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La generación Bataclan no se rinde

"Desde luego que no voy a cambiar mi modo de vida porque es lo que los terroristas quieren", dice una estudiante de unos veinte años

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Estudiantes sentados en el voladizo de una ventana se suman al minuto de silencio celebrado en la Universidad de la Sorbona en memoria de las víctimas mortales de los atentados del pasado viernes en París

Estudiantes sentados en el voladizo de una ventana se suman al minuto de silencio celebrado en la Universidad de la Sorbona en memoria de las víctimas mortales de los atentados del pasado viernes en París EFE

Delante de la Sorbona, una de las universidades más antiguas de Europa, un cartel en la acera, adornado con rosas y velas, luce tres nombres escritos en letras pequeñas: Marion, Suzon y Sahdi. Sus fotos son sólo unas de las caras de los jóvenes que el fanatismo de los terroristas del viernes pasado se llevó por delante.

Un rápido repaso al terrible balance de los atentados deja una conclusión muy clara: después de los ataques contra símbolos de la libertad de expresión como Charlie Hebdo o contra una comunidad en particular como el Hyper Cacher en enero, esta vez el blanco de los terroristas era la juventud parisina.

Tampoco es casualidad que el lunes después de los atentados, el presidente Hollande y su gabinete de ministros eligieran la Sorbona para seguir el minuto de silencio que tuvo lugar en todas las ciudades del país: estudiantes, profesores, periodistas, arquitectos; para esa juventud 'burgués-bohemia' y alegre que sale el viernes por la noche, la hemorragia fue tremenda.

Hasta tal punto que el diario Libération hablaba en sus páginas del lunes de "Génération Bataclan", en referencia a la sala de conciertos donde tres de los siete terroristas mataron a 89 personas en un concierto de heavy metal.

"Es cierto. Los terroristas también quisieron apuntar a toda una generación. Por el mero hecho de que cuando quieres matar la vida, matas a la juventud primero", explica Julia Perraud, una joven estudiante de historia e inglés que estuvo en el minuto de silencio ayer en la plaza de la Sorbona. "Más que a una generación, yo creo que querían golpear en todos los sectores de la sociedad", subraya Antoine, estudiante de tercer año. "Porque no hay que olvidar que también querían entrar en el Stade de France, donde había muchas familias".

Del lado de los profesores, lo que predomina es la sensación de que esta vez la solidaridad después de los ataques es completa. "Mientras en enero se podían escuchar unas voces que discrepaban de la solidaridad con "Charlie" o que ponían en duda el hecho de que los autores de los atentados fueran terroristas islamistas, esta vez el efecto bloque es total", sostiene Eva Touboul, joven docente en la universidad Paris X-Nanterre. "Todos los estudiantes sienten que los terroristas querían cargarse a buena parte de su generación".

En el corazón de París, en la escuela de élite de Paris-Ulm, el sentimiento es parecido. "Quizás no quisieran destruir una generación, más bien un modo de vivir con bastantes libertades, pero sí, hay algo de eso", aprueba Roland Béhar. Este catedrático de español que todavía no ha hablado con sus alumnos tiene previsto hacerlo este miércoles durante "el tiempo que haga falta". "No les voy a hacer grandes discursos. Pero sí que les voy a incitar a hacer lo que hacían antes, es decir, a salir a los bares, a los teatros. ¿Por qué? Precisamente porque es por eso que nos golpearon. Si lo dejamos de hacer, si vivimos con miedo, habrán ganado". 

Juliette Seguin, una estudiante en historia le da la razón. "Desde luego que no voy a cambiar mi modo de vida, porque es lo que los terroristas quieren. Quieren meternos miedo, encerrarnos en nuestras casas. Hay que hacer exactamente lo contrario para demostrarles que no acabaron con nosotros", afirma la veinteañera.

Sin embargo, la catedrática Eva Touboul tampoco se olvida del hecho de que al menos cuatro de los terroristas también eran jóvenes franceses. "No sé lo que hicimos mal en el transcurso de su educación, pero en algo fallamos. Por supuesto que la enseñanza no puede hacerlo todo, pero tampoco supimos darles el sentimiento de que formaban parte de la misma sociedad que nosotros. Y esto duele también".

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