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El circo valenciano

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Me gustaría escribir sobre todo lo bueno que tiene la Comunidad Valenciana, que es mucho; pero estoy convencida de que es el momento de seguir denunciando el circo en el que la han convertido. No es la única autonomía donde la corrupción campa a sus anchas, y no creo que nadie pretenda ofrecer una ¨mala imagen”, como insiste en señalar la popular Rita Barberá, que ha considerado una ofensa que el líder del PSOE, Pedro Sánchez, al que ha tildado de “perrito faldero”, haya presentado en Valencia el documento Por una democracia limpia; en vez de preocuparse por averiguar qué ha pasado en Feria Valencia, cuyas numerosas irregularidades investiga la Fiscalía. Y qué pasó con Valencia Summit . Mejor tirar balones fuera que dar las explicaciones que exigen los ciudadanos a través de sus representantes en el consistorio.

Esta parte de España llevaba años adormecida ante el saqueo de las arcas públicas por parte de arribistas y codiciosos sin escrúpulos, que han contado con una larga caterva de idiotas que les han aplaudido, y lo que es peor, permitido, cometer desfalcos y tropelías. Dando cobijo público y agasajando a personajes como el Bigotes, Urdangarin, y el pequeño Nicolas. Este último invitado a cenar con la flor y nata del empresariado valenciano en Madrid . Si nuestra influencia en la capital de España va por estos derroteros no sorprende que el señor Montoro pase de recibir a los empresarios como le lleva pidiendo desde junio el presidente de la Generalitat, Alberto Fabra, inmerso en la búsqueda del topo.

Todos estamos hartos de oír hablar de corrupción. El segundo problema, tras el paro, que más preocupa a los españoles, según el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). Pero hasta que todos los pufos no salgan a la palestra no podremos hablar de Valencias vibrantes. No habrá una sin aclarar la otra. Y para ello aún queda un tiempo. Cada día conocemos nuevos imputados. Los dos más recientes, el ex presidente del Consell y ex presidente de Bancaja, José Luis Olivas; y el presidente del Puerto de Valencia, Rafael Aznar. Y todavía no han entrado en prisión los condenados, Carlos Fabra, a cuatro años de cárcel; y Rafael Blasco, a ocho, y pendiente de más juicios. Sin olvidar las causas que se siguen en la Audiencia Nacional contra ex directivos de CAM, Banco de Valencia y Bancaja, además de Bankia.

Es un ejemplo de democracia y transparencia que la sociedad valenciana conozca qué está pasando. Y quiénes son los responsables, judicial y políticamente, de que nuestra renta per cápita haya caído hasta el 85%; que la deuda de la Generalitat valenciana supere el 32,5% de su PIB; y que la EPA registre 614.000 desempleados, o, si lo prefieren, 528.866 parados inscritos en las oficinas de empleo. Sin embargo, el Partido Popular, que durante el fin de semana debatirá sobre Estabilidad y buen gobierno en comunidades autónomas, con asistencia de Fabra, se ha negado en el parlamento valenciano a investigar sobre Feria Valencia, y el caso Olivas, que afecta al sobrino del ex presidente de las cortes, Juan Cotino.

En el año 2011 los valencianos debíamos 17.895 millones de euros, sin contabilizar muchas empresas públicas comerciales. El ex presidente Francisco Camps, todavía jefe del ejecutivo, decía que era una “deuda productiva” y siguió gastando en grandes eventos que no reportaron retorno. Todo lo contrario.

En noviembre de 2014 la deuda alcanza los 34.782 millones de euros, que en términos relativos es la más alta de las autonomías. Como ya no tenemos instituciones financieras y nadie nos fía, el 50% de la misma corresponde al Estado, a través del Fondo de Liquidez Autonómica (FLA) y Fondo para el pago a proveedores (FFPP).  Además, y a pesar de los recortes y ajustes financieros, la Comunidad Valenciana tampoco cumplirá este año el objetivo de estabilidad, según las previsiones del BBV. En 2013 cerró con un déficit del 2,3%. Así las cosas, no es de extrañar, como destaca el indicador comparado de la calidad de gobierno en regiones europeas, European Quality of Government Index (EQI), que la Comunidad Valenciana esté cerca de las regiones polacas, es decir, “entre la media y la mediocridad”.

Pero más triste, todavía, resulta el informe de Cáritas que señala que somos una de las regiones con mayor riesgo de pobreza y exclusión social en España.

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