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Las crisis de Europa: una economía anémica

Es absolutamente imprescindible impulsar la demanda interna para tener un sólido crecimiento que permita resolver los problemas de paro y desigualdad generados estos años

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Draghi defiende la banca y dice que el BCE "está preparado para hacer su parte"

Mario Draghi EFE

Europa ya no se parece a lo que era. Acechada por varias crisis camina al filo del despeñadero. Su pérdida de eficacia para abordar los retos que afronta, la falta de respuestas ancladas en los valores y principios sobre los que se sustentaba y la erosión de legitimidad del proyecto comunitario a ojos de los ciudadanos deberían hacer saltar todas la alarmas.

La crisis migratoria, la llegada de una gran ola de refugiados durante el último año, y la crisis política por la posible salida de Gran Bretaña de la UE han agravado la situación. Pero el Kilometro 0 de la actual situación se debe situar en el inicio de la Gran Recesión, ahora hace ya 7 años, y la nefasta gestión de la crisis económica en la Zona Euro.

De nuevo es el sistema financiero, como ya lo hiciera Lehman Brothers, quien pone en riesgo una economía que languidece y lastrada por enormes bolsas de deuda pública generadas durante la Gran Recesión. En el ojo del huracán el mismo grave problema: el circulo vicioso entre deuda privada y deuda pública al que no se ha conseguido poner un corta fuegos. Por eso la solvencia del mismísimo Deutsche Bank y la banca italiana pueden poner en jaque a toda la economía europea.

El circulo vicioso entre deuda privada y pública se agravó por un diseño institucional de la unión monetaria incompleto que se ha mostrado incapaz de hacer frente a shocks asimétricos. Un diseño del euro con un pobre presupuesto europeo de un 1% del PIB, sin estabilizadores automáticos, sin convergencia social ni fiscal y sin una Reserva Federal que protegiera la deuda soberana con un mandato dual (inflación y empleo).

Una dinámica intergubernamental liderada por Alemania y una aplastante mayoría conservadora en las instituciones europeas recetó ajuste fiscal (sangre sudor y lágrimas) para salir del hoyo. Para aplicarse, una maraña de normas y coordinación europea que ejerce un control de hierro sobre los presupuestos públicos nacionales y que funciona como una verdadera chaqueta de fuerza con importantes consecuencias sobre el desarrollo de la democracia.

Los países que con un gran superávit comercial y mucha capacidad fiscal están haciendo una política férrea de estabilidad presupuestaria son hoy la fuente de uno de los mayores desequilibrios macroeconómicos de Europa

El resultado es de sobra conocido. Una economía con un crecimiento anémico (estancamiento secular). Unas desigualdades sociales desgarradoras e insoportables. Un empobrecimiento generalizado de las clases medias. Una brecha generacional que se agrava . Y una divergencia socioeconómica que ha devenido en divergencia política entre el norte y el sur de Europa. Unas diferencias que empiezan a dibujar sociedades marcadamente contrapuestas en el continente.

Mario Draghi es de los pocos que ha reaccionado ante la situación. Sin duda, el BCE está siendo la institución europea más proactiva de la UE con su política monetaria expansiva (Quantitative Easing) y su depreciación del euro para impulsar las exportaciones. Pero la política monetaria es condición necesaria pero no suficiente para reactivar la economía.

Es absolutamente imprescindible impulsar la demanda interna para tener un sólido crecimiento que permita resolver los problemas de paro y desigualdad generados estos años. Para ello los socialistas desde el Parlamento, la Comisión y los Gobiernos nacionales hemos impulsado una reinterpretación del Pacto de Estabilidad y Crecimiento que otorga mayor capacidad de maniobra a los países con margen fiscal, como Italia y Francia, y un Plan de Inversiones con el objetivo de levantar capital privado para proyectos estratégicos (Plan Juncker). Asimismo el Comisario socialista de Economía, Pierre Moscovici, ha lanzado un Paquete de medidas para luchar contra una evasión fiscal que cuesta a las arcas públicas entre 50.000 y 70.000 millones de euros al años. Todo ello positivo pero aún lejos de ser suficiente.

Son necesarios estabilizadores automáticos europeos, en este sentido hay que seguir con mucha atención la propuesta de Pier Carlo Padoan, ministro de economía italiano, para instaurar un seguro de desempleo europeo. Relajar el ritmo de consolidación fiscal en los países con dificultades como España. Y hablar de una vez del elefante en la habitación, la deuda, para afrontar de una vez una reestructuración en Grecia.

Pero eso no es todo. Los países que con un  gran superávit comercial y mucha capacidad fiscal están haciendo una política férrea de estabilidad presupuestaria son hoy la fuente de uno de los mayores desequilibrios macroeconómicos de Europa. Véase Alemania. Necesitamos como el agua que bebemos que usen ese margen para estimular la demanda.

Y es aquí donde entra la crisis de los refugiados. Sí, la crisis de los refugiados. ¿Por qué? Porque la llegada de más de un millón de personas durante el 2015 a Europa, básicamente a Alemania, puede acabar forzando al motor económico de Europa a hacer la política fiscal expansiva que el conjunto de la Zona Euro necesita para salir del atolladero. Los refugiados como solución a nuestra crisis económica. Y eso sí que es una sonrisa del destino.

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