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PP y Ciudadanos abren la puerta a reformar la Constitución pero rechazan cuestionar la soberanía nacional

PP y Ciudadanos abren la puerta a reformar la Constitución pero rechazan cuestionar la soberanía nacional

Es una imagen bien conocida, clásica en el humor gráfico; tanto como la de quien se sienta sobre la rama del árbol que está podando. Me refiero a la persona que se pone a pintar el suelo de una habitación empezando desde la puerta, encontrándose al final arrinconado en una esquina, sin posibilidades de salir a no ser que estropee con sus pisadas el suelo recién pintado.

La firma del acuerdo entre PP y Ciudadanos ha dejado definitivamente al PSOE en la situación del personaje del chiste gráfico. Tras las elecciones del 26 de junio el Comité Federal del PSOE tiró de brocha (gorda) para pintar sobre su propio espacio tres 'noes' como tres luceros, sin darse cuenta de que con ellos empezaba a ponerse en dificultades a sí mismo: 'no' a facilitar por activa o pasiva la investidura de Rajoy, 'no' a un pacto de gobierno con Unidos Podemos, 'no' a unas terceras elecciones. Tres brochazos incompatibles que, tal vez, en caso de ser ejecutados por algún genio del surrealismo hubieran podido delinear una obra maestra, pero que trasladados al ámbito de la política eran lo más parecido a una monumental chapuza. Un imposible.

La escenificación del acuerdo PP-Ciudadanos, con esa inteligente aunque cínica afirmación de Rivera de que “100 de las 150 medidas del acuerdo habían sido pactadas la legislatura pasada con Pedro Sánchez” (¿alguien lo va a comprobar?), han sido el brochazo definitivo que ha arrinconado al PSOE en la esquina de esa habitación cuyo suelo ha ido pintando empezando desde la puerta que constituía su única vía de salida: votar 'no' a Rajoy en la primera sesión de investidura y abstenerse en la segunda; y hacerlo, como ya expuse en estas mismas páginas el pasado 8 de julio, no por responsabilidad, ni por sentido de Estado, ni por facilitar la gobernabilidad, sino para que de una vez pueda hacerse oposición institucional desde la izquierda con el objetivo de revertir todas las medidas antisociales adoptadas por el PP durante su mayoría absolutista. Porque (me disculparán si me repito), el problema no es que desde las elecciones del 20 de diciembre no haya gobierno, sino que ya llevamos ocho meses sin oposición.

¿Qué va a hacer ahora el Comité Federal del PSOE, colgado como está de su propia brocha? Una opción es tirar de coherencia ahora desgraciadamente estéril, gritar “¡no nos doblegarán!”, meter la brocha hasta el mango en el bote de pintura y terminar de cubrir con ella hasta el último rincón de la habitación, confiando en que a las terceras elecciones vaya la vencida. Más bien pienso que en este escenario lo que vendrá será, de nuevo, la 'derrotada'. Otra opción es desandar los pasos dados y abstenerse para que los votos de PP, Ciudadanos y Coalición Canaria permitan gobernar a Rajoy; pero, en la pintura fresca, se notarán demasiado las pisadas y será imposible explicar por qué no se tomó esa decisión el mismo 27 de junio, desde la plena autonomía. No veo más opciones. De Guatemala a Guatepeor, o de Málaga a Malagón.

Porque lo siento, pero cuando escucho a dirigentes de Podemos declarar que el fracaso de Rajoy en la sesión de investidura del próximo martes es una buena noticia porque abre la posibilidad de un acuerdo alternativo de gobierno PSOE-Unidos Podemos se me cae el alma a los pies. Una cosa es hibernar en agosto para pasar de brigada de asalto a partido político comme il faut (dicho esto con toda la melancolía del viejo tango de Arolas y Clausi: “Luna, farol y canción, dulce emoción del ayer…”) y otra obviar que, en las nuevas condiciones de la sociedad y la política en España, en estado de nueva transición, la siempre difícil convivencia entre posiciones de izquierda debe superar dificultades extremas.

Lo urgente es establecer relaciones entre las diversas hipótesis de la izquierda que permitan, mejor más temprano que tarde, alcanzar acuerdos estratégicos que permitan plantar cara a la deriva neoliberal que, en España, representa el PP.

Para empezar, hoy tenemos dos izquierdas, una tradicional y otra nueva, hablándose de tú a tú: nada que ver con la muy desigual relación que en el pasado se daba entre PSOE e IU. Pero hay un PSOE replicante que aún se confía en que este escenario sea coyuntural y la “hipótesis Podemos” se pierda en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Por su parte,  Unidos Podemos incorpora en su seno a una izquierda tan tradicional como la socialista, pero visceralmente anti-PSOE, nutrida en las luchas contra la OTAN, la Unión Europea y todas las reformas “modernizadoras” impulsadas por Felipe González. No hay acuerdo entre cúpulas que permita superar la distancia cósmica que, hoy por hoy, existe entre las culturas políticas de ambas izquierdas. Que, sin embargo, están condenadas a entenderse. Pero este entendimiento no surgirá por decreto, sino a través de un trabajo cotidiano que se esfuerce por superar prejuicios y encontrar espacios de encuentro real, desde la práctica militante.

En un reciente libro (“¿Qué hacer? El capitalismo, el comunismo y el futuro de la democracia”, Edhasa, 2016) dos destacados filósofos franceses, Alain Badiou y Marcel Gauchet, ubicados respectivamente en el comunismo y en la socialdemocracia, tras discutir largamente sobre la situación del mundo y sus posibilidades de transformación, concluyen de la siguiente manera:

BADIOU: Sin el relanzamiento de la hipótesis comunista, la hipótesis reformista defendida por usted no tiene probabilidad alguna de realizarse. […] En la práctica, no irá a ninguna parte sin mí. De hecho, ¡me propongo ayudarlo!

GAUCHET: ¿Quiere hacerme decir que el reformismo consecuente necesita el respaldo de la hipótesis comunista? Admito sin inconvenientes que todas las energías son necesarias para establecer un control político de la mundialización neoliberal. […] Considero por consiguiente que es preciso tenerla en cuenta. Pero, de su lado, al hacer de la hipótesis comunista un aliado necesario del realismo democrático, usted arroja un salvavidas de plomo a su radicalismo. ¡Es una hermosa confesión! Que nos permite sellar el pacto sugerido por usted”.

Esta es la tarea más urgente que debemos afrontar las mujeres y hombres que nos reconocemos como habitantes del pluriverso de la izquierda: establecer relaciones entre las diversas hipótesis de la izquierda que permitan, mejor más temprano que tarde, alcanzar acuerdos estratégicos que permitan plantar cara a la deriva neoliberal que, en España, representa el PP.

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