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ENTREVISTA | Diegu San Gabriel

"La lucha electoral nunca puede estar por delante de la lucha social"

"La historia ha demostrado que los derechos se consiguen en la calle y se ratifican en los parlamentos", recuerda el portavoz de Cantabria No Se Vende

Este movimiento, que agrupa a medio centenar de colectivos sociales de Cantabria, celebra este sábado un encuentro para definir su futuro

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Diegu San Gabriel, portavoz de Cantabria No Se Vende, durante una protesta.

Diegu San Gabriel, portavoz de Cantabria No Se Vende, durante una protesta.

El historiador Diegu San Gabriel (Argoños, 1985) participó hace cinco años en el grupo promotor de Cantabria No Se Vende (CNSV) y actúa como portavoz de este movimiento que agrupa a medio centenar de colectivos sociales de la comunidad autónoma. Tras un época en la que la reivindicación y la protesta fueron la tónica general en las calles, la movilización parece haber perdido fuelle, lo que obliga a una refundación o a una disolución de esta plataforma, que celebrará este próximo sábado en el Espacio Argumosa de Torrelavega un Concejo Abierto en el que definirá su futuro. "Pese a que se ha vaciado la calle, tenemos el récord absoluto de sanciones mediante la Ley Mordaza", recuerda San Gabriel, que insiste en que "l a represión solo se puede vencer  a través de la organización y la resistencia".

¿Cómo nació Cantabria No Se Vende?

La gestación fue en 2011, antes de la explosión del 15M. Somos gente diversa, de distintos colectivos sociales, que coincidíamos en la calle, en las movilizaciones. Nos unía un espíritu de unir luchas. Nos empezamos a reunir para dar forma a una iniciativa en ese sentido. Después de un primer borrador, fuimos a casi 40 encuentros con todo el panorama asociativo de Cantabria, por todas las comarcas, picando en todas las puertas y entrando en todas las asambleas para presentar esa propuesta inicial con la intención de que los diferentes colectivos la sintieran como propia y la pudieran matizar, enriquecer y dar forma entre todos.

Cuando estaba a punto de salir a la luz, surgió el 15M, que compartía algunas de las cosas que nosotros buscábamos y defendíamos, como el asamblearismo, el apartidismo, un lenguaje asumible por la sociedad… Hicimos hibernar la propuesta, entendiendo que no tenía sentido en ese contexto, o mejor, que había surgido algo espontáneamente que se parecía mucho a lo que habíamos pensado. Cuando llega el reflujo del 15M decidimos retomar la iniciativa y tuvimos la suerte de que como algunos de los que estábamos en ese grupo promotor habíamos participado en las asambleas del 15M, mucha de la gente que conocimos ahí se unió y empezó a participar en Cantabria No Se Vende.

¿Está cerca el final de Cantabria No Se Vende tal y como fue concebido?

Vamos a verlo. Tendrá que decidirlo la gente. Desde el grupo de coordinación sí que hemos hecho balance y estamos contentos con algunas de las cosas que hemos conseguido, pero reconocemos que el objetivo último, que era agrupar a diversos movimientos sociales para poder ilusionar a la sociedad en la construcción de otra Cantabria queda lejos. Hemos abierto un proceso de debate en los últimos meses, no solamente de forma interna, sino también con asambleas abiertas, de donde han salido aportaciones y propuestas. Una de ellas es abandonar el proyecto por imposible, pero se votará y decidirá entre todos.

¿Cuál cree que ha sido el mayor logro en estos cinco años de coordinación y movilización?

El primero es muy sencillo, y es que gente diversa que hacía cosas interesantes pero que no se conocía haya entrado en contacto. Haber creado esas sinergias ya es de por sí un éxito. Hemos procurado construir un referente de opinión en la sociedad cántabra que fuera específico de nuestra tierra, que estuviera pensado desde Cantabria y para Cantabria. A veces se echaba en falta en la realidad social. También hemos tratado de fomentar mucho la participación y hemos intentado recuperar el movimiento folk, que en los años 80 y 90 estuvo vinculado a la reivindicación ecologista y cultural.

¿Y cuáles son las 'derrotas' más dolorosas en todo este tiempo?

Sentimos como una derrota propia el actual panorama socioeconómico de Cantabria, que es desolador. Las últimas informaciones que apuntan a que uno de cada cuatro trabajos que se destruyen en el Estado español son en Cantabria deja un escenario demoledor. Las élites han impuesto un modelo de desarrollo que se basa en el turismo. Además, en una especie de sucedáneo turístico, porque ni siquiera ponen en valor nuestra potencialidad turística en el ámbito paisajístico, natural o cultural, sino que se apuesta por el sol y playa, donde no podemos competir con Benidorm, o de Feria de Abril, donde no podemos competir con Sevilla.

Con el modelo actual, lo raro sería que los datos en Cantabria fueran diferentes a los que estamos teniendo: líderes en destrucción de empleo, en precariedad laboral, insostenibilidad, aculturación…

Exportamos mano de obra barata, miles de jóvenes tienen que abandonar Cantabria cada año y supongo que acabemos por exportar celulosa de eucalipto, porque aquí no nos da para escribir todo lo que se ha plantado… El modelo ahora parece que es importar basura de otras comunidades. Vemos cómo nuestra clase política nos vende como un territorio con bajos salarios y escasa conflictividad laboral, esto es, escasa defensa de nuestros derechos. Con el modelo actual, lo raro sería que los datos en Cantabria fueran diferentes a los que estamos teniendo: líderes en destrucción de empleo, en precariedad laboral, insostenibilidad, aculturación…

En ese panorama, el papel que pretendía jugar Cantabria No Se Vende parece más necesario que nunca…

Estoy totalmente de acuerdo. Aunque las luchas sectoriales son quizás las que tienen más éxito, porque enganchan a la gente en la reivindicación contra alguna amenaza concreta, creemos que no son suficientes en sí mismas. Ese trabajo subterráneo de concienciar, de movilizar, de informar, que es muy importante, no puede tirarse por tierra una vez conseguido el objetivo específico. No podemos dejar que caiga en saco roto, porque esas amenazas no están aisladas, sino que responden a un modelo. Si no te hacen el superpuerto de Castro o el fracking, te hacen el superpuerto de Laredo o un vertedero químico en Valderredible. Los que mandan no van a renunciar a expoliarnos para aumentar su tasa de beneficio. O los echamos o solo estamos poniendo tiritas en una herida muy grande.

Sin embargo, la desmovilización social es cada vez más evidente en las calles. ¿A qué lo achaca?

Sí, está claro. Lo conocemos bien porque nos hemos reunido con muchos colectivos que, por lo general, están desmovilizados, descoordinados, haciendo la guerra por su cuenta y hundidos en una depresión. Probablemente, tras un periodo de movilizaciones muy importantes, como ocurrió en 2013, se tuvo la impresión de que esas movilizaciones no estaban consiguiendo sus objetivos. Había un Gobierno de España que hacía oídos sordos y hubo una absoluta incapacidad para construir alternativas. A partir de ahí, se ha confiado mucho en la vía electoral, dejando vacías las asambleas. Se ha apostado por la conquista de las instituciones. Además, en Cantabria hay escasa calidad democrática. Por ejemplo, no hay movilizaciones fuera del eje Santander-Torrelavega-Castro Urdiales. El medio rural es un agujero negro, como el que se queda en una etapa predemocrática. Y pese a que se ha vaciado la calle, tenemos el récord absoluto de sanciones mediante la Ley Mordaza. También hemos caído en el seguidismo de lo que se hace en Madrid y parece que estemos a la espera de que nos digan cuándo y qué hay que hacer.

¿La presencia en las instituciones no es suficiente?

Siempre hemos creído en la participación institucional como un reflejo de lo que ocurre fuera de las instituciones, como un medio y no como un fin en sí mismo. A lo largo de la historia se ha demostrado que los derechos se consiguen en la calle y se ratifican en los parlamentos, nunca al revés. El éxito electoral que han obtenido algunos partidos con los que compartimos objetivos, como Castro Verde o ACPT, es el reflejo de un movimiento vecinal a pie de calle. Han hecho un gran trabajo que después ha obtenido su espacio en las instituciones. La lucha electoral nunca puede estar por delante de la lucha social.

¿El tejido social de Cantabria es mejor ahora que antes del nacimiento de CNSV?

Puede que estemos volviendo al momento previo al nacimiento de toda esas mareas y movimientos potentes que hubo en 2012, 2013 y 2014. Estamos viviendo el reflujo de todo aquello. Algunos están esperando a ver qué da de sí la vía electoral. Sin embargo, los propios participantes en la vía electoral son conscientes de que, sin la lucha en la calle, tienen muy pocas oportunidades. La represión solo se puede vencer a través de la organización y la resistencia.

La LOMCE sigue en vigor, igual que los recortes laborales, sanitarios o en la Ley de Dependencia que se han aplicado a lo largo de la última legislatura. Los motivos que sacaron a la calle a los cántabros siguen aplicándose y parecen asumidos por los ciudadanos. ¿No hay memoria ni conciencia crítica?

Eso parece a veces. Es muy difícil mantener una movilización sostenida sin que haya una organización fuerte detrás. La gente sale a la calle y espera que al día siguiente se derogue la ley contra la que ha protestado. Los cambios requieren de una mayor organización detrás y de un poso que va cambiando la sociedad. El problema es que no tenemos tiempo. Las familias siguen siendo desahuciadas, sigue existiendo esa amenaza, igual que se sigue destruyendo el medio ambiente o se perpetúa la pérdida cultural que estamos sufriendo a todos los niveles. Eso es muy difícil de revertir y no tenemos tiempo que perder.

¿Ha faltado apoyo para sacar adelante el proyecto y los objetivos fundamentales de CNSV?

Lo que tememos es que sientan eso los que encarnan en las instituciones esa indignación, que no vean el apoyo ni sientan la presión para que mantengan el nivel que les exigimos en nuestras reivindicaciones. En el grupo de coordinación de CNSV lo que notamos es falta de relevo. Se ha relegado el trabajo. Es verdad que los propios colectivos, por su propia debilidad interna para llevar su día a día, no tienen recursos que derivar hacia este frente común. No ha habido demasiada implicación y quizás no hemos sabido incorporar a más gente. Coordinar 50 movimientos sociales, si se hace bien, es un trabajo bastante arduo. Además, somos parte de la sociedad cántabra, y como tales, sufrimos su realidad, y del grupo de coordinación ha habido varios compañeros que se han tenido que ir fuera para trabajar…

Este sábado 7 de mayo celebran el Concejo Abierto de Cantabria No Se Vende y un foro con distintos movimientos sociales. ¿Es un fin de ciclo o un relanzamiento del colectivo?

Hay dos partes. Por la mañana vamos a decidir si se refunda CNSV marcándose unos objetivos factibles o adaptándolos a la realidad, o bien desaparece como tal. A parte de eso, haremos una comida en común con música tradicional en el Espacio Argumosa de Torrelavega y organizaremos un foro común de distintos movimientos sociales cántabros, que creemos que puede tener continuidad en años venideros en distintas comarcas. Estará la PAH, el Colectivo de Estudiantes, el sindicato UGAM, la Asamblea contra el Fracking, ARCA, STEC… Vamos a presentar nuestro trabajo y vamos a buscar fórmulas para darnos apoyo mutuo. Está todo el mundo invitado a participar.

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