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El largo invierno económico europeo

No. No hay recuperación. Ni se le espera. Europa avanza por la senda del dolor autoinflingido sin que nadie se atreva a afirmar lo obvio: llevamos 6 años persisitiendo en el error. Una y otra vez.

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Una vez más, y ya van unas cuantas, la realidad se empeña en desmentir los dogmas neoliberales de los tecnócratas de Bruselas.

No. No hay recuperación. Ni se le espera. Europa avanza por la senda del dolor autoinflingido sin que nadie se atreva a afirmar lo obvio: llevamos 6 años persisitiendo en el error. Una y otra vez. La Comisión ha revisado a la baja todas la previsiones de crecimiento. La eurozona crecerá un paupérrimo 0,8% este año, 1,1% el año que viene (la previsión hace 6 meses era del 1,7%). Alemania ve su previsión de crecimiento disminuir para 2015 del 2% al 1,1%. Francia del 1,5% al 0,7%. Y España del 2,1% al 1,7%.

Europa parece encaminarse inevitablemente hacia su tercera recesión, y la afrontará en las peores condiciones posibles y un sufrimiento social cada vez mayor.

Pero nada de eso parece hacer cambiar de opinión a los halcones que hoy nos gobiernan: el nuevo Vice-Presidente de la Comisión Europea, Jyrki Katainen, siguió ayer recetando recortes y reformas. Pierre Moscovici, de quien se esperaba un cierto reequilibrio en el enfoque austeritario de Bruselas, se estrenó ayer nada más y nada menos que mostrándose reacio al uso de la flexibilización prevista en la legislación fiscal europea. Un delirio.

Ni tan siquiera el desesperado discurso de Mario Draghi en Jackson Hole, suplicando medidas fiscales de impulso a la demanda agregada han surgido efecto alguno.

Lo peor de todo es que estos datos los da la Comisión en medio de la negociación sobre los presupuestos con Italia y Francia, y la exigencia para ambos de proceder a ajustes adicionales.

Y todo parece indicar que ante las nuevas previsiones de crecimiento y de déficit, ahora a Bruselas le dará por exigir a todo el mundo medidas adicionales de ajuste. Aviso para navegantes: la previsión de déficit de España para 2015 es del 4,6%, y España se ha comprmetido al 4,2%. De no medrar cambio alguno en la política actual, se avecina una nueva ronda de recortes para España.

Y entre tanto, Draghi sigue empeñado en moderar su actuación. No hay expansión cuantitativa en el horizonte.

La comparación con lo hecho por los Estados Unidos es vergonzante: una política fiscal más generosa y una Reserva Federal que ha hecho su trabajo han dejado el paro en un 5,9% y una previsión de crecimiento del 3% en 2015.

Para las instituciones comunitarias, lo que ocurra en España es esencial. España es el éxito o el fracaso de su política de reformas y recortes. Llevamos meses oyendo que España es el alumno aventajado del programa austeriatrio, y que su evolución económica era la prueba de que lo hecho era acertado. La Comisión y el Gobierno Federal Alemán llevan meses echándole el caso español a la cara de italianos y franceses. Nuestros queridos dirigentes del PP sacaban pecho ante sus homólogos europeos sobre la evolución de los datos.

Se acabó. Ayer todos se agarrában a que los datos españoles eran menos malos que el resto, negando una evidencia: los datos españoles no pueden ser buenos con un entorno parado. Si Francia y Italia desarollan presupuestos contractivos, ello afectará a España, que ya ha regresado al déficit comercial. Y a Alemania, cuyas exportaciones industriales se hundieron un 5,8% en agosto, la mayor caída en 5 años.

Europa es un mercado relativamente cerrado: si se contrae la demanda en un estado miembro eso afecta automáticamente al resto. El Instituto de Estadística de Italia ha calculado que el nuevo presupuesto de recortes de Renzi reducirá el crecimiento italiano en 0,6 puntos. ¿Alguien cree que esto no afectará a su entorno?

En eso estamos, en esta espiral imparable de retorno a la economía de la depresión permanente.

Ante este escenario, Europa necesita urgentemente una nueva política fiscal. Estos días discutimos en la Comisión de Economía del Parlamento Europeo la posible revisión del Marco de Gobernanza Económica, las normas que blindan la austeridad. Necesitamos urgentemente cambiar esas normas para dar aire a la inversión y a las cuentas públicas de los Estados Miembros. ¿Se atreverá Moscovici a proponerlo? Lo insinuó en su comparecencia ante el Parlamento como candidato a Comisario, pero tras lo dicho ayer albergo serias dudas.

Urge que Juncker, que prometió un plan de inversiones de 300.000 millones de euros sin al parecer saber como lo iba a financiar, concrete sus intenciones y nos presente una propuesta con todos los detalles.

El Banco Central Europeo sí debe empezar a comprar activos públicos y privados de forma masiva.

Y debemos empezar a hablar de lo que nadie se atreve: la deuda señoras y señores es un problema de alcance europeo que debemos afrontar conjuntamente. Los previsiones de ayer también muestran como la endeudada periferia no logrará desapalancarse de forma significativa en los próximos años (las previsiones para España son del 102,1% de deuda pública sobre PIB en 2016, 4 puntos más que ahora). ¿Cómo lograrlo en estas condiciones?

Durante la última campaña electoral en ICV tuvimos la suerte de contar con el apoyo del economista norteamericano James K. Galbraith, que en una magnífica ponencia que realizó en el CCCB sobre la Eurozona terminó su intervención así:

"Que alguien acabe con esta locura. Necesitamos que regrese el sentido común y que alguien haga lo que hace años sabemos que hay que hacer".

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