lo que se ve en una escena, en lo que se refiere a acciones clave, se realiza con marionetas de prueba, para luego grabar el movimiento físico con acciones que resulte igual de físicas y verídicas. Pero luego tenemos ciudades repletas de gente, montañas y paisajes que sí que se crean con CGI. En el fondo, hemos vivido una curva de aprendizaje sobre cómo combinar distintas técnicas sin problemas. Diría incluso que Kubo es el resultado de esta curva que suma el trabajo de una década combinando estilos.

Mientras que Los mundos de Coraline El alucinante mundo de Norman tienen una ambientación norteamericana y  Los Boxtrolls un toque más europeo,  Kubo es la más abiertamente influenciada por Asia. ¿Cómo ha marcado el tono de leyenda asiática a la película? 

Dependía de los personaje que estábamos construyendo. Es decir, las referencias históricas y culturales cambiaban. Deborah Cook, la diseñadora de vestuario de Laika, basó gran parte de su trabajo en un proceso de investigación inicial que le permitía asegurar que cada vestido que veíamos era históricamente apropiado.

También hay que tener en cuenta que estábamos narrando una historia de fantasía. Había elementos que, aun siendo ficción, tenían que resultar creíbles.  En este sentido, los personajes de origami de la película fueron los que más trabajo requirieron. Cada una de sus formas y sus movimientos fueron investigados para asegurarse de que estábamos entendiendo la forma de arte del origami y el kirigami. Lo mismo pasó con el personaje del escarabajo. Para hacer su diseño nos fijamos en la armadura de los samuráis y cómo funcionaban sus movimientos. Un arte que aprendimos de personas reales, referencias históricas, museos y libros.

Con cada marioneta tuvimos un trabajo distinto según su naturaleza. Aunque es algo que hacemos con todos los personajes de Laika, la dificultad añadida de Kubo era que se desarrollaba en una cultura de una herencia sorprendente. Queríamos asegurarnos de que lo retratado tuviese un significado adecuado y no ofendiese a ninguna tradición.

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Georgina Hayns.

La película recaudó 45 millones de dólares, una cifra inferior a otros títulos del estudio. La crítica la ha celebrado como su mejor película. ¿Por qué cree que Kubo ha enfrentado a público y crítica?

Creo que abordamos historias y temas que otros estudios de animación no abordan y hay un respeto por eso en la industria y en el espectador. También puede, hasta cierto punto, que nuestra audiencia sea un poco más amplia a la que se dirigen las producciones dirigidas al público infantil medio.

Es inevitable que unas películas tengan más éxito que otras, pero el respeto recibido en esta ocasión ha sido muy alentador, y nos ha alentado a seguir contando historias de la manera que lo hacemos. Personalmente, creo que Travis Knight (director de Kubo y las dos cuerdas mágicas y CEO de Laika), ha hecho una historia única.

A pesar de que la madurez siempre ha estado presente en las películas de Laika, Kubo es la película que más abiertamente de trata la aceptación de la muerte y el crecimiento personal. ¿Han crecido los espectadores con Laika o ha crecido el estudio?

Es cierto que tenemos una base de fans que nos ha seguido película tras película, sobre todo en Europa. Así que sí, creo que nuestra audiencia ha crecido con nosotros. En cuanto a Laika, éramos poco más que jóvenes postadolescentes cuando empezamos con Coraline, y ahora somos adultos maduros compitiendo en el mundo de la animación. Hemos crecido, sí, y creo que en todos los sentidos, en nuestra construcción de títeres, en nuestra animación, en nuestra narración... Pusimos los cimientos con Coraline, pero hemos estado construyendo sobre esa base algo nuevo con cada película.

En los últimos años parece haberse instalado en la animación estadounidense ciertas corrientes como la nostalgia de productos como ¡Rompe Ralph! o Frozen, o las secuelas y precuelas de poco riesgo como Buscando a Dory. ¿Como se ha mantenido Laika al margen de las modas y corrientes de este tipo?

Supongo que, al final, en Laika somos sólo artistas haciendo lo que nos gusta. Eso es lo que nos da ánimos para seguir adelante y hacer las películas que hacemos, de la única manera que sabemos.

Hoy en día, más allá de Laika, cuesta encontrar un estudio que se dedique a esto. ¿Qué referentes maneja en el arte de la stop motion moderna?

Mi referencia principal ya no existe, ya que su trabajo se desarrolló hace un siglo. Las películas de Vladislav Starévich fueron para mí lo más inspirador que he vivido, lo que realmente me atrajo a hacer lo que hago hoy. Hay maravillosos artistas en este ámbito pero de todos los que han existido, Starévich es el mejor para mí.

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