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La Unión Europea quiere acabar con el derecho al asilo

Mientras empeoran las condiciones climatológicas, aumentan los muertos en el mar, este domingo hemos comprobado una vez más cómo los jefes de estado de los países europeos se reúnen para redundar en las mismas soluciones a la crisis humanitaria de los refugiados: más vallas, más seguridad, más controles, más devoluciones…

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En las dos últimas semanas hemos visto cómo el cierre de la frontera de Hungría con Serbia ha generado que el flujo de refugiados se trasladara hacia la frontera serbocroata de Berkasovo, convirtiéndose en uno de los puntos de acceso más transitados a Europa. Día tras día estamos comprobando cómo la falta de rutas legales y seguras para atender el drama humanitario de los refugiados y de los migrantes genera que miles de personas, entre ellas mujeres, enfermos y niños, duerman noche tras noche hacinadas, entre basura y al raso, a las puertas de las fronteras de Grecia, Macedonia, Serbia, Croacia, Eslovenia y Austria.

A iniciativa del presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Junker, ayer domingo se realizó una cumbre extraordinaria de jefes de estado de la llamada ' ruta de los Balcanes occidentales' con la participación de una decena de países: Austria, Bulgaria, Croacia, la Antigua República Yugoslava de Macedonia, Alemania, Grecia, Hungría, Rumanía, Serbia y Eslovenia. Además del  presidente del Consejo europeo, el polaco Donald Tusk, la presidencia de turno de la UE que ocupa Luxemburgo, representantes del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) y representantes de Oficina europea de apoyo al asilo (EASO) y la Agencia europea de control de fronteras exteriores de la UE (FRONTEX).

Unas horas antes de la reunión se conocía un documento de FRONTEX en el que se proponía la aplicación de duras medidas que disminuyeran los movimientos de refugiados, entre ellas, alojarlos en centros cerrados de internamiento, la aplicación de las conocidas "devoluciones en caliente", aumentar el control de la frontera a la entrada y salida (sobre todo con las fronteras de Macedonia y Albania) y el despliegue de una fuerza de 400 policías para controlar el registro de refugiados en la frontera de Eslovenia con Croacia.

El objetivo de esta reunión era acordar políticas y acciones comunes para poner en marcha de manera inmediata ante la situación de emergencia en los países de la región. Pero las conclusiones del encuentro, una vez más,  se han centrado en reforzar la línea securitaria del control de fronteras en detrimento de la ayuda y la acogida de los refugiados, que lejos de ser el objetivo central ha vuelto a ser relegado a un segundo plano prefiriendo una vez más atender las recomendaciones de Frontex que las de las organizaciones humanitarias y sociales que trabajan en el terreno con los refugiados y refugiadas.

¿En qué dirección avanzan las propuestas aprobadas en la reunión de ayer?

En acabar con el derecho al asilo y con la libre circulación por los Balcanes. Los jefes de gobierno se han comprometido a no favorecer e impedir el tránsito de los refugiados de una frontera a otra. Como actualmente se estaba realizando en Macedonia por parte del estado y en Serbia por parte de las empresas de trasporte mientras el gobierno miraba hacia otro lado. 

Incrementar los dispositivos de control en las fronteras, mediante una nueva operación de Frontex en la frontera terrestre exterior entre Grecia y la antigua República Yugoslava de Macedonia y Albania, para centrarse en los controles de salida. Junto a la realización registro de refugiados y migrantes que aún no se hayan inscrito en Grecia, reforzando la fracasada Operación Poseidón de control de fronteras. 

Favorecer la intervención militar y policial de Frontex en las islas griegas, como por ejemplo en Lesbos. Esta medida intensificará las tensiones y alargará las esperas para presentar las solicitudes de asilo. Además se plantea un nuevo apoyo de Frontex para detectar cruces fronterizos irregulares y soporte el registro y la toma de huellas dactilares en Croacia que se sumará al despliegue de 400 guardias fronterizos y equipos esenciales a través de la activación por parte de Eslovenia del equipo de intervención rápida en las fronteras (RABIT).

Avanzar en hacer efectivo el Plan de Acción UE-Turquía para externalizar la función de control de fronteras como ya se ha hecho con Marruecos, o Libia. Llegando a un acuerdo con un gobierno que está violando sistemáticamente los derechos humanos de su propia población y de la población refugiada que no tiene garantías legales. ¿Qué futuro le desea la Unión Europea a los más dos millones de refugiados en Turquía? ¿Que vivan durante décadas en campos de refugiados como los refugiados palestinos, siin empleo, sin acceso a los servicios básicos, sin futuro para sus hijos?

Y por último, favorecer la repatriación de los migrantes que no tienen necesidad de protección internacional de asilo, devolviéndolos a su país de origen con rapidez, como ya defendió con vehemencia Ángela Merkel en su intervención en el congreso del Partido Popular Europeo en Madrid la pasada semana. Entre estos migrantes que no tienen, supuestamente, necesidad internacional de protección se encuentran los colectivos afganos e iraquíes, que como todo el mundo sabe siguen sufriendo una intensa violencia política en sus países de origen.

Sin embargo, lo que las organizaciones humanitarias y la comunidad internacional demanda no son estas medidas, sino acciones de salvamento marítimo y un corredor humanitario para que las personas refugiadas puedan llegar seguras a su destino. Mientras empeoran las condiciones climatológicas, aumentan los muertos en el mar, este domingo hemos comprobado una vez más cómo los jefes de estado de los países europeos se reúnen para redundar en las mismas soluciones a la crisis humanitaria de los refugiados: más vallas, más seguridad, más controles, más devoluciones… Medidas que incrementan el riesgo para la vida de miles de refugiados, favoreciendo el negocio del control de las fronteras y, por supuesto, el de las mafias. Esta cumbre es un paso mas para acabar con el derecho al asilo mientras nuestras fronteras siguen sangrando. La experiencia en los Balcanes refleja que no son los llamados “líderes europeos” los que construyen la solidaridad y garantizan la ayuda a la población desplazada. Precisamente, ante su inacción, son los activistas, los movimientos sociales autoorganizados y las instituciones del cambio, lideradas por la ciudadanía, las que han llenado el hueco dejado por las autoridades- Demostrando, una vez más, sólo el pueblo salva al pueblo.

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