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DESALAMBRE

Mapa | Una mujer, un país, una lucha

La experiencia de mujeres que se negaron a resignarse ante una injusticia, una tragedia o la tradición de sus países

Amani Yahya, en Yemen; Caddy Adzuba, en República Democrática del Congo; Soraya Post, en Suecia; y Kakenya Ntaiya, en Kenia

Un recorrido por algunos de los éxitos y retos que afrontan mujeres "anónimas" en el Día Internacional de la Mujer

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MéxicoNorma Romero

Foto de Norma Romero Las Patronas: una luz en el camino de La Bestia Leer la historia original

TEXTO ORIGINAL: Laura Kvaternik - Carlos Miguélez

FOTO ORIGINAL: Carol Silva - Ayuda en Acción

Las Patronas: una luz en el camino de La Bestia

Está llegando. Norma Romero se apresura y termina de anudar la cuerda que une varias botellas de agua entre sí. Agarra parte de las bolsas de comida y anima a sus compañeras a correr. Mientras se aproximan a las vías del tren, el estruendo se acerca. Aparece La Bestia, el tren de mercancías donde miles de emigrantes arriesgan su vida para cruzar México y alcanzar Estados Unidos.

Los emigrantes asoman su cuerpo entre los huecos de los vagones y retiran los paquetes de comida de las manos de Las Patronas, un grupo de mujeres mexicanas que dedican buena parte de su vida a batallar por los derechos de los migrantes. "Buscamos hacer una lucecita que ilumine su camino; damos comida y agua, y apoyamos a estos hermanos para que se recuperen y puedan seguir su camino”, contó a eldiario.es en su última visita a España. Estas historias empezaron a conocerse en en el estado mexicano de Veracruz en 1995. Un día de ese año, Clementina y Bernarda Romero regresaban a casa con la compra. “Tenemos hambre”, escucharon desde los entresijos de La Bestia. Miraron sus manos; les lanzaron su comida.

Casi 20 años después, Norma Romero, hermana de Clementina y Bernarda, ha sido galardonada con el Premio Nacional de Derechos Humanos de México en 2013. Junto a cerca de una decena de familiares mantiene vivo el espíritu de Las Patronas. No es fácil. “Hay gente que nos ataca, dicen que somos parte del problema, que estamos provocando que la gente emigre. Pero los culpables son los gobiernos por no crear las condiciones necesarias para evitar que las personas se vayan de su país”, lamenta con contundencia. “Nos preocupamos como mujeres, como madres, queremos dejar un mundo que no esté tan jodido".

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BangladeshKalpona Akter

Foto de Kalpona Akter Una voz femenina contra los absusos de las multinacionales textiles en 
Bangladesh Leer la historia original

TEXTO ORIGINAL: Maribel Hernández

FOTO ORIGINAL: Alan Jacobsen-Sidney Hillman Foundation.

ADAPTACIÓN: Desalambre

Una voz femenina contra los absusos de las multinacionales textiles en Bangladesh

Kalpona Akter dirige el Centro de Solidaridad con los Trabajadores de Bangladesh. Ella mantiene vivo el recuerdo de las víctimas del Rana Plaza. El 24 de abril de 2014 un bloque de ocho pisos se derrumbó en Savar, un distrito de Daca, la capital. Al menos 1.127 personas murieron.

El edificio alojaba cuatro fábricas de ropa para conocidas marcas. Años después, Kalpona sigue denunciando la falta de compromiso real de las multinacionales textiles con los afectados."No es nada fácil trabajar como activista por los derechos laborales aquí. Estamos siempre bajo vigilancia. Sabemos que nos siguen, que cualquier cosa podría pasar en cualquier momento. Es verdad que trabajamos con una gran incertidumbre, pero necesitamos que las cosas cambien y para lograrlo a veces es necesario asumir algunos riesgos", cuenta a eldiario.es Kalpona Akter desde su oficina.

Pero, a pesar de las piedras en el camino, esta respetada mujer no ha perdido la fe en el activismo. "Es por lo que he trabajado siempre y es lo que seguiré haciendo hasta el día en que me retire y, para eso, aún falta mucho", resume. Y un mensaje para los consumidores occidentales: "Podrían decir, sí yo quiero esta prensa, pero también quiero saber sobre la historia humana que hay detrás de ella, sobre las otras caras de la ropa".

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SiriaMaha

Foto de Maha Leer la historia original

TEXTO ORIGINAL: Leila Nachawati

FOTO ORIGINAL: Human Rights Watch

ADAPTACIÓN: Desalambre

"Seguimos aquí": la lucha de las mujeres sirias

La mujer como agente de construcción de la paz en el futuro de Siria. En esas está Maha. Una profesora a las que las protestas que dieron pie a la guerra sorprendieron mientras daba clases en un colegio de Alepo, la capital. Acababa de casarse cuando un bombardeo del régimen terminó con la vida de su marido, convirtiéndola en viuda con tan solo 26 años. Pasó a ser una víctima de la represión luchando, en la misma medida, por el fin de la violencia y por la igualdad.

"Las mujeres han sufrido cada práctica de brutalidad del conflicto sirio, pero no son meras víctimas pasivas", resume a eldiario.es Liesl Gerntholtz, de Human Rights Watch. Desde el activismo civil inicial hasta el frente revolucionario armado, pasando por la agrupación Mujeres Sirias por la Intifada Siria (SANAD), las mujeres no han dejado de arrimar el hombro. Comparten un proceso revolucionario por la paz con sus compañeros, al mismo tiempo que reclaman que se apuntale la igualdad de género.

Las mujeres han estado en la vanguardia de la resistencia pacífica. Buena muestra de ello la dan las hermanas Saleh, detenida una de ellas en Damasco por manifestarse contra el régimen, y la otra en Alepo, por protestar contra ISIS. "En las noticias sólo se ve sangre y destrucción. No se ve lo que hay tras esa violencia, los grupos de civiles que realizan un trabajo pacífico. Seguimos aquí.", termina diciendo Maha.

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Bahréin Maryam Al Khawaja

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TEXTO ORIGINAL: Leila Nachawati

ADAPTACIÓN: Desalambre

El espíritu de las protestas en Bahréin, en una familia

El apellido de Maryam al-Khawaja no suena desconocido. Esta activista por los derechos humanos se encuentra retenida en Bahréin a la espera de un juicio. Se la acusa de agredir supuestamente a una policía aeroportuaria, aunque las ONG creen que esa no es la verdadera causa. Más bien, su arresto tendría que ver con su labor como presidenta en funciones de Bahréin Centre for Human Rights, una organización de derechos humanos. "Intentamos que los abusos sean visibles para que no queden impunes, pero apenas tienen eco por las alianzas que existen", cuenta a eldiario.es.

Los abusos a los que se refiere la activista son la tortura, la corrupción, o el acoso ejercidos sobre la disidencia por parte de la monarquía de los Jalifa. "Hoy la demanda principal sigue siendo la misma: el derecho a la autodeterminación, que es universal, el de los pueblos de poder elegir a sus representantes", cuenta Maryam tras ser preguntada por las protestas que se iniciaron en febrero de 2011 en un país como Bahréin donde la mujer ocupa una posición residual.

Su entrega por la causa de los derechos humanos la bebió desde la cuna. Su padre no es otro que Abudlhadi al-Khawaja, condenado hace cuatro años a cadena perpetua por "incitar a la violencia”, tras décadas de activismo. Su esposo también está entre rejas. "Quiero volver a verlos, pero ese no es el único objetivo. Lo que queremos es cambiar la estructura que permite esas detenciones, la impunidad", destaca Maryam al-Khawaja.

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BoliviaTeresa Real

Foto de Teresa Real

TEXTO ORIGINAL: Gabriela Sánchez

FOTO ORIGINAL: Salva Campillo - Ayuda en Acción

"Estoy mejor solita"

“Estoy mejor solita”. Hace 10 años Teresa no podría imaginar que pronunciaría tal afirmación.“Me daba vergüenza separarme. Pensé que se burlarían de mí”. Tardó años en ignorar esos miedos inconscientes, esa sensación de angustia forjada en una sociedad patriarcal donde el 87% de las mujeres bolivianas sufre algún tipo de violencia machista. Hoy lo dice orgullosa, lo dice risueña, lo dice bien alto: “Estoy mejor solita. Yo decido”.

Es una de las fundadoras de AMPROM, un grupo de mujeres apicultoras de la localidad de Muyupampa. De las 150 que comenzaron las formaciones, solo 12 han permanecido. La mayoría dejó de asistir; no se lo permitían sus maridos o hijos, explican desde Ayuda en Acción, ONG que apoya el proyecto. Teresa reconoce el machismo existente a su alrededor, pero resalta los logros: nota un cambio en las parejas del resto de socias. “No les dejaban acudir a las reuniones. Algunos aparecían y molestaban mucho, les exigían que volviesen a casa. Yo también tuve problemas... Pero poco a poco van comprendiendo que no estamos perdiendo el tiempo. Trabajamos, como ellos”. Su batalla contra el machismo se refleja en pequeños detalles del día a día. “Seguir adelante con la asociación nos ha dado mayor libertad para opinar. Ahora nos respetan”.

El Gobierno de Bolivia promulgó en 2013 una nueva ley para ampliar el concepto de violencia machista y agravar las penas. “Ahora los hombres saben que está más controlado y muchas mujeres sabemos lo que tenemos que hacer para denunciar. Ya no es como antes”. No obstante, todavía queda un importante camino por recorrer en su aplicación. Desde que se creó la normativa, tan solo ocho de los 206 feminicidios han acabado en condena, afirma Nancy Tárraga, experta en género de Nord Sur.

“Yo di el paso. Intento aconsejar a mis compañeras, pero debemos ser independientes”, reitera Teresa desde Bolivia. “Debemos ser fuertes —continúa—. Durante un tiempo se lleva muy mal pero, después del tropiezo, te levantas más fuerte”.

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Arabia SaudíManal al-Sharif

Foto de Manal al-Sharif Un video viral con firma femenina para que las mujeres puedan conducir Leer la historia original

TEXTO ORIGINAL: Leila Nachawati

FOTO ORIGINAL: EFE

ADAPTACIÓN: Desalambre

Un video viral con firma femenina para que las mujeres puedan conducir

Año 2015 y las mujeres continúan sin poder conducir en Arabia Saudí. El único país de todo el mundo. Pero la resistencia contra esta prohibición no ha tenido respiro. La activista Manal al-Sharif simboliza ese desafío. El vídeo viral difundido en Youtube donde se puede contemplar a mujeres conduciendo en libertad salió de su imaginación. Fue la chispa para que las reivindicaciones recobraran fuerza.

Desde entonces, la apuesta por el derecho femenino a conducir se ha convertido en el caballo de batalla de un movimiento que no deja de crecer, y que se ha traducido en numerosas iniciativas de promoción de la igualdad en el país. Pero el concepto de custodia masculina no se limita al automóvil. Sus derechos en el matrimonio, en el divorcio, en la educación o en el empleo también están restringidos.

Pese a su dinamismo, la meta sigue estando lejos. Las saudíes argumentan su escepticismo ante cualquier rumor de cambio dado que los sectores más conservadores del país continúan imponiendo su criterio. "No solo se trata de permitirnos conducir, se trata también de reconocer la humanidad de la mitad de nuestra sociedad y de los derechos que Dios también ha concedido a las mujeres", aseguran las organizaciones sociales.

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ArgentinaSusana Trimarco

Foto de Susana Trimarco Leer la historia original

TEXTO ORIGINAL: Laura Olías

FOTO ORIGINAL: Fundación María de los Ángeles

"Soy la mamá de Marita Verón"

Es la primera frase que pronuncia Susana Trimarco a modo de presentación. Un título que lleva reivindicando en comisarías y juzgados argentinos desde el 3 de abril de 2002, cuando su hija María de los Ángeles fue secuestrada por una red de trata de personas. Al principio, recibió muchos portazos en comisarías e instancias judiciales: "Me trataron como loca, me decían que había visto muchas telenovelas", contó en un acto en Madrid. Pero su incansable persistencia, que la llevó a disfrazarse de prostituta para localizar a su hija en burdeles de su país, logró sentar a cerca de una veintena de personas en los tribunales. El abril pasado, un juzgado argentino condenó a penas de entre 10 y 22 años de prisión a 10 acusados por el secuestro y la explotación sexual de Marita Verón.

Su incansable lucha seguirá hasta "encontrar a mi hija", asegura firme. Sin ese abrazo, todos sus logros son insuficientes para Trimarco aunque reconoce que en el camino ha alcanzado éxitos. La repercusión mediática de su caso ha servido, cuenta, para que la sociedad argentina conozca mejor las redes de captación de tráfico de personas. Los anuncios “trampa” para chicas jóvenes con ofertas de trabajo que terminan en pesadilla. La Fundación María de los Ángeles, que creó la madre en honor, acoge a víctimas de estas mafias, algunas sin una familia que las reciba tras el historial de abusos y vejaciones a sus espaldas.

El Gobierno del país latinoamericano aprobó una ley contra la trata de personas en 2007. Susana Trimarco continúa sus denuncias: “Si estas redes mafiosas actúan con la impunidad que lo hacen, es por la colaboración de los poderes políticos, policiales y judiciales”. Su búsqueda de responsables continúa 12 años después de escuchar en un mostrador argentino: "¿Qué vas a hacer vos solita?".

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LiberiaJessica T.S Neufville

Foto de Jessica T.S Neufville Prevenir el ébola en Liberia puerta a puerta

TEXTO ORIGINAL: Maribel Hernández

FOTO ORIGINAL: Unicef.

Prevenir el ébola en Liberia puerta a puerta

Tiene dieciséis años y le planta cara al ébola en Liberia, el país donde el virus se ha cobrado el mayor número de vidas. Jessica T. S. Neufville es una de las muchas adolescentes que integran el grupo A-LIFE (Adolescentes Liderando una Intensa Lucha contra el Ébola), un equipo de jóvenes entrenadas por UNICEF para convertirse en agentes de sensibilización frente a la enfermedad. Puerta a puerta, recorren West Point, un suburbio de Monrovia habitado por más de 70.000 personas, donde el pasado agosto se decretó una cuarentena sanitaria. Conscientes del valor de la información, ellas tratan de explicar a sus vecinos qué pueden hacer para prevenir los contagios.

Jessica, que lleva tres años colaborando con UNICEF, cuenta en un video de la organización que se incorporó a A-LIFE porque quería ayudar a su comunidad. “La gente de West Point todavía cree que el ébola no es real, todavía dudan. Yo veo a personas que muestran los síntomas, esa es la principal razón por la que me uní al equipo de sensibilización”, dice, vestida con la camiseta azul que la identifica como miembro de A-LIFE y moviendo de un lado a otro un espray desinfectante. Ese envase y las mangas largas, explica, son dos precauciones básicas para “salir al campo”.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) cifra el número global de infectados por el ébola en 23.934 hasta principios de marzo de 2015. En total, según sus datos, han muerto en el mundo 9.792 personas, 4.117 de ellas en Liberia. Es el país más afectado por el virus. A mediados de septiembre, Jessica y sus compañeras de A-LIFE participaron en una marcha en West Point. Unas 150 jóvenes recorrieron las calles entonando cantos como “Believe it people, ebola can kill” [Gentes, creedlo, el ébola puede matar]. “Puede que me dé miedo -aseguraba Jessica, refiriéndose a los riesgos que conlleva la labor que realizan- pero eso no va a impedir que siga saliendo”.

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República Democrática del CongoCaddy Adzuba

Foto de Caddy Adzuba “Lo que pasa en República Democrática del Congo es un feminicidio” Leer la historia original

TEXTO ORIGINAL: Lydia Molina.

FOTO ORIGINAL: EFE.

ADAPTACIÓN: Desalambre

“Lo que pasa en República Democrática del Congo es un feminicidio”

La periodista Caddy Adzuba es una de esas voces incómodas que dedica su vida a recordar que el conflicto que vive la República Democrática del Congo (RDC), desde 1996, sigue teniendo consecuencias insoportables: asesinatos, saqueos, familias enteras obligadas a dejar su hogar y miles de mujeres víctimas de las violaciones, que se usan como arma de guerra. Así lo expresó en su discurso con el que agradeció el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia 2014.

Denuncia que todas las vulneraciones transcurren ante la indiferencia y el “silencio” de la comunidad internacional. “El conflicto tiene orígenes y causas, no solo congoleñas o africanas, también internacionales y económicas. Y ese es el motivo por el que está olvidado”, apuntó en un acto en Madrid. La periodista, amenazada desde 2009, culpa asimismo a las empresas que acuden a la llamada de minerales como el oro, diamante, níquel o coltán, muy presentes en la zona. “Son muchas las multinacionales que están financiando esta guerra negociando con los rebeldes que explotan las minas donde se extraen esos minerales, como el coltán, con el que se hacen los teléfonos móviles de todo el mundo. Tiene que haber un control para que dejen de hacerlo”.

Adzuba califica sin titubeos la violencia en su país: “Lo que está pasando en RDC es un feminicidio”. Da una cifra, solo en el hostpital de Kivu, su ciudad, han atendido a 50.000 mujeres. "¿Cuántas habrá en el resto del país y cuántas no habrán acudido a un hospital?". Aunque los datos oscilan según su origen, instituciones como la American Journal of Public Health llega a hablar de 400.000 violaciones al año. La voz de la periodista se cuela en todo el país, a través de Radio Okapi, una emisora que funciona bajo el paraguas de la ONU. Caddy Adzuba aconseja a las mujeres qué hacer cuando son víctimas y cómo combatir el tabú que rodea a una violación. “Les suplicamos que no se rindan. Algunas consiguen convertir la pena en poder”.

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Colombia Gloria Amparo Murillo

Foto de 
Gloria Amparo Murillo Las “mujeres-mariposa” de Buenaventura Leer la historia original

TEXTO ORIGINAL: Maribel Hernández

FOTO ORIGINAL: ACNUR/Juan Arredondo

Las “mujeres-mariposa” de Buenaventura

Más de medio siglo de guerra. De un conflicto armado que las mujeres han sentido y sufrido en su propia piel. Las colombianas saben mucho de violencia y de paz, tal vez por eso, a algunas de ellas les nacieron “alas”. Son las mujeres de Buenaventura, una de las ciudades más castigadas del país, con los índices más elevados de desplazamiento interno y violencia armada. Allí vive Gloria Amparo Murillo, una de las fundadoras de la Red Mariposas de Alas Nuevas Construyendo Futuro. Esta organización de mujeres surgió ante la necesidad de denunciar la violencia sexual y el desplazamiento forzado, y de brindar protección a las sobrevivientes. Su trabajo -incómodo para algunos, vital para muchas- las lleva a arriesgar sus vidas constantemente y les valió el pasado año el prestigioso Premio Nansen para los Refugiados de ACNUR.

Gloria sabe qué significa tener que huir. Defensora de derechos humanos desde hace décadas, esta afrocolombiana se vio obligada a desplazarse a Bogotá en 1993 para escapar de las amenazas de muerte que estaba sufriendo como consecuencia de su activismo. Creció en un contexto de pobreza, marcado por una infancia en la que fue testigo de cómo su padre maltrataba a su madre. Esta violencia temprana forjó en ella el deseo de dedicar la vida a trabajar por las mujeres.

En 2010 ayudó a crear la Red Mariposas, un colectivo que trata de sanar el dolor a través del comadreo, el acompañamiento de mujer a mujer. “Nuestro objetivo último es visibilizar la violencia que sufren las mujeres de Buenaventura, pero eso es al final del proceso. Lo importante es que salgan de su dolor, que aprendan que no son culpables”, explicó a eldiario.es. Comadre a comadre, las 120 voluntarias de la red, junto a las 22 coordinadoras, han ido “despertando” a las buenaventureñas, haciéndolas conscientes de sus derechos y propiciando que muchas empiecen a denunciar los abusos padecidos. Gloria es consciente de los riesgos que corre. “Mi familia a veces me dice que no me meta en tanto lío, que si mira cómo mueren”. Aun así, concluye con rotundidad que “vale la pena apostarle a seguir construyendo una vida distinta”.

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Sudán del SurDaumathiang Awan

Foto de Daumathiang Awan Cuando el hambre acecha en la guerra Leer la historia original

TEXTO ORIGINAL: Rodrigo Hernández

FOTO ORIGINAL: Álvaro Barrantes

ADAPTACIÓN: Desalambre

Cuando el hambre acecha en la guerra

“Uno no entiende lo que significa el hambre hasta que sus hijos no tienen que comer”. Daumathiang Awan tuvo que salir casi con lo puesto de su casa cuando escuchó disparos en su barrio en la ciudad de Bor, escenario de algunos de los peores combates de la guerra civil que sacude Sudán del Sur desde diciembre de 2013 y a la que el país no consigue poner fin. “Agarré del brazo a mis hijos y salimos corriendo de la casa mientras mi marido, desarmado, se reunió con más familiares para intentar defendernos”. Sería la última vez que lo vería.

Daumathiang y sus hijos llegaron hasta Mingkaman días después de perder su pasado. En lo que era una pequeña ciudad encontró un enorme campo de desplazados con centenares de familias. “Todo cambió por completo. Vivíamos en un barrio tranquilo que se convirtió en una zona de guerra. Dormíamos en una casa amplia, de cemento y míranos ahora...”, contó Daumathiang a eldiario.es. Ella y los pequeños habían conseguido salvarse de las armas, pero los estaba ahogando el hambre.

“Cuando mis hijos lloran por hambre, yo me tengo que esconder, para ponerme a llorar también”. Daumathiang está harta de conocer cada día más casos de pequeños fallecidos por falta de recursos. De los casi dos mil millones que la ONU considera neesarios en 2015 para apoyar a la población de Sudán del Sur en esta crisis humanitaria, solo se ha cubierto el pago del 4,7%. “En este conflicto solo algunas organizaciones nos están ayudando de verdad”, decía enfurecida Daumathiang.

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UgandaKasha Nabagesera

Foto de Kasha Nabagesera Una revista contra la homofobia en Uganda Leer la historia original

TEXTO ORIGINAL: Maribel Hernández

FOTO ORIGINAL: Bombastic.

ADAPTACIÓN: Desalambre

Una revista contra la homofobia en Uganda

Kasha Nabagesera perdió a su amigo David Kato, conocido activista por los derechos LGTBI en Uganda, poco después de que su foto y sus datos personales aparecieran en la portada del diario sensacionalista (ya fuera de circulación) Rolling Stone. Como otra de las voces más destacadas dentro del colectivo en el país, Nabagesera aprovechó el papel para contrarrestar la homofobia alimentada también por las instituciones. La fundadora de Freedom and Roam (FARUG) lanzó la primera revista LGTBI de Uganda, Bombastic. 75 páginas de historias personales y opinión que pretenden sacudir conciencias y romper estereotipos.

Nabagesera dirige la publicación, que recibieron los diputados en el Parlamento el 22 de diciembre de 2014 después de que la Corte Constitucional declarara nula la denominada ley 'anti-gay'. La norma endurecía las penas y ampliaba los delitos vinculados a la homosexualidad. El miedo paralizó temporalmente la revista, pero una vez aplacada la ley el proyecto se reactivó. "Debíamos construir ese espacio propio, lejos de los medios de comunicación convencionales y su manera tergiversada de informar sobre la homosexualidad. Era el único modo de contar nuestras historias y promover un verdadero cambio de conciencia", explicó a eldiario.es.

Así, dio espacio a los miedos de Angel, que descubrió que era lesbiana a los 16 años y se encontró sola ante su familia. “El chantaje era terrible: la gente pensaba que podía utilizar el secreto en mi contra y salirse con la suya”, exponía la mujer en uno de los 500 testimonios que llegó a recibir Nabagesera para publicar en Bombastic. La repercusión a la revista es notoria: Kasha se ha sentado a hablar de tú a tú con algunos funcionarios del Gobierno y han recibido inmunerables muestras de apoyo. También amenazas, pero la directora insiste en continuar. "No nos vamos a rendir, vamos a seguir publicándola. Tenemos demasiadas historias que sacar ahí afuera".

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El SalvadorGuadalupe Vásquez Aldana

Foto de Guadalupe Vásquez Aldana Libertad tras siete años de cárcel por un aborto Leer la historia original

TEXTO ORIGINAL: June Fernández

FOTO ORIGINAL: Efe

ADAPTACIÓN: Desalambre

Libertad tras siete años de cárcel por un aborto

Las lágrimas caían por el rostro de Guadalupe Vásquez Aldana. El 20 de febrero de 2015, la joven salvadoreña de 25 años recuperó su libertad tras más de siete años de prisión y su indulto hacía historia como el primero en la historia de El Salvador a una mujer acusada de aborto. Guadalupe había sido condenada a 30 años de cárcel por un delito de homicidio agravado (por grado de parentesco) debido a un aborto involuntario. Según su testimonio, la joven no se dio cuenta de que estaba embarazada –su vientre no creció– hasta que dio a luz de madrugada a una criatura sin vida en su pequeño cuarto sin electricidad de la casa en la que trabajaba por 80 dólares al mes. Su patrona descubrió que tenía una hemorragia y la llevó al hospital, cuyo personal sanitario la denunció a la policía por aborto.

El aborto es completamente ilegal en El Salvador desde 1998 y se castiga con penas de dos a ocho años de cárcel. Sin embargo, la reforma del artículo 1 de la Constitución insta al Estado a salvaguardar la vida de toda persona "desde el momento de la concepción" y permite que la Fiscalía tipifique las interrupciones de embarazo como homicidio agravado, como es el caso de Guadalupe. La salida de la chica ha sido posible gracias a la presión de varias organizaciones sociales, que han solicitado al Gobierno el indulto de 17 mujeres que se encuentran presas en circunstancias similares.

A su salida de la prisión, Guadalupe Vásquez declaró ante los medios que lamentaba haber perdido siete años de su vida, pero era momento de mirar hacia delante y a otras mujeres con su misma suerte. Como Cinthia Marcela Rodríguez Ayala, a la que la Corte Suprema denegó su solicitud de indulto. También tenía 18 años cuando tuvo un parto precipitado que enfrentó sola y también fue condenada a 30 años de prisión. Ya ha cumplido seis años. Cinthia declaró que el bebé nació con el cordón umbilical enrollado al cuello y que ella intentó cortarlo con una tijera. "En el juicio no se presentaron pruebas directas de que quisiera causar la muerte del recién nacido", critica Dennis Muñoz, uno de los abogados encargados de presentar las 17 solicitudes de indulto.

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EspañaÁngela González

Foto de Ángela González La lucha de una madre por terminar con el Leer la historia original

TEXTO ORIGINAL: Hugo Domínguez

FOTO ORIGINAL: EFE

La lucha de una madre por terminar con el "patriarcado judicial"

Ángela González perdió hace 12 años a su única hija. Su exmarido, del que se estaba separando, le descerrajó tres tiros a la niña, de siete años, durante una de las visitas acordadas por un juez que desoyó las reiteradas advertencias de la madre. El hombre acabó suicidándose. Todos los escalafones de la justicia española archivaron las denuncias al entender que el Estado no tenía responsabilidad alguna en lo sucedido.

Ángela acabó perdiendo la fe en las administraciones españolas y llevó sus reivindicaciones ante la ONU, que en agosto de 2014 condenó a España "por no actuar de manera diligente". El organismo dispuso un plazo máximo de seis meses para que el Gobierno cumpliera sus exigencias. La respuesta llegó a tiempo pero no fue del agrado de las organizaciones de mujeres que han seguido el caso de Ángela todos estos años. “Es insuficiente”, apuntaron al unísono.

Entre otras cosas, echan en falta un cambio en la justicia española que deje atrás el patriarcado, que dicen, todavía está latente, y sobre lo que la ONU también llamó la atención. Ángela todavía sigue esperando una indemnización del Estado y un perdón público por la cadena de errores que se cometieron. Eespera que su ejemplo sirva para que ningún organismo pase por alto las advertencias de una madre por ser mujer.

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Sierra LeonaSarah

Foto de Sarah Curando el miedo al ébola

TEXTO ORIGINAL: Laura Olías

FOTO ORIGINAL: Save the Children.

Curando el miedo al ébola

Sarah (nombre fictivio) está a cargo de un centro de salud en Sierra Leona. Un oficio de alto riesgo, desde que hace casi un año se desatase el último brote de ébola. Sierra Leona ostenta el primer puesto en número de personas contagiadas (11.4469, según el balance del la OMS del 4 de marzo). Sin embargo, la mujer lucha contra una consecuencia invisible a las cifras oficiales: las muertes por miedo al ébola. Debido a la malaria, las diarreas y los vómitos que antes trataban a diario y ahora se esconden lejos de los centros sanitarios por miedo al contagio.

El peligro es real. Muchos sanitarios han muerto contagiados de ébola en el desempeño de sus trabajos, pero Sarah está decidida a seguir ayudando. Los trabajadores de su centro limpian varias veces al día sus instalaciones, construidas por la ONG Save the Children, para que estén “libres de ébola”. Habla con las madres para que lleven a sus niños malnutridos, pero la mayoría no acuden. Sarah recuerda a un chico que estaba muy “muy enfermo, muy débil. Nos dijo que tenía malaria”. Pero no era malaria. Cuando le dijeron que esperara hasta que llegara una ambulancia que lo trasladaría al hospital, la familia y el chico decidieron ir por sus propios medios. “Esa mañana descubrimos que el chico había muerto”.

Sarah no niega que su labor sea peligrosa. Admite que el miedo la acompaña cada día. Hace dos o tres días dos enfermeras de otro centro sanitario murieron por el temido virus. “Pero no dejaré a los demás. Debo venir y verlos”, dice a propósito de los pacientes. La sanitaria vuelca sus esperanzas en que el miedo se espante con el fin del ébola: “Que todo vuelva a la normalidad”.

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SomaliaKhadra

Foto de Khadra Dos días de peregrinaje para combatir el hambre

TEXTO ORIGINAL: Laura Olías

FOTO ORIGINAL: Colin Crowley/Save the Children

Dos días de peregrinaje para combatir el hambre

El bebé de Khadra, Khalif, vomitaba y tenía diarrea. Sufre malnutrición severa en Somalia, uno de los países más pobres del mundo. Uno de cada siete niños muere antes de su primer año, según los datos de la ONU. Khadra dejó a su otro hijo con la abuela y las tías del pequeño con la fuerza de quien tiene que superar días de camino y sabe que depositará en ello los pocos recursos que no le permiten ni alimentar a sus pequeños. Pero tenía que superar las dramáticas estadísticas.

Khadra hablaba en febrero desde el Hospital General de Garowe, en el estado de Puntland, tras dos días de travesía. El centro sanitario más cercano a su pueblo está a más de 90 kilómetros. Khalif llevaba enfermo dos meses, pero su familia no había podido reunir el dinero necesario para acudir al hospital hasta entonces. Comparten habitación con otras tres madres y sus bebés, porque las instalaciones no dan para más, cuenta la doctora Fatuma a la ONG Save the Children, que colabora con el hospital. Uno de los niños padece meningitis y lo ideal sería separarlo del resto en una sala individual, pero no disponen de ninguna.

Para que Khalif pudiera acceder a un médico su familia tuvo que vender el ganado. El transporte público de Somalia no es apto para los bolsillos de sus ciudadanos. “A menudo, uno tiene que vender el ganado o encontrar otras formas de obtener ese dinero. Aquellos que no tienen nada dependen del apoyo de otros”, cuenta la mujer. Khalif se encuentra mejor, pero crece en uno de los entornos más hostiles para un niño, en el Cuerno de África: solo el 42% de los menores somalíes en edad escolar van al colegio, un índice a la cola del mundo.

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NepalMaya Gurung

Foto de Maya Gurung De escapar de una boda forzosa en Nepal, a escalar ocho mil metros por la igualdad Leer la historia original

TEXTO ORIGINAL: Rafa Gassó

FOTO ORIGINAL: Rafa Gassó

ADAPTACIÓN: Desalambre

De escapar de una boda forzosa en Nepal, a escalar ocho mil metros por la igualdad

Maya Gurung , "La Rebelde", huyó de casa a los 14 años la víspera de su boda, y más de dos décadas después sigue saboreando "la dulce venganza de su niñez" –en palabras propias—, aún soltera y liderando el Equipo de Trekking de Mujeres. Son siete mujeres nepalíes, con duras historias de superación a sus espaldas, que buscan escalar la cima más alta de cada continente, en el grupo '7 Summit Women Team', con el objetivo de empoderar a mujeres empobrecidas.

Maya, de 35 años, comparte cuerdas e ilusión con Asha Kumari Singh, (28), 'La Guapa'; Pema Diki Sherpa (26), 'La alumna'; Chunu Shrestha (32), ' Mamá Chunu'; Pujan Acharya (29), 'El cerebro'; Nimdoma Sherpa (23), 'El cambio' y Shailee Basnet (31), simplemente 'The Jack'. La historia personal de cada una de estas mujeres no es nada fácil, intensificada desde una perspectiva cultural de uno de los países más pobres del vasto territorio asiático. Pema, "La Alumna", tuvo ciertas dificultades para el aprendizaje durante su infancia. Ella es quien a día de hoy sustenta a su familia. O "Mamá Chunu" —así apodada por sus cuidados de la expedición en las largas aventuras internacionales—, que tuvo que ponerse a trabajar desde primaria para costearse su propia educación.

"Desde 2008 hemos visitado más de 200 escuelas, buscando el motivar a más de 20.000 estudiantes con nuestras historias de lucha y éxito. Hemos trabajado con cientos de mujeres en eventos de montaña en los que compartir y aprender de nuestros problemas comunes de género. Y en cada subida hemos registrado los cambios medioambientales. Además, hemos promovido muy activamente el turismo nuestro país en colaboración con la Oficina de Turismo de Nepal", recapitula Shailee. ¿El fin? "Seguir empoderando a más y más mujeres", concluye con una amplia sonrisa de oreja a oreja.

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Burkina FasoMarian Nana

Foto de Marian Nana La revolución de las vaporizadoras de arroz

TEXTO ORIGINAL: Laura Olías

FOTO ORIGINAL: Oxfam Intermón

La revolución de las vaporizadoras de arroz

Encontrar arroz local en Burkina Faso era una rareza a principios de los años 2000, donde el producto asiático había desplazado al nacional. Hasta que Mariam Nana y sus compañeras de trabajo aportaron los conocimientos nacionales de la cocción del arroz en su Unión de Vaporizadoras de Arroz de Bagré, que cuenta con la colaboración de Oxfam Intermón. Consiguieron que sus maridos confiaran en su proyecto con pruebas de éxito: desde 2009 han incrementado sus ingresos un 60% y, ahora, casi el 40% de la demanda nacional es de arroz local.

"Cuando las mujeres del arroz de Bagré empezamos la actividad en el centro, los hombres no conocían la importancia de la vaporización. No querían que nos reuniésemos. Ahora hay hombres que incluso nos vienen a ver para que dejemos venir a sus mujeres, para que se integren en nuestra actividad", explica Mariam, presidenta del grupo. Las vaporizadoras pasaron de ser mujeres que casi no salían de casa a influir en las decisiones del hogar: tener ingresos propios les permite decidir a qué se destina el dinero.

La educación de los hijos es una de las prioridades de estas mujeres, que viven en un país con una tasa de pobreza del 46,7% según datos del PNUD. "Antes, si el papá no tenía dinero el niño se quedaba en casa y no iba a la escuela. Gracias a este centro, que nos permite ganar un poco de dinero, los niños pueden estudiar", explica Mariam.

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KenyaKakenya Ntaiya

Foto de Kakenya Ntaiya La niña que dijo “no quiero” Leer la historia original

TEXTO ORIGINAL: Maribel Hernández

FOTO ORIGINAL: Kakenya's Dream

ADAPTACIÓN: Desalambre

La niña que dijo “no quiero”

Hace 30 años, la vida de las niñas de Enoosaen, en Kenia, poco se separaba del siguiente guión: hacerse cargo de las tareas de la casa, casarse justo tras la mutilación genital en cuanto les llegaba la menstruación, tener hijos y llevar las riendas del hogar. Entre los Maasai, nueve de cada diez se convierten en esposas en cuanto alcanzan la pubertad. Pero Kakenya Ntaiya dijo 'no'. Estaba prometida desde los cinco años, pero tenía claro que quería seguir estudiando y convenció a su familia para conseguirlo. Tuvo que someterse a la mutilación genital a cambio. Su negativa ha permitido que varias niñas de su pueblo puedan desmarcarse de la tendencia general: abrió la primera escuela para niñas de Enoosaen, a la que asisten más de 150 niñas.

Antes de dar forma al colegio Kakenya’s Dream (el Sueño de Kakenya), estudió en Estados Unidos gracias a una beca y concluyó un doctorado en Educación en la Universidad de Pittsburg. Las relaciones internacionales, la ciencia política, el desarrollo, los derechos humanos… “me absorbieron, descubrí cuál era mi pasión, lo que mi corazón quería hacer”, contó a eldiario.es. Siendo todavía una estudiante, a los 24 años, fue nombrada la primera Joven Consejera del Fondo de las Naciones Unidas para la Población (UNFPA) en una carrera como activista que tenía como destino su pueblo, Enoosaen, al que regresó en 2011.

Kakenya es consciente de la pequeñez de su impacto, en términos cuantitativos, así como de la necesidad de expandirlo. El sueño crece, “las cosas están cambiando”, dice. La escuela es altavoz de conocimiento y de valores que traspasan las aulas y llegan a los padres. “Las niñas aprenden, sus padres aprenden, la comunidad entera aprende", afirma. Y ganan todos. Ahora, su objetivo es expandir el modelo a otras comunidades. El sueño de Kakenya es ya también el de Angie, de Nasieku, Naanyu, Shura, Nampayio, Juliet, Yiamat, Sikukuu, Tasmi…

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FilipinasElenita

Foto de Elenita La vida después de un tifón

TEXTO ORIGINAL: Laura Olías

FOTO ORIGINAL: Jonathan Hyams - Save the Children

La vida después de un tifón

A Elenita ni un tifón le ha quitado la idea de que sus hijos tienen que estudiar. Era noviembre de 2013 y los vientos huracanados que asolaron su hogar pasarían a la historia con el nombre de Haiyan: el tifón arrasó Filipinas dejando tras de sí al menos 6.340 víctimas mortales y a 1,9 millones de personas desplazadas de sus hogares. Regresaron a su casa cuando llegó la calma, pero solo encontraron ruinas. Su hogar ya no era tal y lo peor: la barca con la que su marido se ganaba la vida como pescador era parte de los destrozos. Tienen que alimentar a once hijos, pero la mujer destaca: “Ninguno de mis hijos trabaja. Quiero que vayan al colegio”.

Dificultades no les faltan, admite la madre. Elenita aporta lo que puede a la economía familiar haciendo la colada en otros hogares. Su marido, Frederico continúa con la pesca: “Hay días que no pesca nada; al menos dos días a la semana no comemos en la cena o el desayuno”. Pero Elenita subraya que sus chavales no han dejado las aulas. Los dos mayores, Shiry Mae, de 20 años, y Frederico Jr, de 19, reciben formación en los programas de Save The Children en el país, donde participan en la reconstrucción de hogares como el de Elenita. Shirley aprende costura y Frederico asiste a un taller de electricidad.

Escaparon todos juntos de las estadísticas fatales de Haiyan y eso es una razón para no rendirse. Todavía Elenita siente el miedo de ese día, cuando creía que cinco de sus hijos iban a morir. Ahora, continúa su principal proyecto: “Que todos mis hijos terminen sus estudios. No quiero para ellos la experiencia que nosotros hemos tenido. Mi marido y yo no terminamos los estudios y no tenemos buenos trabajos”. Sí se anota un éxito: que todos sus hijos estén juntos y que asistan al colegio.

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CamerúnAlice Nkom

Foto de Alice Nkom Defender a los homosexuales en África Leer la historia original

TEXTO ORIGINAL: Maribel Hernández

FOTO ORIGINAL: Amnistía Internacional

ADAPTACIÓN: Desalambre.

Defender a los homosexuales en África

Lo defendió hasta la muerte. Como se defienden las causas que dan sentido a la vida. La voz de la camerunesa Alice Nkom, la abogada de los homosexuales en África, un referente en la defensa de los derechos del colectivo LGTBI en todo el mundo, sonaba triste el día que conversó con eldiario.es. “Jean Claude era para mí algo más que un defendido, entre nosotros había un vínculo materno-filial”. En la foto sonríe y lo agarra con fuerza. El caso de Jean Claude Roger Mbede era especial para Alice, la fundadora y presidenta de ADEFHO (Asociación para la Defensa de los Homsexuales) desde 2003. “No ha tenido una vida fácil, ha sufrido mucho, hasta su último aliento”, lamentaba.

El rostro de Mbede, preso de conciencia para Amnistía Internacional, dio la vuelta al mundo. Murió solo, enfermo de cáncer, confinado a un aislamiento impuesto por su familia, que siempre lo había considerado una maldición. En 1969, cuando tenía 24 años, Alice se convirtió en la primera mujer abogada de Camerún. Ha destacado siempre por su defensa de los derechos humanos, una labor que le ha traído amenazas y reconocimientos a partes iguales. “La homofobia es una cuestión de ignorancia. El Estado y la Iglesia se aprovechan de ello y difunden mensajes homófobos por todos sus medios”, alertaba. En África, las relaciones entre personas del mismo sexo constituyen un crimen en 38 países. En cuatro de ellos se castigan con la pena de muerte. La batalla de Alice Nkom continúa.

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ArgeliaAicha Barki

Foto de Aicha Barki Leer y escribir para salir de las tinieblas Leer la historia original

TEXTO ORIGINAL: Maribel Hernández

FOTO ORIGINAL: IQRAA

Leer y escribir para salir de las tinieblas

“Para las mujeres, aprender a leer y escribir es como salir de las tinieblas”. A sus 63 años, Aicha Barki lo sabe bien porque lleva más de dos décadas luchando contra el analfabetismo femenino en Argelia. A principios de la década de los noventa, esta licenciada en Literatura Francesa creaba IQRAA (“lee” en árabe), una asociación con la que pretendía reducir las tasas de analfabetismo. Por aquel entonces, más de siete millones de argelinas eran incapaces de leer o escribir sus nombres. Desde la puesta en marcha de sus primeros programas, IQRAA ha alfabetizado a cerca de 1.700.000 personas, el 91% de ellas mujeres. La organización trabaja en 1.300 comunidades y cuenta con 4.400 educadores.

La odisea particular de Aicha fue reconocida el pasado año con el Premio Internacional de Alfabetización de UNESCO. Las Naciones Unidas otorgan estos galardones a los proyectos más relevantes en la materia. En el mundo, todavía existen 781 millones de personas analfabetas en edad adulta. Es el 16% de la población mundial y de ellas, dos tercios son mujeres. Las cifras visibilizan las desigualdades de género. Por este motivo, Aicha Barki pone especial atención en las mujeres más desfavorecidas, aquellas que viven en zonas rurales. A ellas, además de enseñarlas a leer y escribir, les facilita una formación profesional orientada a que logren tener una mayor autonomía. El cambio viene solo. “Aprender a leer y escribir es también la posibilidad de tomar conciencia, de poder elegir”, dijo a eldiario.es. Para ella, las palabras que mejor explican su trabajo y el poder del acceso a la lectura y la escritura las pronunció una mujer de cuarenta años: “Es como si hubiera vuelto a nacer”.

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India Parvati Pujari

Foto de Parvati Pujari Evitar el matrimonio infantil en India y convertirse en deportista Leer la historia original

TEXTO ORIGINAL: Maribel Hernández

FOTO ORIGINAL: Fotografía: Magic Bus

Evitar el matrimonio infantil en India y convertirse en deportista

Su nombre significa “hija de las montañas” pero Parvati Pujari vino al mundo en las profundidades de Mumbai. Concretamente, en una zona de chabolas ubicada donde hoy se alza uno de los mayores centros comerciales de la India. Allí trabajaba su padre, Baban Pujari, y allí se crió esta joven, la cuarta de seis hijas. El esperado varón nunca llegó. A Parvati le aguardaba el mismo destino que al 47% de las niñas de su país, según UNICEF: el matrimonio infantil. Como marcaba la tradición –más fuerte que la ley india, que lo prohíbe desde 2006- Parvati vio casarse a sus hermanas mayores a la edad de 12, 13 y 17 años. Cuando pisó la escuela por primera vez, a los nueve años, y ganó una carrera en una competición escolar, el futuro dio un vuelco. “Me di cuenta de que podía convertirme en una atleta”, contó a eldiario.es. El camino hasta conseguirlo se perfilaba plagado de obstáculos.

“En mi país no se entiende mucho el deporte femenino, son muy pocas las personas que aceptan y creen que la presencia de las mujeres en el deporte es algo positivo. La mayoría no lo comprenden, se piensa que nuestro papel es estar en la casa y cuidar de los niños”, explica esta joven. Tras cumplir los 13 años, sus padres quisieron casarla. “Las hijas son una carga para las familias. Las razones económicas y la creencia de que a esa edad, si no me casaba, era probable que abusaran de mí forzó a mis padres a casarme”. O a intentarlo, porque Parvati ya era entonces una destacada deportista. Recuerda que fue muy duro, que la obligaron a abandonar la escuela y las actividades con la ong donde colaboraba así que no le quedó más remedio que la huelga de hambre: “Dejé de comer”. Y accedieron. Pudo seguir con su vida.

Dos años después, a los 15, se repitió la escena. La excusa volvía a ser el dinero así que Parvati consiguió un trabajo. Ella no quería casarse. Quería estudiar y seguir compitiendo. A día de hoy no recuerda el número de trofeos que ha ganado en los múltiples deportes que practica. La “hija de las montañas” se ha convertido en la primera persona de su familia graduada en la universidad y en un ejemplo para sus hermanas pequeñas. “Ninguna de ellas se ha casado. Una es enfermera y la otra sigue estudiando”. A Parvati, que además de competir es entrenadora, le gustaría seguir formándose en gestión deportiva, estudiar en otro país. “El deporte puede ser una poderosa herramienta de cambio”, concluye.

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EEUULuma Mufleh

Foto de Luma Mufleh Educación a través del fútbol para los niños refugiados en EEUU

TEXTO ORIGINAL: Maribel Hernández

FOTO ORIGINAL: he Fugees Family

ADAPTACIÓN: Desalambre

Educación a través del fútbol para los niños refugiados en EEUU

Dawit, Sylvert, Thein, Asad, Sut, Arafat, Moo Gay… Nacieron en lugares muy distintos pero tienen varias cosas en común: a todos les apasiona el fútbol y son niños refugiados que un buen día llegaron a Clarkston, una ciudad del estado de Georgia en Estados Unidos, huyendo de la guerra. Hace poco más de diez años, una joven de origen jordano llamada Luma Mufleh se encontró por casualidad con un grupo de pequeños jugando al fútbol en un campo improvisado sobre el asfalto, con piedras como porterías y un balón hecho jirones. Poco tiempo después, Luma se convertiría en su entrenadora y fundaría la Fugees Family, una organización que ha encontrado en este deporte la fórmula perfecta para mejorar la educación y ofrecer un futuro con mayores posibilidades a los niños y niñas refugiados.

Luma Mufleh nació en Amman (Jordania) en 1975 y desde 1993 reside en Estados Unidos, donde estudió Antropología y se desempeñó en múltiples trabajos hasta que los Fugees llegaron a su vida y la ocuparon por completo. Al entrar en contacto con la realidad de los niños y niñas refugiados en Estados Unidos, Luma comprendió lo difícil que puede resultar para ellos estudiar en un país muy diferente al propio, cuya lengua muchos ignoran, en el que el sistema de estudios no está adaptado a sus necesidades y a lo que, además, se añade el trauma de una infancia rota. Así decidió crear este espacio que se ha acabado convirtiendo en una gran familia y no ha dejado de crecer. En la actualidad, la Fugees Family acoge a más de noventa niños y niñas de entre 10 y 18 años, procedentes de 23 países.

Además de los equipos de fútbol y los entrenamientos, el programa más importante de esta ONG es la Fugees Academy. Dirigida por la propia Luma, en ella los niños y niñas estudian en un ambiente personalizado, donde aprenden contenidos básicos, fortalecen el inglés y adquieren otro tipo de conocimientos y destrezas para desarrollar su creatividad y liderazgo. Llegan atraídos por el fútbol, reconoce su entrenadora-tutora: “El fútbol es lo que quieren así que lo usamos para que vayan a la escuela. Les decimos: está bien, puedes entrar en el equipo, pero si no vas bien en clase, no jugarás”, explica. La realidad es que acaban encontrando mucho más. La incansable Luma espera reunir los fondos suficientes para poder construir una escuela con sus propios campos de juego. Mientras llegan, tiene razones para estar orgullosa. Veintidós de los niños refugiados que han pasado por la academia estudian ahora en la universidad, tres ya se han graduado, y nueve de ellos son entrenadores en institutos.

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Sahara OccidentalIauguiha Mohamed Embarek

Foto de Iauguiha Mohamed Embarek  Limpiando el Sahara de minas antipersona Leer la historia original

TEXTO ORIGINAL: Maribel Hernández

FOTO ORIGINAL: AOAV

ADAPTACIÓN: Desalambre

Limpiando el Sahara de minas antipersona

Iauguiha Mohamed Embarek no imaginaba que se enfundaría en un traje protector para limpiar minas en una de las regiones más plagada de estas armas invisibles: el Sáhara Occidental, su tierra. Estudió Biología y se especializó en Ecología Animal pero cuando le llegó casi por casualidad la posibilidad de trabajar limpiando los restos de la guerra con Marruecos, con la ONG británica AOAV (Action On Armed Violence), un recuerdo la impulsó a aceptar. Volvió a tener 10 años, a una sala de hospital en la que una niña llamaba desconsolada a su tío antes de que le amputaran varios dedos y una pierna.

Cuando Iauguiha se sumó al equipo de AOAV ya había otras desminadoras. Como Mariem, la primera en romper con los prejuicios que reservaban esta labor a los hombres de la región. "Muchos no esperaban que las mujeres resistieran en este trabajo, pensaban que lo dejarían enseguida por miedo o por las duras condiciones, pero no fue así. Hoy trabajan de igual a igual”, explicó a eldiario.es Minetu Larabas Sueidat, coordinadora del Programa de Acción sobre Minas de AOAV en la zona. Iauguiha se cargó de seguridad en sí misma, como le recomendó Mariem, y de horas de entrenamiento y se entregó a la labor sin miedo, reconoce.

La primera explosión controlada que presenció le recordó “el peligro real de las minas para las personas”, explica Iauguiha. De nuevo, la imagen de la niña. En esa primera misión terminaron con 66 restos explosivos de guerra (minas, bombas de racimo y otros artefactos). Según calcula AOAV, los restos han provocado accidentes, a veces mortales, a 2.500 personas. Aunque lejos de la Biología, Iauguiha ha logrado una unión con la naturaleza. “Me gusta trabajar, levantarme con el objetivo de hacer algo y además esto es bueno para los demás, estamos salvando vidas, a los animales, al medio ambiente…”.

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LíbanoGemma Justo

Foto de Gemma Justo La batalla de las empleadas domésticas del Líbano logra un sindicato Leer la historia original

TEXTO ORIGINAL: Oriol Andrés Gallart y Nicolás Lupo

FOTO ORIGINAL: Andrés Gallart

ADAPTACIÓN: Desalambre

La batalla de las empleadas domésticas del Líbano logra un sindicato

En Líbano una trabajadora doméstica raramente "deja" su trabajo sino que, según la terminología local, "escapa". Gemma Justo es filipina, tiene 48 años y hace 21 llegó a este pequeño país mediterráneo para trabajar como empleada doméstica y así pagar la educación de sus tres hijos. Ahora son licenciados universitarios. En este tiempo, se ha convertido en una de las activistas más comprometidas del país en pro de los derechos de las empleadas domésticas extranjeras ante la explotación que sufren en este sector: el sistema denominado kafala impide a las trabajadoras cambiar de empleador con el riesgo de convertirse en inmigrantes irregulares.

Gemma Justo y alrededor de 150 empleadas domésticas de unas diez nacionalidades diferentes han dicho 'basta' a los abusos. Los más denunciados son los trabajos forzados, el impago, el retraso en el pago del salario y el encierro forzado en el lugar de trabajo. También son frecuentes los abusos verbales, físicos y sexuales, según los testimonios recogidos por eldiario.es. La imagen de la etíope Birkutan Dubri en el borde de un balcón, a la que captó un videoaficionado en su intento de suicidio, es un reflejo de una desesperación que a menudo se queda encerrada entre cuatro paredes. Hasta ahora.

Las trabajadoras domésticas, con rostros visibles como el de Gemma Justo, enviaron una petición al Ministro de Trabajo libanés para crear un organización sindical a través de la Federación Libanesa de Sindicatos de Trabajadores y Empleados (FENASOL). Lo lograron y se ha convertido en un hito en el país: su código laboral impedía a los trabajadores extranjeros formar parte de sindicatos y no reconocía el trabajo doméstico como tal. "La ley no está escrita sobre piedra”, defiendían. No lo estaba: ha sido aprobada la creación del primer sindicato de empleadas domésticas del mundo áraba.

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NoruegaAnniken Jørgensen

Foto de Anniken Jørgensen La bloguera de moda que se rebeló contra la Leer la historia original

TEXTO ORIGINAL: Alberto Ortiz

FOTO ORIGINAL: Programa Sweat Shop

ADAPTACIÓN: Desalambre

La bloguera de moda que se rebeló contra la "moda barata de la muerte"

Un mes en Camboya cambió la vida de Anniken Jørgensen. Esta bloguera de moda, de 18 años, participó en un reality show llamado 'Sweat Shop'. Tres jóvenes noruegos se introdujeron durante 30 días en la vida de los trabajadores del textil del país asiático, vivieron con ellos y trabajaron a su lado. Jørgensen se chocó de bruces con los abusos laborales escondidos en muchas prendas: “Es la 'moda barata de la muerte', literalmente”, denunció en una entrevista con eldiario.es. Jørgensen sentía que no podía guardarse lo que había oído y vulneró una de las reglas del programa: mencionar la empresa en la que la ropa acabaría comercializada.

Anniken Jørgensen arremetió contra la multinacional sueca H&M desde su blog personal, en el que recogió las denuncias que, asegura, le contaron varios de sus trabajadores. “Hablamos con muchísima gente que trabajaba para ellos y que contaban historias terribles. Tenían que ir con las caras cubiertas durante las grabaciones porque tenían miedo de perder su trabajo, era algo extremo”, explica la joven. La empresa H&M negó las acusaciones de Jørgensen y apuntó que la joven nunca había estado en sus empresas suministradoras. La industria textil es una de las fuentes de ingresos más importantes para Camboya. Según recoge el estudio Shop 'til they drop, el negocio de la ropa supuso el 13% del PIB camboyano, un total de 4.600 millones de dólares. Anniken Jørgensen admitió que las presiones de la multinacional le hicieron sentirse algo “pequeña” al principio, pero no podía dejarlo estar y sus denuncias llegaron a los medios noruegos. De ahí, al resto del mundo. “Todavía lucho con la idea de que nada ha cambiado. Es muy frustrante pensar que los trabajadores que conocí siguen trabajando en las mismas condiciones”. Jørgensen los prometió que pelearía por ellos.

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Irán Diana Nammi

Foto de Diana Nammi La peshmerga que dejó las montañas kurdas y creó una ONG para seguir luchando contra el fundamentalismo

TEXTO ORIGINAL: Maribel Hernández

FOTO ORIGINAL: IKWRO

ADAPTACIÓN: Desalambre

La peshmerga que dejó las montañas kurdas y creó una ONG para seguir luchando contra el fundamentalismo

Hubo un suceso que marcó su infancia. La kurda-iraní Diana Nammi lo ha contado en más de una ocasión: una boda familiar en la que la novia fue acusada de no ser virgen y amenazaron con asesinarla. Ella entonces no entendía qué era eso de la virginidad y, mucho menos, en qué consistía un crimen de honor. Pero este hecho supondría el inicio de una vida dedicada a la lucha por los derechos de las mujeres del Kurdistán.

Diana fue una adolescente comprometida social y políticamente. Con tan solo 15 años, tras la Revolución de 1979 y el triunfo de los islamistas en Irán, decidió convertirse en peshmerga e integrarse al ejército de los “luchadores kurdos por la libertad”, como se autodenominan. Junto a ellos, durante 12 años, viajó a través del territorio kurdo, Irán, Irak, Turquía, defendiendo a las mujeres y adquiriendo a la vez conciencia de las dificultades que atraviesan. En 1991 quedó embarazada y dejó las montañas, aunque sus motivaciones permanecieron intactas. Diana Nammi llegó al Reino Unido en 1996 y seis años más tarde fundó la ong IKWRO (Organización por los Derechos de las Mujeres Iraníes y Kurdas). Desde IKWRO, que ha ido creciendo y consolidándose lenta pero firmemente, ha desarrollado y liderado múltiples campañas contra los crímenes de honor, el matrimonio forzado, la mutilación genital femenina y la violencia de género.

A esta mujer de 50 años no han dejado de lloverle reconocimientos desde entonces.“Quiero aprovechar la oportunidad para rendir un homenaje a las mujeres peshmerga que están hoy en el frente, intentado evitar que el fundamentalismo nos devuelva a una época oscura”, dijo hace cinco meses al recibir el premio Mujer del Año de Barclays. Desde el Reino Unido, esta kurda sigue alzando la voz contra el islamismo radical. En un entrevista reciente comparaba el parecido entre el régimen contra el que ella combatió y el que pretende imponer ahora el Estado Islámico: “Las similitudes son enormes en términos de derechos de las mujeres. Lo que ambos quieren es que las mujeres sean oprimidas y carezcan de sus propios derechos humanos”.

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SueciaSoraya Post

Foto de Soraya Post De la marginalidad a un sillón en el Parlamento Europeo

TEXTO ORIGINAL: Laura Olías

FOTO ORIGINAL: Parlamento Europeo

De la marginalidad a un sillón en el Parlamento Europeo

El desfase entre la vida de Soraya Post, de 58 años, y las de sus padres habla de la historia de Suecia, su país. También de su resistencia a ser “una persona de segunda clase” por unos prejuicios basados en su etnia, la gitana. La primera representante de un partido feminista (Iniciativa Feminista) con un asiento en el Parlamento Europeo irrumpió en la Eurocámara con el lema “¡Fuera con los racistas, adentro con las feministas!” y con la intención de incluir la perspectiva de género en las políticas (y presupuestos) europeos.

La activista en defensa de los derechos humanos siempre tiene unos minutos para abordar la situación de los gitanos en Europa. “15 millones de personas gitanas viven excluidas. Estamos luchando contra 700 años de discriminación”, apuntó en una reunión con Valica, una niña gitana del poblado chabolista de El Gallinero que acudió al Parlamento Europeo para hablar de su educación.

Como Valica, Soraya Post se crió entre chatarra, con la que comerciaban sus padres. Tuvo que pasar un examen en 1963 para demostrar que era apta y así poder ir al colegio. Su madre, se vio obligada por las autoridades suecas a abortar a su tercer hijo, cuando estaba embarazada de siete meses. Después, fue esterilizada “por su etnia. Tenía 21 años”, dijo en una entrevista. El año pasado, el Gobierno conservador sueco admitió estas y otras atrocidades cometidas contra la comunidad gitana durante el último siglo. Ahora Post, madre de cuatro hijos, señala a los partidos xenófobos europeos como una amenaza a los éxitos alcanzados en los últimos años.

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Reino UnidoElvira Santos

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TEXTO ORIGINAL: Javier Pérez de la Cruz

ADAPTACIÓN: Desalambre

Explotada y encerrada en hogares del Reino Unido

Elvira Santos no sabía a dónde ir. Caminaba por alguna calle de Londres, donde en pocos días ya había sufrido suficientes abusos e insultos. La mujer, filipina y empleada doméstica de una familia en Qatar, se mudó a la ciudad cuando sus empleadores se trasladaron temporalmente a la ciudad. Las vejaciones de un miembro de la familia le obligaron a huir, pero Elvira sabía que al hacerlo había quebrantado la ley.

Esta experiencia, de la que Elvira escapó hace un año gracias a la ayuda de la Asociación Filipina de Trabajadoras Domésticas (FDWA), no es un caso aislado. Ella es una de las “muchas trabajadoras domésticas inmigrantes" que llegan al Reino Unido con una familia extranjera que se instala temporalmente en el país y que se encuentran en "situación de esclavitud", según denuncian varias ONG. Los visados implican que las trabajadoras no pueden cambiar de empleador en el país y si abandonan el hogar, se convierten en inmigrantes en situación irregular.La Cámara Alta del Parlamento Británico deberá pronunciarse antes de las elecciones de mayo sobre si incluir estos permisos como parte del Proyecto de Ley contra la Esclavitud Moderna.

La denuncia de personas como Elvira, que ahora se encuentra inmersa en proceso para ser reconocida como víctima de tráfico de personas, ha permitido que varias organizaciones conozcan un infierno invisible para muchos británicos. "La hermana de mi empleador me insultaba a todas horas. No me dejaba comer. Ni siquiera cuando mi jefe traía comida para las dos; se ponía a chillar y solo me dejaba las sobras", explicó Elvira a eldiario.es. La Cámara de los Comunes no contempló estos visados en su aprobación de la ley, pero ahora la presión de los agentes sociales apunta a los Lores.

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TurquíaSasha Barakat

Foto de Sasha Barakat Aulas para el futuro de Siria Leer la historia original

TEXTO ORIGINAL: Olga Rodríguez

FOTO ORIGINAL: Laura Arau

ADAPTACIÓN: Desalambre

Aulas para el futuro de Siria

Sasha Barakat es una mujer siria de mirada viva y sonrisa fácil. Al hablar con ella nadie diría que esconde un pasado amargo. Su marido murió a causa de una enfermedad. Su hijo pequeño, Omar, de 16 años, murió luchando en la guerra en Siria. Tras recibir varias amenazas de muerte, decidió escapar del país con sus otros dos hijos y refugiarse en Turquía, una vía que han adoptado cerca de 1,5 millones de sirios, según registraba Acnur en febrero.

Sus hijos, ya mayores de edad, muestran mucha rabia acumulada. Apenas salen de casa. En Estambul no tienen trabajo ni futuro. Sasha, sin embargo, ha optado por lo contrario: "Está activa las 24 horas del día, no para", dice de ella una amiga. Sasha Barakat siempre fue así. "Antes de la guerra yo era activista, colaboraba ayudando a la gente de Irak y de Palestina y formé parte del grupo que viajó en el barco Mavi Marmara hacia Gaza para intentar romper el bloqueo".

Cuando llegó a Turquía escapando del conflicto sirio abrió, junto con otras compañeras, y con la ayuda de donaciones privadas, una escuela para refugiados de su país. Poco después se inauguró una segunda escuela, para estudiantes de entre seis y dieciocho años, que presta ayuda psicológica y pretende que la guerra de hoy no arrebate a los jóvenes su futuro. “No puedo pensar solo en mí misma, hay que seguir. Lo más importante es no rendirnos, que no llegue un punto en que digamos 'no puedo más'. Tenemos que proteger a esta nueva generación para que pueda reconstruir Siria”, relató a eldiario.es.

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Afganistán Azita Rafaat

Foto de Azita Rafaat La ex parlamentaria afgana que viste a su hija de varón

TEXTO ORIGINAL: Maribel Hernández

FOTO ORIGINAL: EFE.

La ex parlamentaria afgana que viste a su hija de varón

“En Afganistán el nivel de dignidad se establece en función del número de varones que tienes”. Son palabras de Azita Rafaat, una destacada ex parlamentaria de Afganistán que carga sobre la espalda el peso de una maldición: sólo ha parido niñas. Azita soñaba con licenciarse en Medicina, y era una buena estudiante, pero a los 20 años su familia la obligó a contraer matrimonio con un primo analfabeto de un pueblo remoto. Casada estaría protegida, pensaban. Se convirtió en la segunda esposa de Ezatullah con la única misión de darle un heredero.

En una visita reciente a España, con motivo de la inauguración de la exposición “Mujeres. Afganistán”, de Gervasio Sánchez y Mónica Bernabé, Azita recordó en La Vanguardia la ansiedad de esos años. Cuando quedó embarazada, su suegra le ponía delante fotografías de niños con la creencia de que mirarlas ayudaría a que en su interior se gestara un varón. El parto se adelantó y nacieron dos niñas sietemesinas. “Oí los gritos consternados de mi suegra y mi marido, sus insultos, sus desprecios: ‘¿¡Tan joven y guapa para esto!?’, me gritaban, desgarrados. ‘¡Qué desgracia, qué vergüenza!’. Yo quise morirme en aquel momento”, contaba. Por eso, cuando dio a luz por tercera vez y nació la cuarta niña decidió cambiarle el nombre y vestirla como un niño. Mah Nush se transformó en Mehram, creció con una libertad inusitada y para ella se acabaron las humillaciones. Se trata de una práctica habitual en Afganistán conocida como bacha posh. La propia Azita era vestida por su madre de niño cuando era pequeña para poder ir a ayudar a su padre en la tienda.

La paradoja de su historia es que incluso en su caso, pese a haber logrado un cierto reconocimiento social debido a su actividad política, todo se desvanece de puertas adentro. Azita reconoce que ella misma, convertida en activista por los derechos de las mujeres, es parte de ese 88% de afganas que, según las estadísticas, sufren violencia machista. “Puedes conseguir el respeto fuera de tu casa, pero no dentro de ella. Las mujeres en sus casas son tratadas como animales”, afirmó en Madrid. Asegura que el divorcio no es todavía una opción dada la legislación afgana porque sus hijas se las quedaría su esposo y no les esperaría más futuro que ser casadas por la fuerza. Ella quiere educarlas, que sean libres y autónomas.

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IsraelSahar Vardi

Foto de Sahar Vardi Romper “la burbuja” de los israelíes frente a Palestina Leer la historia original

TEXTO ORIGINAL: Miguel Ángel Moreno Ramos

FOTO ORIGINAL: Miguel Ángel Moreno Ramos

ADAPTACIÓN: Desalambre

Romper “la burbuja” de los israelíes frente a Palestina

Sahar Vardi, de 25 años, se rebeló desde muy joven contra su entorno, una “militarizada” sociedad israelí con la que no se identifica. A los 18 años, cuando la ley del país hebreo obliga a los jóvenes a ingresar en el servicio militar, Vardi dijo ‘no’ junto a otros compañeros, lo que le valió tres meses de cárcel y dos de reclusión. Desde entonces, apoya a los objetores de conciencia e intenta romper “la burbuja” en la que cree que viven sus compatriotas.

"La gente puede estar de acuerdo o no, apoyarte o rebatirte, pero nunca es un gran problema, no tiene mucha trascendencia. No sentimos el conflicto como propio en el lado israelí”, apuntó Sahar Vardi en una entrevista con eldiario.es. Desde su perfil de Twitter comparte fotografías de manifestaciones frente a exposiciones del Ministerio de Defensa israelí y de “cientos de israelíes y palestinos” protestando juntos contra los ataques a los pueblos ocupados tras la ofensiva sobre Gaza de este verano.

Sahar Vardi compartió su adolescencia con palestinos, una palabra apenas escuchada en sus años de escuela (en las aulas “son árabes”, recuerda). Sus amigos, a los que iba a buscar a los checkpoint cuando los retenían los soldados israelíes, le abrieron los ojos a lo que es “ser ilegal en tu propia casa”. Entre otras medidas, Vardi confía en la repercusión del boicot comercial a Israel: “La gente en el mundo está harta de esto, y está harta de financiar algo con lo que están en contra”.

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YemenAmani Yahya

Foto de Amani Yahya  Rap por los derechos de las mujeres en Yemen

TEXTO ORIGINAL: Maribel Hernández

FOTO ORIGINAL: Maha Senan

Rap por los derechos de las mujeres en Yemen

Cada mañana, Amani Yahya, una joven yemení de 21 años se levanta temprano para acudir a sus clases de primero de Odontología en la Universidad de Sana’a. Esa es la única condición que le puso su madre para poder continuar con su gran pasión: el rap. “Yo hubiera preferido estudiar Políticas, Derechos Humanos o Periodismo, pero tuve que aceptar”, cuenta por teléfono a eldiario.es. Por las mañanas, bocas, dientes y bata blanca; por las tardes, su música en un centro cultural cercano a su casa, un refugio donde dice sentirse ella misma, libre, rodeada de personas sensibles a la cultura en un país en el que las instancias oficiales no son muy afectas a las distintas expresiones artísticas. “Desde las protestas de 2011 las cosas han cambiado poco o nada, más bien han ido a peor”, lamenta.

Amani es la primera rapera de Yemen. Ninguna mujer había cantado nunca públicamente cambiando el velo por la gorra y vestida en vaqueros y camiseta hasta que ella se subió por primera vez al escenario en 2012. “Soy mujer y canto. Además, rap, eso aquí es un problema”, admite. Si a ello se le añade que sus letras denuncian la vulneración de derechos humanos que sufren las mujeres de su país entonces no extraña saber que ha recibido llamadas anónimas profiriéndole amenazas de todo tipo. “Les aterroriza que una mujer haga esto porque, según ellos, está en contra de su tradición y su cultura”.

Fue una visita a Al Hodaida, el pueblo del que es originaria su familia, lo que encendió la mecha. En particular, el encuentro con Maryam, una niña casada. “Me contó su historia, que se había casado con once años, lo que había sufrido, no pudo disfrutar de su infancia”, recuerda. Aquel testimonio se le quedó grabado y se transformó en una canción, “Mary”, en la que denuncia el matrimonio infantil forzado, una realidad para el 52% de las menores de 18 años en Yemen. Amani, cuyo nombre significa “deseos”, sueña con grabar pronto su primer álbum. “Yo quiero ser la voz de esas niñas que no pueden escribir, que no pueden hacer llegar sus mensajes. Se casan a los 10 años, no estudian, solo cocinar y cocinar y ser esposa. Quiero hablar y que la gente sepa lo que les pasa, escribir canciones sobre ellas”.

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Guinea BissauYarya

Foto de Yarya  Las cocinas que combatían la deforestación Leer la historia original

TEXTO ORIGINAL: Alberto Senante

FOTO ORIGINAL: Alberto Senante

ADAPTACIÓN: Desalambre

Las cocinas que combatían la deforestación

Yarya fue una de las elegidas para introducir una mejora en Sissaucunda, su aldea de algo más de una treintena de casas construidas con adobe y paja, en Guinea Bissau. Y su sonrisa delata el orgullo que ello supone. Yarya mostró al resto de mujeres de su comunidad las ventajas de las "cocinas mejoradas" que Alianza por la solidaridad ha repartido en el norte del país. "Lo mejor es que no tenemos que ir a recoger tanta leña. Cargar tanto nos quitaba tiempo y nos dejaba muy cansadas. Ahora podemos pasar más tiempo con la familia", contó a eldiario.es con alegría.

Las mujeres de Sissaucunda hablan de estas cocinas, de apariencia muy sencilla, como se describe un producto en la teletienda. Todo son ventajas: cocinan más rápido, aprovechan mejor el calor por lo que necesitan tres veces menos leña y no hay riesgo de quemaduras ni de intoxicaciones; y, como se colocan fuera de la casa, pueden dedicarse a otras tareas mientras el arroz y las verduras cogen su punto. Yarya y las mujeres de Sissaucunda son además granos en la batalla global contra el cambio climático: al reducir a una tercera parte el consumo de madera aseguran haber detenido en gran medida la deforestación que estas comunidades estaban provocando en la región.

La ONG local Aprodel ha logrado también, gracias a donaciones de particulares, que las cientos de mujeres que siempre habían recolectado en la región de Casamance puedan decir ahora que esa tierra es suya. En muchas de esas familias por primera vez entraba dinero en casa, y era la mujer quien lo traía. Buntabanka, madre de ocho hijos y vecina de Sissaucunda, es una de esas pioneras. La legalización de la propiedad de la tierra para las mujeres frena el peligro de acaparamiento de tierras de cultivo por parte de empresas extranjeras en la zona, e impide la práctica habitual en la que, cuando las tierras comienzan a dar beneficios, los maridos dedican los beneficios a comprar la dote de otra mujer.

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EtiopíaDerartu Tulu

Foto de Derartu Tulu La igualdad d egénero en Etiopía también se conquista en el podio Leer la historia original

TEXTO ORIGINAL: Hugo Domínguez

FOTO ORIGINAL: eldiario.es

ADAPTACIÓN: Desalambre

La igualdad d egénero en Etiopía también se conquista en el podio

Los estantes del despacho de Derartu Tulu no esconden cualquier galardón. Una medalla brilla sobre todas las demás: oro en 10.000 metros en Barcelona 92, la primera para una africana negra en unos JJOO. Ese metal le cambió la vida, y la de Etiopía, su país. En África, un territorio donde históricamente la mujer ha tenido las puertas blindadas al mundo laboral, relegándolas a tareas domésticas, ella ha conseguido hacer un hueco. Con el dinero logrado con sus veloces piernas, está construyendo un centro comercial y un hotel, que sirve para dar trabajo a varias mujeres.

Esta última escena ya no es tan inusual. Las mujeres empresarias etíopes ya no están en minoría y muchas comparten un mismo punto de partida: han sido fondistas de élite y han conseguido salir adelante. Tras disputar maratones en Europa y América regresan a casa con una mentalidad renovada, cuenta Derartu Tulu. Entienden que su dinero es suyo, y son ellas las que tienen que tomar la iniciativa y administrarlo. En ese contexto han florecido comercios, peluquerías o centros de ocio regentadas exclusivamente por mujeres.

Las etíopes pasan de ser consideradas como propiedad del marido a una honorable fuente de ingresos. Este fenómeno lo retrata el documental '01:05:12. Una carrera de fondo' dirigido por el periodista español Javier Triana. "Los roles tradicionales comienzan a cambiar poco a poco, pero todavía queda mucho para que pueda hablarse de igualdad en en Etiopía", contó a eldiario.es Triana. Derartu Tulu ha puesto los primeros ladrillos con esa esperanza.

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