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EXTREMADURA

El amor en tiempos del ‘Tinder’, cuando Internet se vuelve el hábitat habitual para ligar

Las aplicaciones para el móvil se han convertido en un lugar de encuentro para relaciones tanto heterosexuales como homosexuales

Tienen a cientos de extremeños y extremeñas, al igual que el resto del mundo, literalmente ‘enganchados’ según transmiten los expertos

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Foto: Intel Free Press

Foto: Intel Free Press

Una cita con apenas tres fotos intercambiadas y una conversación por mensaje de texto. O lo que es lo mismo, Eulalia fue a conocer a un chico completamente a ciegas. Y el resultado no fue el que esperaba, porque tras esa noche él desapareció, la bloqueó en el teléfono y las redes sociales. “Y si te he visto no me acuerdo”.

Es una de las muchas historias de quienes usan las aplicaciones de móvil para conocer gente. Tinder es solo una de las herramientas disponibles. Para quienes buscan el amor a través de Internet... o para quienes le llaman amor, cuando en realidad quieren decir sexo.

Son aplicaciones tecnológicas para encuentros tanto heterosexuales como homosexuales. Tienen a cientos de extremeños y extremeñas, al igual que el resto del mundo, literalmente ‘enganchados’ según transmiten los expertos.

La experiencia de Eulalia, una mujer de Mérida de 34 años, no ha sido nada positiva en los tres encuentros que ha tenido con hombres. “Son aplicaciones en la que se mete gente normal. Y el mensaje que quiero transmitir es que cuando te llevas una decepción no es inusual. Te ha ocurrido a ti, me ha ocurrido a mi, somos muchas a las que nos ha pasado. Y lo mejor es saberlo, que lo sepas para sentirte mejor”.

Uno de los mitos que hay que desterrar aquí es el amor romántico. O quizás estas aplicaciones no deberían ser recomendadas para quien busca en ellas a su ‘príncipe azul’.

En este sentido Pedro Natalio, sociólogo extremeño, recomienda su uso, pero siempre que se tengan las ideas claras. Porque en un porcentaje elevado albergan a gente que no está dispuesta a amar, sino que buscan un encuentro efímero. Una relación sexual sin ataduras ni nudos, a lo que suma algo de egocentrismo en este proceso.

Comenta cómo algunas de las aplicaciones disponibles se mueven por el mismo modelo que el esquema de consumo actual, pero trasladado a las redes sociales. El motivo es muy sencillo: si al usuario le interesa la persona que tiene enfrente le da un ‘Me gusta’ en su perfil, pero solo podrá hablar con la otra persona si ésta hace lo mismo. Si alguna de las dos partes ‘clickea’ un 'No me gusta’, nunca entablarán una conversación.

“Si nuestro primer encuentro es a través de un acto de consumo, está claro qué puedo pensar de ti, qué tengo en frente, si te tengo como un objeto de consumo”.

Comenta en este sentido Eulalia, usuaria, que cuando se dio de alta llegó a sentirse como verdadera “mercancía”. En cuestión de dos horas había recibido hasta 50 mensajes de hombres diferentes. Y algunos de los mensajes eran "auténticas guarradas".

“Te sientes como una 'Teletienda', y lo peor es que tú terminas haciendo lo mismo. No te fijas en las personas normales, sino en los tíos más atractivos, en los que mejor físico tienen”.

¿Estás enganchado a tu teléfono móvil? (Foto: garryknight | Flickr)

Un cambio de actitud y usos sociales

Montse Fernández, una sexóloga extremeña,  coincide en la idea de que las personas que entran en las APP deberían tener antes muy claro qué buscan, y por supuesto ser sinceras con la persona con la que interactúan.

Sobre el uso masivo de estas aplicaciones entre gente soltera –y otras que no-- apunta a un cambio de actitud y usos sociales. Se refiere a un paso gigante entre aquellas agencias matrimoniales a las que acudían personas a las que se les ponía la etiqueta de ‘desesperada’, frente a una herramienta que hoy día utilizan pandillas enteras de amigas y amigos.

Aplicaciones que incluso recomiendan personas cercanas. A ese amigo o amiga que no termina de encontrar el amor al calor de la barra de un bar, o tras presetarle a alguien con la idea de que “entre estos cuaje algo”.

Se produce además otro fenómeno cuando se pone de moda su uso. Y es el hecho de que sea un nuevo pasatiempo, con el que entretenerse tras la sobremesa de la cena. La socióloga Montse Fernández detecta un modo de paliar la soledad, una forma de entretenimiento que es capaz de tapar vacíos tras tres horas chateando. 

Puede que con la intención de conocer a alguien especial, o no, pero con la diferencia de que lo hacen desde el sofá de casa. Relajadas en el caso de ellas. Sin maquillajes, o las composturas sociales inculcadas a la hora de relacionarse e iniciar un cortejo, según explica.  “Al final es una herramienta que sustituye las cinco copas que puede llegar a tomarse alguien para ligar, pero todo desde el sofá”.

Subraya además que en este entorno virtual es más fácil decir un ‘no’ a una persona, o pasar página en caso de que no se cumplan las expectativas. Recomendaría una aplicación a pacientes con dificultades para relacionarse o con una timidez que les impide entablar una conversación.

"Si no es por esta APP, no conozco a mi pareja"

No todas son experiencias malas en lo que amor en tiempos de ‘Tinder’ de refiere. Y de ello da buena fe Alicia, una joven de 32 años de Badajoz que ha encontrado al chico con el que sale desde hace un mes allí.

Reconoce que antes del momento de verse en persona sí que llegaba a sentir miedos, aunque compara la experiencia de una APP con la que se puede tener con alguien que se conoce una noche en un pub o una discoteca.

“Yo he conocido a varias personas, y todas muy majas, pero hay que decir no obstante que te encuentras de todo. Y la mayoría de hombres con los que te cruzas solo buscan un ligue y un encuentro esporádico, y entre ellos muchos casados”, comenta.

Alerta no obstante de que hay muchos perfiles falsos, aunque siempre que ha quedado con alguien ha tomado precauciones, tales como agregarlos al Facebook y otras redes sociales, ver qué amigos en común tienen en común o hablar antes por teléfono. “Tomando precauciones, y siendo cauta, sí lo recomiendo. Sin ella, es probable que no hubiera conocido al chico con el que salgo en estos momentos”.

En ese sentido la sexóloga Montse Fernández recomienda siempre, y especialmente a las chicas, que no queden con las personas desconocidas en un lugar privado, por ejemplo su casa. Sino en un espacio público, donde se pueda identificar bien de quién se trata, hablar, hacer preguntas, ver qué hay de verdad y de mentira en las conversaciones que previamente intercambiaron.

También, consejo básico, que se avise siempre a alguien de que van a encontrarse con una persona desconocida.

En cuanto a los resultados de desencuentro, sí que aclara la experta que lo mismo puede ocurrir con quien se conoce una noche de fiesta. Son espacios donde puede existir en una de las partes apegos y mimos, y en la otra un mero interés sexual que termina con aquella frase de  “si te he visto no me acuerdo”.

Una de las cuestiones que quiere subrayar, y ante la que enciende alarmas, es en aquellas aplicaciones que son de pago, pero son para los hombres, mientras que para ellas son gratuitas.

Advierte que las empresas que están detrás  deberían tener un mínimo de responsabilidad social corporativa porque este tipo de relaciones no llevan a que se produzcan contactos saludables entre mujeres y hombres.

¿Por qué no dejamos el móvil y hablamos más?

El mundo de la telefonía no deja de repetir los modelos extendidos en la televisión y los medios de comunicación de masas. Comenta el sociólogo Pedro Natalio que la realidad virtual ocupa cada vez más tiempo vital. Hasta el punto de ver a un grupo de amigos en el parque, todos sentados en el césped, cabizbajos, chateando desde la distancia con alguien. O incluso puede que con alguna otra de las personas que le acompaña en el corrillo a menos de dos metros.

En el caso de las aplicaciones, apunta que el usuario o usuaria también puede inventarse su propia personalidad, intentar demostrar más de lo que aparenta en persona. O destacar por qué no, alguna capacidad o virtud que en la vida real no muestra de manera espontánea por miedos y frustraciones.

¿A qué se renuncia en contra? Pues al anonimato, especialmente en entornos pequeños como es el mundo rural extremeño. Donde al final todas las personas cercanas que lo usan son conscientes de que ambas son usuarias de una aplicación a la que se entra mayoritariamente a ligar. O incluso puede que crucen miradas con el convencimiento de que semanas atrás llegaron a mantener una conversación.

Aunque al final, lo que puede llegar a ocurrir, es que se opte por desgastar los dedos en un teclado en vez de dar carias.

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