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'The Good Wife': el adiós de una de las grandes

Llegó el final de la que posiblemente fuera la mejor serie de la televisión norteamericana

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Julianna Margulies, 'The Good Wife'

Julianna Margulies, 'The Good Wife'

The Good Wife ya es historia de la televisión. Durante siete temporadas ha ido adornado su candidatura para entrar en el panteón seriéfilo y esta semana ha escrito su última línea.  Ha tenido el raro privilegio de fijar el final cuando sus creadores lo han considerado oportuno. Muchas series tienen que afrontar un final prematuro, con cierre o no, por los índices de audiencia y otras mueren de éxito porque sus cadenas deciden exprimirlas sacrificando la calidad por la rentabilidad.

The Good Wife (Fox Life) ha sufrido cierto desgaste, inevitable, en sus dos últimas temporadas pero puede despedirse con la cabeza muy alta y sobre todo una calidad que la han situado como la mejor serie que se emite en la televisión en abierto en EEUU (frente al prestigio del cable, que muchas veces se presupone), la serie que no te deberías estar perdiendo, la que mejor conecta con la actualidad informativa, la que ha tenido un dream team de secundarios, un drama que muchas veces era la mejor (alta) comedia de la semana y la que sobre todo nos ha contado la historia de Alicia Florrick sin (auto) indulgencia.

La serie total. Cuando  Michelle y Robert King confirmaron que después de la séptima temporada se desligaban de la historia, estaba claro que el final de The Good Wife ya estaba fijado y era inminente. Los dos crearon, ejercieron de showrunners y han estado al frente de la sala de guionistas. Sin ellos, ya embarcados en una serie que se estrenará este verano en EEUU, la continuidad de The Good Wife no tenía sentido.

Ellos han llevado el timón de una serie que ha jugado de memoria con sus tramas horizontales y verticales sin dejar de ser imprevisible. La serie que hasta el desgaste propio de tantos años en antena, hace todavía poco que alcanzó su techo y planteó una séptima temporada como un aterrizaje, consciente de que su final estaba cerca.

The Good Wife también ha revolucionado las series de abogados, uno de los colectivos favoritos de la ficción televisiva y el esquema de capítulos procedimentales, un caso por semana, para contar lo que ha querido.

Metaficción televisiva. Si lo comparamos con las series de cable (HBO, AMC, Showtime…) The Good Wife ha conseguido ser grande, a pesar de partir con desventaja. No es lo mismo planificar una temporada de 10 capítulos, que no bajar el nivel a lo largo de 22 entregas, emitidas de octubre a mayo con varios parones de por medio.

Además, en cuestión de contenidos The Good Wife es una serie de una cadena generalista y eso implica que algunos temas, escenas explícitas y determinado lenguaje están vetados. Ha conseguido ser grande convirtiendo estas desventajas en derroches de originalidad y el capítulo que mejor lo muestra es aquel en el que por cada taco que soltaba un personaje alguien abría una ventana o se subía el ruido ambiental.

Crónica de la actualidad. Hasta la llegada de The Good Wife, el título de oráculo informativo era El Ala Oeste de la Casa Blanca, una serie que se inspiró en un joven congresista de Chicago para crear a Matthew Santos y terminó spoileando muchos de los discursos y programas políticos de Barack Obama.

The Good Wife ha ido tan pegada a la actualidad informativa que muchas veces parecía increíble que sus capítulos se hubieran rodado meses antes de hechos recientes. Internet, las escuchas del Gobierno estadounidense, la guerra con drones, los conflictos raciales y hasta una carrera electoral en la que el personaje de ficción, Peter Florrick,  se convirtió en contrincante de la candidata real Hillary Clinton.

Un spin-off por cada secundario (o casi). No solo para el séquito de Alicia a lo largo de sus siete temporadas, desde Diane a Lucca pasando por Eli, Will, Kalinda, Cary o David Lee, sino también los clientes de sus casos, los abogados que ha tenido enfrente, los recurrentes que han convertido sus regresos en noticia, las estrellas invitadas o los jueces y juezas, que han conseguido un apartado muy cuidado, significativo y siempre muy divertido dentro de la intrahistoria de The Good Wife.

(Después de especulaciones y rumores, si que está en marcha una serie derivada portagonizada por Diane y Lucca. Al margen de Alicia, The Good Wife se define por sus personajes femeninos y puestos a elegir podría ser la mejor continuación intentando preservar su legado).

ATENCIÓN: A partir de aquí spoilers del último capítulo


De víctima a verdugo. La historia de The Good Wife es la del crecimiento de Alicia, de su despertar, de su emancipación… pero no necesariamente de su transformación en una mejor persona. Sin llegar a la clasificación del tan manido antihéroe, la protagonista de la serie de  Michelle y Robert King ha pasado por muchas etapas durante siete temporadas.

El bofetón que le dio a Peter en el primer capítulo fue el comienzo de la ruptura con una vida vacía, que se reflejaba en su cara y su actitud durante la rueda de prensa en la el fiscal general de Illinois confesaba sus delitos. Alicia recuperó el control volviendo a sus orígenes como abogada. Su propia ambición, sus ansias de libertad y los avatares de la carrera de su marido la convirtieron en la buena esposa del título. Pero Alicia nunca ha sido un personaje plano y sobre todo fácil a través de los guiones, su mayor valor han sido las múltiples capas que nos ha ido mostrando, sus virtudes y sus defectos.

La bofetada recibe en el último capítulo recuerda a la del principio pero estamos ante una nueva Alicia, inesperada y en proceso de reinventarse de nuevo. Esa ha sido la grandeza de un final que no ha querido ni ha podido evitar ser polémico.

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