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Ser izquierda, siendo educador/a

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La inminencia de las elecciones generales del 20D está borrando de la actualidad informativa toda cuestión no susceptible de ser admitida en programa político o en twitt mediático. Estamos asistiendo a una borrachera de datos económicos, análisis estadísticos y propuestas que pasará posiblemente sin dejar demasiada huella. Algunos, sin embargo, apostamos porque esta nueva cita electoral se convierta en una oportunidad desde la que analizar hechos anteriores y reivindicar planteamientos de futuro.

A una semana escasa de la convocatoria dominical, conviene detenerse en las consecuencias de la gestión del partido de Rajoy durante estos cuatro años. La primera conclusión, sin ambages, es que las decisiones políticas adoptadas por el Partido Popular han allanado el desembarco –con intención de perpetuarse- de las ideas conservadoras en este país.

Visto desde una perspectiva de izquierda, se ha perdido, momentáneamente, la lucha por resistir la avalancha neoliberal que pretende convertir España en un mercado desregulado. Y una de sus primeras víctimas está siendo la educación, convertida desgraciadamente en el baluarte ideológico del nuevo conservadurismo español.

Y perderemos esa batalla definitivamente si –como progresistas, como profesionales de la educación preocupados/as- no somos capaces de indignarnos ante el panorama que con descaro nos presentan como principales dogmas de la “Nueva Educación”: una Escuela transformada en un mercado competitivo en pelea por un alumnado cada vez más esquivo, un sistema educativo solo preocupado en incentivar el control centralizado con exámenes más rigurosos, una vuelta inequívoca a lo más rancio de la cultura tradicional, una puerta abierta a la segregación de género y un modelo de valores sociales en torno a la Religión, tal y como nos advierte con su ensayo estimulante Michael Apple *.

Y contribuiremos al asentamiento de estos principios conservadores, si no somos conscientes de la batalla profunda que se está librando en el mundo educativo, en particular y en el ideológico, en general.

Amin Malouff, Tony Judt y otros destacados pensadores, no tienen duda: la última revolución ideológica la han llevado a cabo las élites burguesas más conservadoras desde los años 70 del siglo pasado; primero en la Gran Bretaña de Thatcher, más tarde en los EEUU de Reagan, desde los años 80, en Europa. Mientras tanto, la progresía europea, incrédula, no acababa de entender que se estaba diseñando paso por paso el desmoronamiento del estado del bienestar, porque el ataque a sus pilares iba a llegar más tarde: con el cambio de siglo.

Y es cierto que desde sectores progresistas de la educación española y vasca hemos salido al paso y nos hemos movilizado en cuanto se comprobó que el furor neoliberal llegaba con la intención de quedarse por largo tiempo.

Pero no es menos cierto que hemos sido lentos (me atrevería a decir que excesivamente lentos) en aceptar que la tan denostada crisis del 2008 no era una más de las cíclicas que están asumidas desde el sistema capitalista, sino que nos encontramos, ante una crisis sistémica que supone un vuelco total a los acuerdos internacionales suscritos tras la II GM para consolidar espacios de crecimiento económico, social y pacífico bajo el paraguas de sistemas políticos democráticos.

La LOMCE, estilete neoconservador en el corazón educativo, ha supuesto una respuesta social y ciudadana contraria a su implantación y desarrollo. Tal respuesta, contundente y sin precedentes, ha obligado a una propuesta unívoca de toda la oposición política de derogación inmediata tras las elecciones, si no vuelve a triunfar el Partido Popular. Será entonces cuando la comunidad educativa deberá exigir el cumplimiento de lo pactado al o los partidos que conformen el nuevo gobierno de la Nación.

desde una perspectiva de izquierda, deberán de darse nuevos pasos que desactiven el camino iniciado por la política neoliberal.

Pero, desde una perspectiva de izquierda, deberán de darse nuevos pasos que desactiven el camino iniciado por la política neoliberal. Por ejemplo, en lo que respecta a la recuperación inversora en educación, (diezmada en un preocupante 4,7% actual en el Estado y comprometida su reducción con la UE hasta un 3,9% futuro, muy lejos del 2008), en la devolución de los recortes laborales (reducciones horarias, incapacidades transitorias,…) y en la construcción, desde la educación, de una sociedad cada vez más crítica, solidaria y responsable.

Decía Paulo Freire que “si es verdad que la ciudadanía no se construye apenas con educación, es verdad que sin ella no se construye ciudadanía”.

No olvidemos nuestro doble empeño, como profesionales y como progresistas el próximo día 20, porque está en juego nuestro compromiso con la comunidad educativa y con la propia sociedad.

* Apple, M. “Educar como Dios manda. Mercados, niveles, Religión y desigualdad”. Paidos, 2002

 

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