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“Dicen que marcar un gol es como un orgasmo y es mentira. Pero cuando marqué el 2-0 me estallaban las venas”

Corazón tan rojiblanco. El mito del Atlético de Madrid, Paulo Futre, repasa su carrera. El jugador portugués recorrió media Europa encontrándose con presidentes de todo tipo. Desde Jesús Gil a Bernard Tapie, pasando por Silvio Berlusconi. En esta entrevista recuerda sus mejores momentos como el gol que marcó en la final de la Copa del Rey ante el Real Madrid.

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Futre nunca quiso ser entrenador: "Sería repetir la misma vida que llevé de jugador, sin ninguna estabilidad". Foto: Miguel Ribeiro

Futre nunca quiso ser entrenador: "Sería repetir la misma vida que llevé de jugador, sin ninguna estabilidad". Foto: Miguel Ribeiro

Lisboa amanece envuelta en luz blanca y lluvia. Al cruzar el puente Vasco da Gama sobre el río Tajo para llegar a Alcochete, un pueblecito marinero, el sol aparece. Paulo Futre (Montijo, Portugal, 1966) nos recibe en un restaurante vacío, un escenario digno de Fellini. Sonriente y afable, le pregunto por qué los ídolos a menudo se muestran fríos e indiferentes con los aficionados.

“Hay que atender a la gente, a los niños, pero antes de un partido clave tampoco puedes estar una hora firmando autógrafos. Lo que importa es ganar al día siguiente. También hay un pequeño porcentaje de gente que quiere hacer daño. Un simple insulto te puede alterar. Cristiano ha escuchado en su propio país gritos de Messi, Messi, y eso le ha dolido mucho, seguro”.

Tu padre jugaba al fútbol.

No fue profesional pero jugó en segunda en el equipo del pueblo, Montijo, casi toda su carrera. Mi infancia la pasé con un balón debajo del brazo, era el mejor regalo que me podían hacer. En mi primer partido con el Sporting, con 11 años, marqué siete goles. Recuerdo que en el traslado al lugar del partido nadie me habló, los niños son crueles, yo venía de un pueblo, ya había un grupo hecho y, como vienes de fuera no me dirigieron la palabra, es el abc del vestuario. Al final del partido era el líder. Desde niño empecé a marcar diferencias, en cada categoría.

¿Cómo era el desplazamiento hasta Lisboa?

Ahora el barco tarda media hora, entonces hora y cuarto. Desde casa hasta el estadio eran dos horas y media. Entrenaba y llegaba a casa cerca de la medianoche. A los 14 ya jugaba en las divisiones inferiores de la selección. Pasaba cinco o seis meses al año en hoteles, así que ir al colegio era imposible. Mi padre intentó siempre que no lo dejara.

Con 17 años debuto con el Sporting y seis meses después con la absoluta.

Sigo siendo el más joven en haberlo hecho. Hace ya 30 años.

Luego llegó el Oporto.

Todavía era juvenil. Mi salida de aquí fue a escala nacional como el traspaso de Figo al Madrid -asunto éste en el que tuvo un papel principal, a cambio de una abultada suma de dinero para convencer a un asustado Figo de que aceptara la oferta de Florentino. La diferencia es que yo tenía 18 y Luis 26. Fue una decisión difícil, pero de las más acertadas de mi vida. Allí me acogió el presidente Pinto Da Costa y con él aprendí las reglas. Yo era un atrevido, un rebelde, un niño, y él me enseñó a no sobrepasar los límites. Jugué allí tres años pero siento un calor enorme cuando estoy en el norte del  país. Aunque les insisto en que soy del Sporting, incluso candidato a la presidencia en las últimas elecciones del club, a ellos les da igual. El gran artífice fue el presidente, él me puso detrás a los mejores jugadores de Portugal, más tarde fichó Madjer, un fenómeno. Y ganamos la Copa de Europa al Bayern.

Con 21 años era figura mundial y con 30 casi un ex-futbolista. A los 47 gasta Futre hechuras de pez gordo. Se sabe un astro y a su alrededor gravitan planetas de ayudantes, camareros, cigarreras y telefonistas. Interrumpe la conversación a su antojo, con delicada educación portuguesa. Un café, otra llamada, un bocado a lo que parece un filete de tocino chorreando grasa. "Esto, a los españoles no les gusta", ríe. Portugal y España tuvieron durante décadas vidas paralelas: grandes éxitos en categorías de formación y ningún título importante con la selección absoluta. ¿Qué le faltó a Portugal para dar el salto que sí dio España?

Tuvimos la gran oportunidad en aquella final de la Eurocopa de 2004 contra Grecia, seguramente el día más triste del fútbol portugués. Portugal ha estado en todos los últimas grandes competiciones. Tenemos al mejor jugador del mundo y con él y un poco de fortuna, podremos ganar. En la última Eurocopa perdimos contra España en los penatis, fuimos mejores durante los 90 minutos y ellos en la prórroga. Pudimos llegar a la final y haberla ganado, falto suerte. Nadie esperaba que España ganara la Eurocopa con Aragonés. Allí querían “matar” al Sabio, por el asunto de Raúl. El creyó en aquellos jugadores, fueron ganando confianza y no han parado hasta hoy. Del Bosque ha sido muy listo. Otro entrenador con más ego hubiera dicho, "lo cambio todo". Vicente fue muy inteligente, siguió con la misma base y hoy se están recogiendo esos frutos, pero Luis fue el gran creador de ésta selección de España.

"Mi ritual, antes de cada partido era encerrarme en el baño y gritar "por mí, por Portugal y por Mario Soares"


En el año 87 llegas al Atleti.

Tenía un preacuerdo con el Inter pero las negociaciones eran duras, discutíamos hasta la última lira. Cuando apareció Gil, que era candidato a la presidencia, las cláusulas habían cambiado, ya no costaba 200 sino 400 millones. Fue una gran operación, para mí, para el Oporto y para Gil, que ganó las elecciones.

El ejército portugués casi trunca esa operación.

La ‘mili’ era obligatoria en Portugal y tenía que incorporarme, ello suponía un problema para fichar por un equipo extranjero. Durante las negociaciones, como los equipos no conocían el asunto no decíamos ni palabra. El presidente Pinto me aseguraba que él lo arreglaría. Es la historia de dos buenos malandros, dos pícaros. Cuando se publicó la noticia con aquellos titulares "Gil engañado por los portugueses" yo ya había hablado con mis abogados, me declararía prófugo y no volvería a mi país durante 5 años. Debía presentarme en el cuartel en septiembre. Hablé con el embajador, “Tienes que dar ejemplo a los portugueses”, Y yo: “Ni hablar, voy a dar ejemplo pero triunfando aquí”. Días después me dice mi abogado que el Presidente de la República quiere hablar conmigo, temía ser extraditado. Me puse al teléfono y Mario Soares me dice: “Tienes que hacer la mili”. Así que monté una escenita telefónica, llorando, “no Presidente, yo quiero triunfar aquí para ser un ejemplo. Dame dos días”. Pasado ese plazo recibí una nueva llamada, “Paulo, tienes el honor de ser el  primer portugués al que le vamos a aplicar una nueva ley de deportistas de élite”. Me dieron ocho años de prórroga. Entonces lloré de verdad. Mi ritual, antes de cada partido era encerrarme en el baño y gritar "por mí, por Portugal y por Mario Soares". (Se rié Futre). En diciembre de ese año vino a Madrid Mario Soares y fui a la embajada con muletas. Ya me había consagrado, habíamos ganado 0-4 al Madrid y era el 2º mejor jugador del mundo. Gané el balón de plata. El de oro fue para Gullit, perdí por 8 puntos. El último en votar fue un periodista portugués que lo hizo por Gullit y por el Buitre. ¡Acojonante!

¿Cómo te recibieron?

No fue fácil dentro del vestuario, tenía 22 años era un portugués en una plantilla con 23 españoles, algunos internacionales. Gil me hizo capitán seguramente de forma injusta. No se le podía discutir nada. Pero siempre di la cara por mis compañeros, y si en España se me respeta es también por mis enfrentamientos públicos contra Gil, no solo por aspectos políticos también por defender al club. Yo saltaba siempre, daba la cara por el entrenador o el utillero, no tenía miedo. Cuando llegó Schuster las cosas mejoraron, pero al principio estaba solo. Gil bajaba al vestuario y decía a cualquiera, “mañana no te pago, a la puta calle”, actuaba así en la derrota y también en la victoria. Una locura. En el vestuario había 3 puertas, y si se abría la suya ahí me ponía yo, como un torero en albornoz…”tranquilo presi”, mientras él furioso buscaba a su víctima, yo me interponía.

A pesar de todo Gil adoraba a Futre incluso llegó a construir una capilla para casarle y bautizar a sus hijos. No lo consiguió.

Había tenido problemas con la Iglesia en Portugal por convivir con mi pareja sin estar casado. Me atacaron por ello. Luego fui padre soltero. Entré en conflicto con la Iglesia. Ahora puede parecer normal. Continúo soltero. El amor no se firma como un contrato. La prensa y la Iglesia portuguesa querían matarme, un padre soltero que no bautiza a sus hijos. ¡Toma!.

Con el Atleti conseguiste dos copas del Rey.

Contra el Mallorca y contra el Madrid. 91 y 92. Esta no la cambio por la Champions. Dicen que un gol es como un orgasmo, y es...mentira. (Risas). Pero al marcar el 2-0 me estallaban las venas del cuello. Si existe el éxtasis en la vida, lo alcancé ahí, entré en otra dimensión. No lo sé explicar. Aquella final la empezamos a vivir 3 semanas antes

¿Es cierto que Aragonés os dijo que había que ganar porque estaba “hasta los cojones” de perder en el Bernabéu?

Yo recuerdo otra cosa. A mí me despertó a las 2 de la mañana, ya lo había hecho otras veces. Pum, pum, abre, soy el míster, -¿a ésta hora? -¿Te acuerdas de la humillación a Pizo Gómez? (Años antes, varios jugadores de Madrid se mofaron de Pizo diciéndole que era su ídolo y pidiéndole autógrafos en un semáforo) –Claro.  Pues hoy ha llegado el día de vengarle, ¡Mírame a los ojos, no me puedes fallar ni a mí, ni a tus compañeros!. Desde hoy Usted va a ser el ídolo de Michel, Hierro, Gordillo y compañía para toda la vida. Luis era el gran motivador. Un genio. Ganar el Madrid era lo máximo. Yo hice una promesa en otra ocasión, si ganábamos en el Bernabéu daría diez vueltas al estadio por fuera. Victoria 0-3. Terminé a las 6 de la mañana. No podía ni andar.

¿Por qué abandonaste el Atleti?

No había un duro. Hacía 8 meses que no se pagaba, el club estaba embargado, mi salida era la única solución. Nos inventamos una pelea y así salí al Benfica. RTP, la televisión pública de Portugal pagó 600 millones cash, una barbaridad entonces.

Pero por poco tiempo. Comienzas un periodo de errante navegante.

Si, fiché por el Olympique de Marsella, el campeón de Europa. Cuando se iba a jugar la Intercontinental pillaron a un tío con el dinero en el jardín de un partido de mierda que habían amañado el año anterior. Teníamos un equipazo pero hubo que salir corriendo. Caos total. Recuerdo un día que el entrenador, un hombre de la casa, nos da la charla técnica y de pronto aparece Tapie, el presidente. Se quita la chaqueta y empieza a dar instrucciones. ¡Era el verdadero entrenador! Cuando no pudo seguir viajando con el equipo, hacía los cambios viendo la tele. Los jugadores tuvimos que salir a buscarnos la vida pero a precio de saldo.

Entonces apareció el Real Madrid.

Negociamos y con el contrato listo para ser firmado, al final de la última reunión por primera vez pienso en la familia, en mis hijos; no podría volver con ellos a Madrid y al Madrid. Regreso al salón y suelto, "Lo siento señores, no voy a firmar". Me querían asesinar. Soy el único jugador del mundo que con el contrato en la mesa he dicho que no al Madrid".

Y marchas a Italia.

Si, a la Reggiana. En el debut marco gol y luego, tras una entrada brutal, llega la lesión. Fue un periodo complicado, me dijeron dos meses y nunca me recuperé. Con mucho esfuerzo soy el primer portugués que llega al Milan.

Berlusconi.

Siempre me trató bien, entendía de fútbol, pero la imagen que recuerdo de él es llegando en helicóptero a Milanello. Tras tres operaciones, por las que me libré de la mili, llego al West Ham inglés, no sabía si por unos semanas o unos meses, porque ya no estaba para muchos trotes. La retirada parecía cerca. En un programa de tv, Gil me impone la insignia de oro y brillantes y me ofrece ser el “Embajador” del Atleti. Acepto y unos días después, tras una comilona estoy viendo un entrenamiento, fumando, como ahora y Antic me dice ¡venga! falta y uno, me visto de corto, juego con los reservas y seis meses después de no tocar un balón marco dos goles. En el vestuario recibo la llamada de Gil. Portugués, ¿qué has hecho? Así fue mi regreso al Atlético, año 97. Jugué apenas 179 minutos, con el nº 12, el de la afición. Acabé en Japón, en Yokohama Fluhels. En el avión me corté el pelo, para no tener ganas de volver a jugar. Me corté la coleta, como los toreros. Estaba preparado para colgar las botas. Desde entonces he hecho de todo un poco y mucha tele. Empecé con Al Jazeera y ahora colaboro en tres programas a la semana.

También publicidad.

Y actor de telenovela, ganamos un Emmy. Interpretaba a un director deportivo, hacía de mí mismo. Ahora en Portugal soy más popular que cuando jugaba.

Pero fuiste el primer futbolista portugués en triunfar en fuera.

Teníamos una mentalidad muy frágil. Antes de fichar por el Atleti hice pruebas para la Juve, y me hacían test psicológicos, me preguntaban de todo, hasta cuántas veces  practicaba sexo, qué comía. Los futbolistas portugueses teníamos mala fama.

¿El futbolista que más te ha impresionado?

Chalana. MI referencia, mi ídolo. Y Diego, claro, Maradona para mi generación ha sido lo máximo. Un jugador increíble.

¿Entrenadores?

Artur Jorge, desde luego, Aragonés y Capello.

Atardece sobre el Tajo, Futre recupera la bola y sigue hablando de fútbol ¿Nunca te tentaron los banquillos?

No, sería repetir la misma vida que llevé de jugador, todo el día arrastrando maletas, sin ninguna estabilidad. Hoy pierdes dos partidos y estás en la calle. Prefiero una vida más estable y hacer cosas al margen del fútbol. Me han ofrecido entrar en política. He renunciado después de unas noches sin dormir. No diré el nombre del partido, lo prometí. Pero el problema del desempleo es tremendo. Hay que intentar hacer algo más. Siento más la crisis en España que aquí. Veo también que el pueblo portugués, que es tranquilo y no se mete en líos está saliendo a la calle, gente en las manifestaciones, algo que era impensable hace poco, sacando un orgullo que parecía olvidado. No pasaba algo así desde la revolución de los Claveles. En el parlamento recientemente unos invitados interrumpieron el discurso del presidente cantando “Grândola, Vila Morena”, la canción emblema de 1974.


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