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Una ciudad inteligente es una ciudad que educa

Los nuevos ayuntamientos que se van a constituir, si realmente quieren abordar la lucha contra la desigualdad desde su raíz, deben intervenir en el ámbito educativo.

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Niños y niñas en clase   © Pablo Tosco / Oxfam Intermón

Niños y niñas en clase © Pablo Tosco / Oxfam Intermón

Hace pocos días, un amigo físico explicaba que cualquier cuerpo al que se le apliquen dos presiones distintas puede acabar fracturándose. Pues bien, hoy en día un gran número de ciudades españolas corre un serio riesgo de experimentar esta fractura. Por citar algunos ejemplos, vemos como el índice de GINI, que mide la desigualdad económica con valores que van del 0 (igualdad perfecta) al 1 (máxima desigualdad), se sitúa alrededor del 0,50 en ciudades como Barcelona, Madrid, A Coruña o Valencia. Estos datos nos ubican lejos de los estándares de las sociedades europeas más igualitarias, como Noruega o Suecia, donde el índice de GINI se sitúa por debajo del 0,25.

Esta desigualdad se traduce en importantes diferencias en la distribución de renta entre barrios de una misma ciudad. Por ejemplo en Barcelona, según datos del Ayuntamiento, la renta familiar en Pedralbes es seis veces mayor que en Ciutat Meridiana. La desigualdad territorial acaba afectando también a la calidad de las escuelas y propicia la creación de redes personales que segmentan a los niños desde su infancia más temprana.

Entre las diferentes medidas que se puedan impulsar para paliar la desigualdad, hay una medida que resulta especialmente relevante por su impacto a la hora de revertir los factores que la causan: la inversión en educación. La OCDE muestra como la educación es clave para la recuperación económica, pero también para avanzar hacia sociedades más igualitarias. Una sociedad con más y mejor educación no será sólo capaz de crear empleo, sino que será más justa y cohesionada. Y más concretamente, parece prioritaria la inversión en educación preescolar, recuperando la “vieja” idea de universalizar el periodo de 0-3 años. Cada vez aparecen más estudios, como el de la Fundación La Caixa, que manifiestan que la educación en edades tempranas es fundamental para el desarrollo formativo a lo largo de la vida y para evitar el fracaso escolar, sobre todo entre la población con menor renta. Además, la inversión en educación en esta etapa tiene importantes beneficios adicionales, como el hecho de contribuir al crecimiento económico y facilitar la incorporación -o mantenimiento- de la mujer al mercado laboral.

Los nuevos ayuntamientos que se van a constituir estos días, si realmente quieren abordar la lucha contra la desigualdad desde su raíz, deben intervenir en el ámbito educativo. Una primera medida para hacerlo, sobre todo en grandes ciudades con capacidad inversora como Barcelona y Madrid, es universalizar la educación en la etapa 0-3 años. Pero además, también es el momento de recuperar y dar prioridad a los llamados Proyectos Educativos de Ciudad, que implican el establecimiento de un compromiso consensuado a favor de la educación y de los que podemos ver numerosos casos de éxito a través de la Asociación Internacional de Ciudades Educadoras.

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